Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 6, 17. 20-26

El texto desarrolla tres partes: a) transición; (v.17. 20a); b) los bienaventurados (20b-23); y, c) ay de ustedes (24-26). La transición presenta los personajes del texto: Jesús y el auditorio. Este último está formado por tres grupos: los Doce (“bajó con ellos”), “un gran número de sus discípulos”, y, “una gran multitud del pueblo”. Asimismo, menciona el lugar del relato: “en un llano”. Y, por último, define que la mirada de Jesús está dirigida a los discípulos, que según el texto son el gran número de sus discípulos. A estos está dirigido el sermón en la llanura.

Jesús y los Doce bajan del monte a la llanura (Lc 6,13). En la tradición del libro del Éxodo este movimiento representa la transmisión de la voluntad de Dios. La presencia de los tres grupos en el relato representa la pluralidad con la que Jesús pensó su movimiento. Pluralidad que fue prominente en los tres primeros siglos.

La segunda parte presenta las bienaventuranzas. El discurso en llanura, igual que el Sermón del monte (Mt 5, 1-10), comienza con unas bienaventuranzas. En Lucas son cuatro y en Mateo ocho.

La bienaventuranza es un género conocido en el AT, en especial en los Salmos y en los libros sapienciales. En general se usan para: proponer valores religiosos y morales: confianza en Dios, temor de Dios, respeto del sábado, buena conducta, amor a los pobres (Sal 40, 5; 146, 5; Eclo 31, 8; Sal 41, 2). A veces es para referirse a situaciones difíciles de aceptar (Jb 5, 17-20). En otras ocasiones se usa para hablar de valores puramente humanos, apetecibles para todos: alegrarse con los hijos, tener mujer sensata, encontrar un amigo. Y, por último, para expresar sentimientos profundos, a veces, poco religiosos y humanos (Sal 137, 8-9).

Las bienaventuranzas que Lucas presenta corresponden a las situaciones difíciles de aceptar. Por eso, todas van acompañadas de una justificación (“porque de ellos es el Reino de Dios”, “serán saciados”, “consolados”). Lo cual significa que Jesús no propone unos valores evidentes; él proclama dichosas a personas que mucha gente consideraría desgraciadas. Estos corresponden a cuatro grupos humanos: los pobres; los que tienen hambre “ahora”, los que lloran “ahora”; y, los odiados, expulsados, injuriados y proscritos a causa del Hijo de hombre. A los cuatro, Jesús les promete una vida feliz.

“Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios”. Sin el matiz: “de espíritu”, que añade Mateo, y que se presta a interminables interpretaciones. Los pobres sin más. Los que llevan un vestido andrajoso cuando se reúnen en comunidad (Sant 2, 2), los oprimidos, los segadores que no han cobrado su salario (Sant 5, 4).

“Los que ahora pasan hambre” recuerda a los cristianos de Corinto que no tenían nada que comer en la celebración de la Cena (1Cor 11, 21) y, especialmente a la comunidad de Jerusalén, necesitada de ayuda para sobrevivir a la hambruna. Serán saciados en el banquete del reino de Dios (Lc 13, 29).

“Los que ahora lloran porque reirán”. En el contexto de Lucas viene a la memoria la madre de Naín, a la que Jesús dice: “No llores” (lc 7, 13); y la mujer pública que llora y se puso a bañarle los pies a Jesús con sus lágrimas, a ella le dice al final: “Vete en paz” (Lc 7, 30.50). En estos casos, el consuelo se produce en la tierra. En otros habrá que esperar la irrupción del reinado de Dios (Lc 6, 21.25).

A lo anterior se añaden los odiados, expulsados, injuriados y proscritos a causa del Hijo de hombre. Esta cuarta bienaventuranza admira su extensión. La mayoría de los comentaristas coincide que fue añadida más tarde, y refleja, más que la época de Jesús, la situación social de las comunidades lucanas en el imperio.

El odio y los insultos formaron parte de una experiencia que tuvieron los seguidores de Jesús, desde el inicio, y que fue creciendo con el tiempo. La exclusión, se entiende, de la sinagoga. El castigo más duro por dicha exclusión era la flagelación. El excluido era indeseable y nadie le dirigía la palabra, ni podía compartir la mesa. La proscripción del nombre, en su contexto, indicaba que los miembros de la comunidad de Lucas eran considerados infames, malvados y peligrosos, cuyo trato de sebe evitar. Esto fue algo muy frecuente tanto entre los judíos como entre los paganos. La causa de todo era “el Hijo del hombre”. Seguir el camino de Jesús era el motivo del odio, la exclusión y el insulto. Para la comunidad de Lucas recordar el martirio de Jesús, en el trasfondo de esta última bienaventuranza, fue la fuente de energía y de esperanza.

Por último, la tercera parte describe los “ay de ustedes”. Estos están representados en cuatro grupos de seres humanos: los ricos; los que “ahora” están hartos; los que ríen “ahora”; y, los aduladores con los discípulos de Jesús. Estos representan la antípoda de los cuatro grupos de las bienaventuranzas.

El texto es una oportunidad para el lector actual, quien debe repensar lo esencial del proyecto de Jesús: las bienaventuranzas. El relato condensa una sabiduría difícil de explicar que, Lucas recoge con gran fidelidad. La combinación de radicalidad y misericordia es su característica sorprendente.

Resumiendo, se pueden destacar dos aspectos. El primero: Jesús se dirige aquí a sus discípulos (v.20), pero de modo exclusivo: “toda la gente” (v.19). Lucas utiliza el sermón de la llanura, del monte en Mateo, como “piedra de toque”, como criterio de opción: aquellos de entre la gente que se identifiquen con sus palabras se convertirán en seguidores (6, 22. 26).

Así, tanto los “bienaventurados” como el “ay de ustedes” se pueden convertir en motivo de conversión, aceptando el proyecto de Jesús. Unos porque inesperada, gratuita e inmerecidamente se han encontrado con la promesa de Dios; otros porque reconocen sus privilegios, su hartura y su desorden como aviso de su error. Lucas pone especial énfasis en el problema de las posesiones. El seguidor de Jesús es pobre.

El segundo aspecto: Lucas subraya el carácter real y material tanto de las bienaventuranzas como de los “ay de ustedes” (vv. 24-25). ¿Cuál es la felicidad de pasar hambre, llorar o ser pobre? ¿Y cuál la desgracia de tener todo, reír y comer hasta hartarse? Para Jesús, según Lucas, la desgracia está en la absolutización del modelo social que genera y perpetúa tal contraste injusto; quien defiende que ello es normal, está fuera del reino de Dios (v.20). Por tanto, las bienaventuranzas son un llamado a la conversión personal y social de todos aquellos que escuchan o leen el sermón de Jesús que proclamó en la llanura.

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