16° Domingo del Tiempo Ordinario

P. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Mt 13, 24-43

El texto desarrolla la naturaleza del reino de los cielos. El relato se divide en las partes siguientes: 1) parábola de la buena semilla con la cizaña (vv. 24-30); 2) parábola de un grano de mostaza (vv. 31-32); 3) parábola de la levadura (v. 33); 4) Jesús habló en parábolas a la gente (vv. 34-35); y, 5) interpretación de la parábola de la buena semilla con la cizaña (vv. 36-43). 

1) Parábola de la buena semilla con la cizaña (vv. 24-30). El v. 24 introduce la parábola, dirigida a los discípulos y a las multitudes. Este induce a los oyentes a establecer conexiones de la realidad con el reino de los cielos. Los vv. 25-26 establecen estas conexiones. Se deja ver en seguida que un enemigo sembró cizaña entre el trigo. La cizaña y el trigo crecen juntos. Los vv. 27-30 presentan al sembrador. Este no es un campesino que tiene un terreno malo, sino un rico padre de familia con esclavos y buenas tierras. Los esclavos preguntan al amo sobre la aparición de la cizaña. El amo declara que un enemigo ha hecho esto, pero prohíbe a los esclavos que quiten ahora la cizaña, por temor que a la vez arranquen el trigo. Deberán esperar hasta la cosecha, cuando los segadores recogerán primero la cizaña y la quemarán, y luego reunirán el trigo en el granero.

Lo central, en esta parábola, es la actitud del amo que frena el celo impetuoso y un tanto fanático de los siervos que quieren arrancar inmediatamente la cizaña. No deben hacerlo, porque hay un momento en el que el trigo y la cizaña no se pueden distinguir con claridad, y menos aún separar. Hay que tener paciencia. La comunidad de Mateo era mixta, de gente muy diversa, no era una secta de puros. Jesús les propuso la tolerancia y la inclusión comunitaria. Y concluyeron que no hay comunidad pura, y que ni nadie puede adelantar en la historia un juicio sobre las personas, que solo a Dios compete. 

Asimismo, esta parábola da fe de lo que creía la comunidad de Mateo: La siembra tiene que ver con la proclamación del Reino; dicha proclamación coexiste con la existencia del mal; el crecimiento del trigo indica que el Reino es fructífero, proporciona alimento, aunque encuentre oposición; esta oposición pone obstáculos al Reino, pero no lo destruye; y, la cosecha es de Dios, sólo él puede separar el trigo de la cizaña.

2) Parábola de un grano de mostaza (vv. 31-32). El v. 31, Jesús, sin ofrecer explicación propuso otra parábola. Esta hace explícito su referente, el reino de los cielos. El relato concierne a una grano de mostaza que alguien tomó y sembró en su campo. En cuanto al tema de la siembra hay continuidad con las parábolas anteriores; sin embargo, al pasar del trigo a un grano de mostaza, la atención se centra no en la actividad sino en la semilla. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando se ha desarrollado es la mayor de las hortalizas y se convierte en un árbol. 

La imagen del grano de mostaza sugiere invisibilidad: durante un tiempo, no se sabe si está pasando algo. También habla de contraste (semilla diminuta, mayor de las hortalizas, todo un árbol) y de continuidad (semilla-hortaliza-árbol). También está el elemento de desarrollo, con las transformaciones de la mostaza desde que es sembrada, aunque el uso de un verbo en pasivo aoristo (cuando se ha desarrollado), no en presente, desvía la atención del proceso de crecimiento hacia el agente (la voz pasiva indica trabajo vivificante de Dios) y hacia el resultado o producto final.

El reino de los cielos es como esto. La vinculación del grano de mostaza con el reino de Dios revela lo siguiente: a) contraste: lo que estaba sucediendo en el ministerio de Jesús era invisible y mínimo. Dicha invisibilidad era para el imperio romano y para la élite judía; b) continuidad: el ministerio de Jesús era el comienzo y el camino del culmen de los planes de Dios; c) carácter inevitable, certeza: Dios completa su obra; y, d) desarrollo: Dios hace extensible su reino a los que acogen las palabras de Jesús y aceptan la invitación de vivir una existencia alternativa.

La imagen del árbol evoca poder y gobierno (Jue 9, 7-15). El texto la utiliza como imagen del reino de los cielos, señaladamente de la soberanía divina sobre las naciones. La aves del cielo indica las personas de las naciones, que, habiendo vivido bajo la opresión de los imperios, conocerán un reinado diferente. La diminuta semilla de mostaza inicia y produce un árbol, el reinado de Dios libre de opresión, que cuida la vida en vez de destruirla con injusticia. El poder absoluto de los imperios no es para siempre.

3) Parábola de la levadura (v. 33). El relato pasa del ámbito exterior masculino de la siembra al ámbito doméstico femenino de la elaboración del pan. Habla de una mujer sin identificarla. El reino de los cielos es como la levadura que una mujer tomó y mezcló con tres medidas de harina hasta que todo fue fermentado. La vinculación inicial con la levadura era frecuentemente considerada como fuente de contaminación. La liberación por Dios de la esclavitud en Egipto se asocia con el pan sin levadura (Ex 12, 14-20), que es consumido así por motivo de urgencia. No había tiempo para esperar a que la levadura hiciera su efecto. La levadura es, pues, un proceso prolongado, el paso de tiempo.

