P. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Mt 21, 28-32

Este texto está dentro de los acontecimientos que le sucedieron a Jesús durante su estancia en Jerusalén. Mateo sostiene que Jesús ha sido enviado a Israel; pero este lo ha rechazado. Esta es la temática del texto en estudio. 

Para desarrollarla Mateo plantea tres parábolas dirigidas a los líderes religiosos (no a todo Israel). Poniendo de manifiesto las faltas de los dirigentes y el lugar de éstos en los planes de Dios, advierte a los discípulos de que no deben incurrir en sus mismo errores. La primera, la parábola del hombre que tenía dos hijos (21, 28-32), referida al rechazo de Juan Bautista; la segunda, central en la trama, la del propietario que plantó una viña, la historia de Dios con su pueblo que culmina en el rechazo del Hijo amado (21, 33-46); y, la tercera, los enviados post-pascuales que deben anunciar que el tiempo de bodas ya ha llegado y son igualmente rechazados (22, 1-14). 

La parábola de un hombre que tenía dos hijos (Mt 21, 28-32) se divide en tres partes: 1) la parábola (vv. 28-30); 2) una pregunta de Jesús y una conclusión práctica del narrador (v. 31); y, 3) un logión sobre Juan Bautista (v. 32). Jesús narra la parábola de 21, 28-30, y su contenido es interpretado de manera alegórica en 21, 31-32. 

El contexto histórico del texto sostiene que la élite religiosa produce daño económico y social con su liderazgo codicioso e injusto. Los destinatarios de este texto son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y el lugar es el templo de Jerusalén. La parábola describe que las autoridades del templo, élite religiosa, rechazaron a Juan Bautista. Estas no quieren y no van a trabajar a la viña, es decir, no han hecho la voluntad del padre del texto. 

En cambio, las prostitutas y los publicanos, por ser marginados sociales, son proclives a arrepentirse de su respuesta y creyeron en Juan, por ello entran antes al Reino de los cielos. Estos marginados hacen la voluntad del Padre, a pesar de ser inmorales a los ojos de la sociedad. Y las autoridades aun viendo a Juan no se arrepintieron ni creyeron, sino que rechazaron la oferta de Dios.

1) La parábola (vv. 28-30). Los vv. 28-29. La pregunta a los dirigentes religiosos introduce la parábola: “¿Qué les parece?” Con esta interrogación los invita al debate. En el relato se habla de una viña (20, 1-16). “Un padre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, dijo: Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. El empleo de la palabra hijo invoca relaciones familiares en que los hijos honran a sus padres prestándoles obediencia. La viña y la petición de que el hijo vaya a trabajar recuerdan las habituales responsabilidades económicas dentro de la familia. Contra lo que se podía esperar, el padre recibe una negativa: “Y el hijo respondió: No quiero”. Sin embargo, más tarde se arrepintió y fue.

El v. 30 presenta una situación inversa a la anterior: “El padre se dirigió con la misma petición al segundo hijo, que le respondió: Iré, señor”. Esta respuesta es la debida, la normal, la esperada; pero el hijo no fue. El uso del vocablo señor, en su contexto, recuerda a la sentencia de Jesús en 7, 21: “No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos…”.

2) Una pregunta de Jesús y una conclusión práctica del narrador (v. 31). Jesús plantea la cuestión central: “¿Cuál de los hizo la voluntad del padre?” Los dirigentes religiosos contestan correctamente: “El primero”. Pese a su negativa inicial, el primer hijo acaba obedeciendo; en cambio, el segundo dice que va a hacer, pero luego no hace. El énfasis en el padre y en el tema de hacer su voluntad sugieren una referencia alegórica a hacer la voluntad de Dios (Ex 20-23; Dt 5; Mt 6, 9-10). La respuesta de los dirigentes corresponde a la enseñanza de Jesús sobre esta cuestión (7, 24-27; 12, 467-50) y a su condena de la hipocresía (6, 2. 5. 26; 7, 5; 15, 7).

