Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Mt 5, 1-12a

Jesús anunció: “conviértanse porque el reino de los cielos ha llegado” (Mt 4, 17. 23). El texto es el discurso de las bienaventuranzas, versión mateana. Este expone el proyecto de Jesús y la opción ética que deben asumir los discípulos que se convierten al reino de los cielos. A su vez, es el fundamento del primer discurso mateano (Mt, 5 – 7)[1]. Aquí, el evangelista presenta a Jesús como el maestro, quien da conocer su enseñanza y el mesías con autoridad que proclama el reino de los cielos y sus exigencias.

El material básico del sermón del monte, Mateo lo ha tomado de la fuente Q, al igual que (Lc 6, 20-49). Su género literario corresponde a una instrucción sapiencial que introduce la enseñanza con una promesa de felicidad (vv. 3-12) y concluye con una exhortación a ponerla en práctica (v.16). Esta promesa y exhortación constituyen el marco literario de todo el discurso.

El texto se divide en dos partes: 1) Introducción (vv. 1-2). La primera parte presenta de manera sucinta al Maestro, el orador (Jesús); a los oyentes (muchedumbre, en especial, sus discípulos); y, el escenario del sermón que va a seguir de inmediato (el monte).

El v.1. Habiendo visto a las multitudes, subió al monte. Jesús, no nombrado, es el sujeto de los dos verbos. La falta de sujeto obliga a los lectores a retroceder en la narración hasta encontrarlo en 4, 17. Esta retrospección vincula las secciones y subraya la identidad de Jesús. Asimismo, el verbo ver recuerda los inicios de la liberación de la esclavitud de Israel: “he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto” (Ex 3, 7). Mateo establece el contraste entre Moisés y Jesús, para afirmar que con Jesús ha llegado la liberación realizada por Dios. El verbo “ver” constituye el principio de dicha liberación.

Jesús subió al monte, lugar revestido de múltiples significados. El diablo ofreció a Jesús todos los reinos del mundo en un monte (4, 8). Dios se revela en los montes (Abrahán, Gn 22, 2.24; Elías, 1Re 18, 18-46). La frase subió al monte refiere, a nueve veces, a la subida de Moisés para recibir el Decálogo (Ex 19, 3; 24, 12. 13. 18; 34, 2.4; Dt 9, 9; 10, 1.3). Jesús ha evocado la experiencia de Moisés e Israel en la salida de Egipto (2, 15). Ahora se dispone a pronunciar el sermón con la misión que le ha sido encomendada. Por último, la frase subió al monte refiere, seis veces, al monte Sion, entre ellas la relacionada con el anuncio de la nueva edad en que todas las naciones irán a Sión a aprender los caminos de Dios (Is 2, 3; Miq 4, 2; Sal 43, 3; Ag 1, 8; 1Mac 5, 54; 7, 33).

Jesús se sentó. Esta posición está relacionada con la acción de enseñar con autoridad (Ez 8, 1). En el tiempo de Jesús, también, indicaba ejercicio de poder real. En el caso de Jesús hablará con autoridad del reinado de los cielos.

El v. 2. Mateo describe la nueva cátedra del Maestro, referida en los verbos subir y sentarse. Jesús es el Maestro que enseña con autoridad (Mt 7, 29). El evangelio establece un contraste entre Jesús y Moisés, proponiendo las bienaventuranzas de Jesús como plenitud. Dios instruirá a su pueblo, de nuevo, sólo por medio de Jesús, ya no en el Sinaí. Dicho anuncio de las bienaventuranzas, Jesús lo hace desde el monte; evidenciando que él es el profeta marginal, identificado con la liberación definitiva obra por Dios.

Sus discípulos vinieron a él. Esta es la primera vez que Mateo utiliza el vocablo discípulos para identificar a los seguidores de Jesús. Estos son los cuatro llamados en 4, 18-22 y distinguidos de las multitudes en 4, 23-25 (y en 5, 1). Sin embargo, en el capítulo 10, la lista de los doce discípulos indica que el término tiene un sentido más amplio. A lo largo del evangelio la designación se aplica preferentemente a los Doce; otros personajes que se nombran discípulos. José en 1, 18-24; 2, 19-23 y las piadosas mujeres en 27, 55.61; 28, 1. El término denomina, en sentido literal, al que se coloca detrás de Jesús.

2) Y, la segunda parte es la enseñanza de Jesús: las bienaventuranzas de Jesús, a renglón seguido, la de sus discípulos (vv. 3-12). Estas son ocho. La primera y la octava establecen el marco de referencia y el tema central de la enseñanza de Jesús: el reino de los cielos (vv. 3. 10); y, a su vez, describe los sujetos principales de dicho reino: los pobres con espíritu, quienes son perseguidos a causa de la justicia. Tanto el tema central como los sujetos son explicitados por las otras siete declaraciones de felicidad.

Las bienaventuranzas están organizadas en dos grupos. El primero consta de cuatro (vv.3-6) está formado por los pobres con espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre de sed y de justicia. Influidas por Is 61, describen no cualidades personales, sino situaciones sociales opresivas de angustia o mala fortuna, merecedoras de estima porque el reinado de Dios las cambia radicalmente. Este cambio ocurre ya en el ministerio de Jesús, no de manera plena. Los dichos de este grupo se distancian de los poderosos y delinean las consecuencias que estos hacen a los pobres así denominados.

El segundo grupo formado también por cuatro dichos (vv.7-10), junto con la ampliación de los vv. 11-12, son acciones humanas que, inspiradas por la experiencia del reino de Dios en los vv.3-6, son dignas de estimación porque expresan ese reinado transformador hasta su total realización llevada a cabo por Dios. Fundamental en todas las bienaventuranzas es el establecimiento de la justicia (misericordia) divina mediante la eliminación de las relaciones humanas y sociales opresivas y la distribución equitativa de los recursos. Por ello la llamada central será: “busquen primero el reino de Dios y su justicia” (Mt 6, 33).

En otras palabras, aunque el reino de los cielos es el reinado de Dios, el énfasis en las acciones humanas indica una asociación entre Dios y los que viven de acuerdo con sus designios.

Mons. Romero dijo: “Él es el Maestro. Yo no soy más que su humilde repetidor; pero es Él el que a ustedes y a mí nos quiere enseñar[2].


[1] Los otros cuatro discursos son: 2) El discurso de la misión: la extensión del Reino de los Cielos (Mt 9, 35 – 10, 42); 3) el discurso en parábolas: la naturaleza del Reino de los Cielos (13, 3b-52; 4) el discurso eclesial: la comunidad que acepta el Reino de los Cielos (18, 3-34); y, 5) el discurso escatológico: preparados para la venida del Reino de los Cielos (23, 1 – 25, 46).

[2] Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 29 de enero de 1978, tomo II, San Salvador 2005, 233.

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