La mujer mezcló su levadura con tres medidas de harina hasta que todo fue fermentado. La cantidad de harina es suficiente para proveer de pan a cien personas en una comida. Da idea de un gran banquete, imagen del reino de los cielos (Mt 8, 11). Con todo, la mezcla de levadura acaba produciendo un efecto: todo fue fermentado. Como en la parábola anterior, existe contraste y continuidad entre lo pequeño (la cantidad de levadura) y lo grande (la cantidad de harina). Lo pequeño acaba teniendo efectos magnos. La levadura viene trabajando de modo silencioso, invisible, escondido. 

En su contexto, Roma y la élite religiosa no lo perciben, y los mismos discípulos pueden preguntarse si realmente está ahí o si conduce a algo. Pero al final, inevitablemente, todo fue fermentado. La voz pasiva indica la acción de Dios. La levadura ha hecho su labor transformando la harina.

Del mismo modo, el reinado de Dios actúa de fermento contra el status quo mediante una acción que se prolonga en el tiempo. Realizando su acción transformadora, muestra que la vida convencional bajo el dominio de imperial es inaceptable. Los procedimiento divinos difieren de los humanos. El reinado de Dios no tiene nada que ver con el opresivo control político, socioeconómico y religioso que ejercen los imperios de la tierra. El ministerio de Jesús es una acción corrosiva con respecto al status quo imperial, porque tiende a reemplazar un sistema injusto que favorece los intereses de la élite a costa del resto de la población. Cuando los individuos se acomodan a una sociedad enferma, el único modo de sanearla es introducir fermento en ella. En tal contexto fermentar es transformar, salvar, facilitar el encuentro con el reinado de Dios, en anticipación de su realización plena con el establecimiento del vivificante reinado divino sobre todas las cosas.

Recapitulando, tanto la segunda como la tercera parte, son dos parábolas paralelas. El centro está en el contraste entre unos inicios modestos e insignificantes, que pueden resultar desconcertantes, y un final deslumbrante. En efecto, hay contraste: las cosas serán muy diferentes, el poder de Dios sostiene la esperanza del creyente. Pero también hay continuidad. La levadura inserta en la masa no se ve, desaparece, parece desapercibida, pero está ya actuando en su seno, como la mostaza diminuta enterrada en el seno de la tierra. Jesús invita a interpretar el tiempo presente, a pesar de todos los pesares, a pesar de la oscuridad y el “silencio de Dios”, como un tiempo de gracia, en el que el Reino de los cielos está ya actuando en los acontecimientos, en los corazones humanos, en toda la realidad.

4) Jesús habló en parábolas a la gente (vv. 34-35). Estos versículos son la confirmación, a la luz del Antiguo Testamento, que Jesús tenía como lenguaje predilecto el poético: la parábola. Este lenguaje sencillo es el de Dios. La cita del AT (Sal 78) subraya, por una parte, la naturaleza rebelde del pueblo; y, por otra, anima a las generaciones lectoras a que aprecien las acciones de Dios en la historia y no repitan el error de Israel: ser “una generación obstinada y rebelde”; pero a pesar de esta naturaleza rebelde del pueblo, siempre existe una minoría que, a veces, entiende el accionar de Dios. La comunidad de Mateo creía que Jesús revela los planes de Dios. Algunos entienden, pero el mensaje sigue oculto para muchos. Con todo, no deja de haber salvación para todos.

5) Interpretación de la parábola de la buena semilla con la cizaña (vv. 36-43). Por último, el texto presenta la interpretación, claramente, alegórica de la parábola de la buena semilla y la cizaña. Dicho comentario explica siete aspectos de la parábola: el que siembra la buena semilla, el campo, la buena semilla, la cizaña, el enemigo que la sembró, la cosecha, y, los segadores. Estos siete aspectos revelan la concepción cósmica mateana y su papel en ella. El mal lucha contra Dios, y los respectivos imperios de la tierra y sus adeptos entran en conflicto. El tiempo presente es de adversidad para Jesús y los discípulos; pero el juicio de Dios contempla la derrota del reinado del mal, encarnado en los imperios, y la manifestación del reinado de Dios. Entonces sí, el Hijo del hombre separará el trigo de la cizaña.

La cita del AT también denota que el tema del juicio es muy importante en Mateo, y la pretensión del evangelista es subrayar la responsabilidad de cada uno en el presente. Ya se conoce la preocupación moral de Mateo. Su comunidad se va institucionalizando y tiene el peligro de acomodarse excesivamente, y por eso repite con tanta frecuencia la exhortación a “dar buenos frutos”, “a cumplir la voluntad del Padre”, a que tengan en cuenta que sus obras constituyen el juicio presente y futuro. 

Mons. Romero decía: “la Iglesia es signo del Espíritu de Dios en medio de los hombres[1].


[1] Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, tomo III, 23 de julio de 1978, San Salvador 2005, 123.

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