
Pbro. Juan José Rogel
Mateo 18, 15-20
Este domingo y el próximo tenemos textos del discurso eclesiológico de Jesús.
Hoy introduce Mateo un término especial, “hermano”. El profesor de Moral Marcello Badalamenti escribió el libro que tituló “Hermano se nace” (Fratelli si nasce) en el que dice que para el creyente, hermano se nace, porque todos tenemos un único Padre que nos ha dado la vida; pero esta verdad, para muchos no tan obvia, es una invitación a una profunda conversión a la dimensión social de la fe. Hoy Mateo nos habla del hermano y lo presenta como hombre necesitado de arrepentimiento, de perdón y de hermanos en la fe. Veamos algunos detalles.
Versículos 15-17
Podemos decir que estos versículos son una instrucción legal. Hay en el AT instrucciones legales que se deben aplicar a los pecadores Lv 4, 2.22.27, 5,1; 24,12; Num 15,27. Los textos del Levítico en estas instrucciones insisten en una circunstancia particular de quien peca, lo hace “por inadvertencia”. Hacen como una distinción entre “pecado como error” y el “pecado de intención”. El primero es un pecado inadvertido, una falta de error en una situación particular que lleva al creyente a caer dice “inadvertidamente”, como sin intención, incluso se habla de asesinato inadvertido (Num 35,15). Los textos insisten en el perdón de esta falta (Num 15,25; Lev 5,18). Diferente es el pecado de intención (Eclo 5,5), que cuando se anida en el corazón de la persona lleva a la ruina. El Salmo 36 hablando del impío que dice tiene “el pecado en el fondo de su corazón”, porque detestó la culpa y renunció a ser sensato.
“Si tu hermano peca, repréndelo”. La especificación, si tu hermano peca “contra ti”, viene incluso considerada secundaria, el tipo de pecado permanece indeterminado, la atención se centra en la presencia de hermanos que deben hacer algo para ayudar a quien pecó, esta persona puede estar bajo una grave peligro y sobretodo se trata de un hermano.
En el AT hay un texto que habla de corrección fraterna, Lev 19,17, sólo que dicha alusión está más explicita en la versión griega (LXX), el texto hebreo no es claro al respecto. Si bien la corrección fraterna entre los judíos existía, su implementación fue considerada por los rabinos como problemática pero en textos Apócrifos del AT encontramos que se invita a practicarla: “si alguien peca contra ti, díselo en paz, apartando el veneno del odio” (Gad 6,3).
En el caso que la corrección privada no sea suficiente, Mateo cita la regla de Dt 19,15: “por boca de dos o tres testigos será establecida la causa”. En Dt se trata de una decisión judicial bajo el testimonio de dos o tres testigos. Mateo cita este texto como conectando dos circunstancias diferentes. Es posible entender el rol de estos testigos considerándolos como verdaderos conocedores del pecado del hermano, ellos están ahí no para acusarlo sino para ayudarlo.
El procedimiento concluye en la tercera instancia, la Iglesia local. Si ahí el hermano tampoco acepta el pecado, ocurre algo que impacta y debe doler en el alma, pues en ese caso el hermano es excluído de la comunidad, esto se decreta con la fórmula “sea considerado como un pagano o un plublicano”. La fórmula es enteramente judía (Mt 5,46; 6,7) e indica la cercanía de la comunidad que practica este procedimiento con la Sinagoga, ya que Jesús se acerca a todos.
Podemos preguntarnos: este proceso de corrección fraterna en tres partes ¿era practicado entre los judíos? En Qumran se ha encontrado un texto que dice “nadie debe presentar un asunto contra su prójimo ante la asamblea general (multitud) sin antes ser reprendido por testigos” (1QS6,1). Aunque la perspectiva es diversa se trata sin duda de un texto que tiene como fondo Dt 19,15. La reflexión es, si no hay claras alusiones entre los judíos a este proceso en tres etapas, ¿qué razones de peso pudieron haber surgido para introducir un procedimiento que preveía la posibilidad de excomunión/expulsión de la comunidad? Se trató probablemente motivos eclesiológicos relacionados con el retraso de la Parusía.
El problema del mal al interno de la comunidad se sintió desde el principio (1Cor 5; 2Tes 3,6-15; Jn 10). Pero Mateo ve las cosas de otra manera y corrige la práctica basándose en un principio eclesiológico, desplaza el enfoque jurídico y pone el énfasis en una preocupación pastoral y eclesial. La tensión y el proceso manifiestan una busqueda de solución.
Como aplicación a la vida cotidiana podemos decir que la corrección fraterna va hecha con toda discresión, movido por un verdadero amor de hermano. Las personas que optan por exponer ante los demás el error del hermano o hacer difamación, chambres, esto no es de hermanos, ni de amigos. El Evangelio apela a la lealtad entre hermanos.
Versículo 18 “todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo…”
Extiende la autoridad que había conferido a Pedro (Mt 16,19) en el momento en que éste profesó su fe en Jesús diciéndole “tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. En esa ocasión, Jesús dio a Pedro la autoridad de atar y desatar a nivel de la Iglesia universal, ahora esa autoridad es referida a nivel de la Iglesia local.
Versículo 19 “si dos de ustedes se ponen de acuerdo…”
El texto “ponerse de acuerdo” utiliza un verbo que nos suena familiar “sinfoneo” de donde viene la palabra sinfonía, que indica aquí la armonía interior entre las personas que elevan la plegaria. Se especifica la presencia de dos personas que unen su voz (sinfonía) invocando a Dios. Este número se conecta con el v. 16, aquellos a quienes se les ha confiado el proceso del pecador para que lo incluyan en sus oraciones. También en Qumran, a la regla de corrección fraterna sigue la invitación a bendecir juntos al Señor (1QS 6,3). Vale recordar que en el ámbito judío la oración comunitaria cuenta más que la oración individual, un dicho rabínico muy repetido dice “Dios no desprecia la oración de muchos”.
Versículo 20 “Cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estaré en medio de ellos”.
Dice “en mi nombre” indicando la conciencia de la presencia de Jesús en medio de los creyentes. Hay un dicho rabínico que dice “cuando dos se sientan juntos y tratan las palabras de la Torah, la Shekinah (presencia de Dios) está entre ellos” (Ab 3,2). Mateo habla de la presencia de Jesús en la comunidad no para presentar la antítesis a este dicho rabínico sino como parte de su teología (Mt 1,23; 28,20), que tiene su modelo en el estar de Dios con Israel, así está Jesús con el pueblo que tiene conciencia de su presencia.
Así se completa la imagen de la Iglesia que Mateo presenta en este texto: en los versículos anteriores (15-17) se ha corregido la idea de una Iglesia sólo de gente pura y santa sino más bien una comunidad de hermanos en camino, que saben que Dios Padre celestial está por encima de ellos y Jesús el Maestro, en medio de ellos.
