
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 6, 27-38
El texto constituye la segunda parte del discurso de Jesús en la llanura (Lc 6, 17-49). El relato puede dividirse en dos partes: a) vv. 27-35: “amen a sus enemigos y hagan el bien”; y, b) vv. 36-38: “sean compasivo como el Padre de ustedes es compasivo”. Mateo y Lucas comparten una fuente común del discurso de Jesús. El primero lo contextualiza en el monte y el segundo en la llanura (Mt 5-7; Lc 6, 20-49).
La primera parte presenta un cambio en la forma de hablar de Jesús, puesto que define sus oyentes directos: “pero ustedes los me escuchan” (v.27). Estos son sus discípulos (v.20). Asimismo, esta primera parte, está determinada por la inclusión “amen (a sus enemigos) y hagan (el bien) (vv. 27. 35)”. Ello indica que dicha inclusión constituye la tesis central de esta primera parte.
Se debe notar también que, este primer segmento se puede subdividir en dos partes: a) vv. 27-31 que inicia con la tesis central y finaliza con el mandato antiguo: “traten a los hombres como quieren que ellos les traten” (v.31). Y, b) vv. 32-35 que está jalonada por la pregunta “¿qué merito tienen?” (vv. 32-34), si sólo aman a quienes los aman, si hacen el bien a los que les hacen bien, y si sólo prestan a quienes les pueden pagar. Esta subsección termina con la tesis central y plantea el tema de la siguiente sección: “Él (Altísimo”) es bueno con los desagradecidos y los perversos” (v.35).
En la introducción del discurso de la llanura, Jesús ha distinguido dos grupos: pobre-odiados y ricos-estimados. Los primeros recibirán en el cielo su recompensa; los segundos lo perderán todo. Pero aquí, en la tierra, ¿cómo deben relacionarse ambos grupos? ¿Deben comenzar los pobres una guerra contra los ricos y viceversa? Lucas quiere inculcar una actitud basada en los dichos de Jesús. Esta actitud es hacer el bien al que te hace mal y amar a tu enemigo.
¿Hay que tomar estas exhortaciones al pie de la letra? El texto pretende que el lector imite el comportamiento de Jesús (Jn 18, 23) que pasó haciendo el bien. Tres motivos para actuar así: primero, el seguidor de Jesús debe superar a los pecadores (vv. 32-34). Amar, hacer el bien, prestar, parecen cosas dignas de mérito. Pero eso lo hacen también los pecadores cuando se trata de personas amadas, de las que han recibido un beneficio. El discípulo de Jesús debe ir mucho más adelante. El mejor ejemplo de este plus es Lc 14, 12-14.
Segundo, este comportamiento tendrá un premio (v.35a). Actuando de este modo serán hijos de Dios, que es generoso con ingratos y malvados. La realidad de “hijo de Dios” se consigue actuando de forma benévola con los enemigos.
Y, tercero, un buen hijo debe imitar a su Padre (v.35b). La compasión de Dios es la primera característica que él menciona cuando se revela a Moisés (Ex 34, 6). Esta compasión se confirma en la parábola del Padre bondadoso (Lc 15). Esta vivencia es la que aparece en repetidas ocasiones en boca de Jesús. Aquí Jesús, por primera vez, dice a sus seguidores que Dios es su Padre.
Los preceptos anteriores resultan tajantes. Leyendo el ejemplo de Jesús en el evangelio se advierte que el tema de los enemigos es mucho más complejo. Jesús encuentra enemigos muy distintos a lo largo de su vida: los escribas y fariseos; las autoridades religiosas y políticas de Jerusalén; Judas; los soldados; y, el mal ladrón, entre otros. La reacción es distinta en cada caso. A los escribas y fariseos los increpa duramente; a las autoridades le reprocha en el huerto que lo vengan a apresarlo como si fuera un ladrón. Con un reproche similar reacciona ante Judas. Ante los soldados, por mucho que lo golpeen y se burlen de él, no protesta ni maldice. Pero su actitud global la representan sus palabras en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” que abarca a todos los grupos (lc 23, 34).
La segunda parte retoma y desarrolla la imagen de Dios del v.35. Lucas, en este enunciado, cambia a Mateo, y afirma: “sean compasivos como el Padre de ustedes es compasivo” (v.36), mientras Mateo sostenía: “sean perfectos como Padre celestial de ustedes es perfecto” (Mt 5, 48). Son dos acentos distintos. Para Lucas el seguimiento de Jesús es ética real (compasión), y, Mateo está hablando de perfección religiosa-moral. Sin embargo, para ambos el modelo está en Dios, quien es bueno con los seres humanos, sin acepción de personas.
El discurso cambia de tema. Deja de referirse a los enemigos para centrarse en la conducta con los otros miembros de la comunidad. Se presentan dos prohibiciones (no juzguen, no condenen) y dos mandatos (perdonen y den). Lo novedoso es que la conducta del discípulo depende de la que adopte Dios con nosotros. Si juzgamos, nos juzgará; si condenamos, nos condenará; si perdonamos, nos perdonará; si damos, nos dará. Aquí llega al colmo el tema de la “recompensa abundante”. Ahora se necesitan cuatro adjetivos para describir cómo será: generosa, apretada, remecida, rebosante. Estas cuatro normas parecen una receta excelente para corromper a Dios y forzarle a tratarnos bien y perdonarnos. Por desgracia, muchas veces preferimos arriesgar su condena por el breve placer de criticar o condenar a alguien.
En resumen, este texto es un retrato de quién es el Padre-Dios para Jesús, y, el discípulo debe actuar según la ética de Dios, quien es compasivo, y, ama a aquellos que no le aman. También es el discurso de la no violencia activa (vv.27-38). Este tiene una densidad especial, puesto que es la traducción que Lucas encuentra del mandato de Jesús “sean compasivos como el Padre de ustedes es compasivo” (Lc 6, 36; cf. Mt 5, 48). El texto es, probablemente, la savia más densa que brota de estas raíces jesuánicas: la ética que Lucas propone con amar al enemigo, bendecir a los que los maldicen, rogar por los que difaman, presentar la otra mejilla, no reclamar lo propio, es profundamente contra cultural y contra eclesiástico. Lo era para el tiempo de Jesús en la Galilea rural y judía del s. I, y lo, es más, si cabe, en la ciudad greco-romana que le escuchan a Lucas.
Con esta ética, propone un modelo de desclasamiento, de deshonor y estigmatización que sonaría a suicidio social si no fuera, precisamente, porque está poniendo a Dios como modelo y testigo de lo que dice: Dios es así. Y su recompensa será desbordante (v.38).