Con su respuesta se condenan a sí mismos por no hacer la voluntad de Dios. “Jesús les dijo: En verdad les digo: los recaudadores de impuestos y las prostitutas entran en el reinado de Dios antes que ustedes”. Paradójicamente, la élite religiosa tiene más difícil el acceso a ese reinado que los despreciados recaudadores de impuestos y las prostitutas. Estos marginales son parte de los pecadores (9, 9-13). ¿Abandonan los recaudadores y las prostitutas sus ocupaciones y sus ventajas económicas por el reinado de Dios? (13, 44-45; 19, 16-22). El empleo del presente (entran) sugiere participación actual en ese reinado ya en marcha.

3) Un logión sobre Juan Bautista (v. 32). Se subraya la actitud cerrada de la élite. “Porque vino Juan a ustedes por el camino de la justicia/rectitud y no le creyeron”. Las referencias a los bautizados por Juan no especificaron que hubiera entre ellos recaudadores y prostitutas (3, 5-6). Pero algunas escenas describen, en cambio, la misericordiosa y transformadora asociación de Jesús con los marginados recaudadores de impuesto (9, 10-11; 10, 3; 11, 19) y con pecadores (9, 10-13; 11, 19). Es decir, recaudadores y prostitutas creyeron en Juan, por cuanto se han arrepentido y están ya experimentando la presencia salvífica de Dios manifestada en Jesús, a quien Juan preparó el camino y del que dio testimonio. 

El camino de la justicia/rectitud es una metáfora escriturística de la vida conforme a los justos y transformadores planes de Dios (Mt 5, 6. 10. 20; 6, 1. 33; 7, 13-14; 10, 5. 10; 20, 17). Recuerda el papel de Juan en su invitación a preparar “el camino al Señor” (3, 3) mediante el bautismo de arrepentimiento para la llegada de Dios en Jesús. La justicia/rectitud indica realización de los designios de Dios anteriormente declarados, fiel acción humana conforme a los planes divinos y configurada por ellos, y actividad basada en la justicia (Jr 22, 13-17; Mt 3, 15). De acuerdo con los planes salvíficos de Dios, Juan vino a predicar, a realizar la voluntad divina y a preparar para la llegada de Jesús, pero los dirigentes religiosos no lo reconocieron ni le creyeron (3, 7-10). Sobre lo vocablos “creer/tener fe” es de comprenderlos como confianza en el reinado de Dios y vida conforme a él (21, 21). No creyeron a Juan, y eso significa que no creen a Jesús.

Más la situación en que se hallan es aún peor. Desde su respuesta negativa inicial ha habido tiempo para que se arrepintieran (como el primer hijo) o reconocieran su deber, dejando abierta la posibilidad de orientar en algún momento su vida en conformidad con él (como el segundo hijo). “Pero los recaudadores de impuestos y las prostitutas creyeron en él. Y ustedes ni siquiera después de verlo se arrepintieron y creyeron en él”.

Los marginales dan testimonio del reinado de Dios, en tanto que la élite no ha aprovechado esa oportunidad ni ese testimonio (“ni siquiera después de verlo”). Los recaudadores de impuestos y las prostitutas son como el primer hijo, que en un primer momento dicen “no” a Dios, pero luego se arrepienten con la venida de Juan/Jesús. La élite se parece al segundo hijo, aunque sólo en la falsa adhesión a Dios, porque se cierra definitivamente a la conversión, sin aprovechar la dilatada oportunidad de arrepentirse (21, 29). También hay división en Israel con respecto a las posibilidades de entrada en el reinado de Dios: la poderosa élite autoexcluida (“los duros de corazón” de 19, 8) y los marginados que creen.

El texto altera el orden establecido, puesto que los que se consideraban justos (la élite religiosa) no creyeron en el reino, mientras que los marginados por la élite se adelantan en el Reino. Con esta parábola, Mateo advirtió a su comunidad que no le fuera a suceder como la élite religiosa y que valorara lo despreciable de la sociedad, pero valioso para el proyecto de Dios.

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