Pbro. Manuel Acosta

El relato de las tentaciones, en Lucas, se compone de tres secciones: introducción narrativa (vv. 1-2); tres desafíos (tentaciones) del diablo y tres respuestas de Jesús (vv. 3-12); y, conclusión narrativa (v.13). La introducción narrativa vincula la perícopa al relato anterior del bautismo cuando sobre Jesús “bajó el Espíritu Santo en forma corporal” (3, 22). En Lc 4, 1-2, Jesús vuelve del Jordán lleno del Espíritu y es conducido por el Espíritu al desierto, “durante cuarenta días, siendo tentado por el diablo” (4, 1-2). Lucas sostiene que Jesús fue conducido, mientras Mateo dice que fue llevado por el espíritu (Mt 4, 1). Lucas deja ver que Jesús vive en el desierto, mientras Mateo describe un movimiento geográfico. Lucas no solo recoge el valor histórico simbólico del desierto en la experiencia de Israel, sino que desea también definir para sus lectores la identidad que evoca Jesús en el desierto (periférica), desde la cual vence al diablo.
Lucas deja en evidencia que el Espíritu es quien conduce ahora a Jesús y que él supera las tentaciones en condiciones de escasez y de hambre, animado por el Espíritu. Las circunstancias que Jesús vive, en este texto, corresponden, por un lado, a las que vivió el pueblo de Israel en el desierto y, por otro, a la de los marginados sociales en el desierto de Judea. Así el desierto no sólo era el lugar de prueba y de encuentro con Dios sino el lugar donde vivían los indeseables sociales. Jesús elige este locus para vivir con los viven y pasan hambre en la periferia social. Según Lucas, Jesús es tentado por el diablo. El vocablo “siendo tentado” (peirazómenos) tiene la connotación de perversidad. En este caso, el diablo es el pervertidor de Jesús. Este busca aprovecharse de la condición filial de Jesús para viciar el plan de Dios y encontrar en Jesús su aliado. Los evangelios sostienen, unánimemente, que Jesús era tentado. Estas tentaciones no fueron de carácter moral sexual, sino deformaciones de la experiencia de Dios, formas falsas de asumir la misión de Hijo de Dios guiado por el Espíritu. Por eso, la reacción de Jesús es modelo para el comportamiento ético cristiano.
La primera tentación introduce como preámbulo la identidad de Jesús en disputa: Hijo de Dios, que la tercera retoma como colofón, dejando en el centro la que se debe vencer como hijo de Dios. Las tres recurren al AT con la finalidad de dar autoridad a la respuesta y corregir la experiencia equivocada de Dios y de su Hijo de la que el diablo se aprovecha, según la tercera tentación. La segunda tentación es la más desarrollada, con ello demuestra que ahí está la dificultad y la polémica mayor de Jesús Hijo de Dios con el diablo. La exégesis actual de Lc 4, 5-8 afirma que esta polémica corresponde a la de Jesús con el César, quien se hace pasar por Dios. El diablo (César) entrega, a quien le adore, la autoridad y la gloria de los reinos del Imperio romano, puesto que a él se las han dado. La disposición literaria y las modificaciones redaccionales no hacen sino confirmar que lo que esté en el centro constituye la disputa y el objetivo fundamental. El texto visualiza la estructura política a la que no se le debe dar un valor divino supremo, sino relativizar, puesto que lo que se debe adorar es solo a Dios. El redactor ha dispuesto el relato de tal manera que nadie puede obviar el escenario en el que el poder imperial gobierna en nombre del diablo. Jesús enseña que la adoración única y exclusiva es a Dios. Mientras el gobernante solo pida el respeto, no habrá conflicto, pero cuando exige que se le adore como a Dios, entonces los lectores del texto verán en el gobernante al diablo personificado y deberá reemplazarse.
La tercera tentación retoma los títulos en desafío: “Hijo de Dios” para Jesús y “Señor” para Dios. El autor hace pronunciar al diablo estos títulos para hacer ver al lector que los gobernantes gustan pasarse como divinos y valerse de la Biblia para su demagogia. Jesús es Hijo de Dios y ha proclamado que al único al que se debe servir y adorar es “al Señor tu Dios”. La palabra de Dios y la vivencia de la fe en el templo no se pueden poner al servicio de los gobernantes. La conclusión narrativa (v.13) reitera la realidad de Jesús tentado por el diablo, expuesta en la introducción (vv. 1-2), y aclara que esta tentación continúa (“hasta el tiempo propicio”), tanto en el texto de Lucas, como en la vida de los seguidores de Jesús. Por eso la palabra que se repite entre la introducción y la conclusión es “tentación” (vv. 2.13). Para afianzar estos aspectos, Lucas echa mano de la fuente Q (cf. Mt 4, 1-11), que amplía con detalles la versión más breve de Marcos (Mc 1, 12-13). Los cambios que Lucas introduce subrayan tres aspectos: la personificación del diablo en el poderío económico y en el emperador; el afán de poder, prestigio, dinero y dominación serán, para los discípulos, tentaciones permanentes; y, por último, el vencimiento de las tentaciones como modelo de vida de Jesús.
Respecto al rol del diablo, Lucas concede una labor didáctica. Mientras en Mateo parece que el triunfo de Jesús es total (“le dice Jesús: Márchate Satanás…Entonces el diablo lo dejó”, Mt 4, 10-11), en Lucas el diablo “se retira hasta el tiempo propicio” (4, 13), que llegará precisamente, durante la pasión (cf. Lc 22, 39-46). El diablo, por tanto, tiene una función pedagógica para el lector: toda la vida de Jesús, como la de sus discípulos, está permeada por la tentación. ¡Atentos!
Lucas cambia el orden de las tentaciones que tenía en su fuente y coloca al final la segunda tentación. Esto tienen una función pedagógica e histórica. La vida de Jesús se inicia en el desierto y concluye en Jerusalén, como las tentaciones; así, Lucas presenta este relato como una síntesis de la vida de Jesús y del creyente. Se avista la cruz, puesto que estas tentaciones contienen las tres causas de la crucifixión de Jesús: amor total a los hambrientos, a quienes declara bienaventurados; oposición, mediante la no violencia activa, a la divinización del emperador; y, rechazo a la perversión de las Escrituras y a la religión falsa del templo de Jerusalén.
Mons. Romero definió que cuaresma, es el “triunfo del proyecto salvador de Dios en la historia. O sea, que Dios tiene un proyecto para salvar la historia, para salvar a los hombres; y la Cuaresma nos habla cómo triunfa el proyecto de Dios a pesar de las tentaciones de la maldad”1.
1Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 24 de febrero de 1980, tomo VI, San Salvador 2008, 306. 2
