
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 14, 25-33
El texto presenta la enseñanza de Jesús a la gente, la misma que ha dado a sus discípulos (14, 25-27), llamándoles a tomar en serio el seguimiento a su persona. El relato tiene cuatro partes de tamaños desiguales:
a) Descripción de la situación (v. 25). Mucha gente acompañaba a Jesús. Esta multitud será la destinataria de las palabras de Jesús. A estas personas les interesa lo que Jesús dice y hace, puesto que se benefician de su enseñanza y de sus milagros. Jesús adelantándose a cualquier aprovechamiento, en este sentido, se dirige a todos e indica sus condiciones.
b) Dos dichos paralelos, sobres dos condiciones para seguir a Jesús (vv. 26-27). La primera condición: Renuncia a la familia y a uno mismo. La idea de “odiar” a las personas queridas resulta dura, incluso antievangélica, que muchos traducen por “posponer”, siguiendo a Mateo /Mt 10, 37), de manera más suave. Pero, es preferible mantener el verbo “odiar”, tan hiriente, que recuerda a Dt 33, 9. Para los levitas, en el AT, el cumplimiento de la voluntad de Dios está por encima del amor a la familia. Jesús lo reformula en sentido más radical, para seguirlo, hay que odiar a la familia, de la uno procede, la que uno ha formado, y el entorno familiar, que simbolizan el mundo afectivo personal; colocarlos en segundo plano es la gran renuncia. Pero Jesús añade el elemento más duro, que no se menciona a propósito de los levitas: hay que “odiarse” incluso a sí mismo.
La segunda condición: arriesgar la fama y la vida (v. 27). Esta exigencia ya ha salido en el evangelio (Lc 9, 23), Lucas aclara el sentido. El hecho de que se hable de cargar con la cruz cada día demuestra que es algo distinto de estar dispuesto a morir. La muerte en cruz era considerada por los romanos la más cruel e ignominiosa, prevista para graves delitos contra el Estado y la sociedad. Por consiguiente, cargar con la cruz cada día expresa la disposición de soportar la deshonra, el odio y el desprecio de la sociedad, e incluso la muerte. La meta del discípulo es cargar con esta cruz de Jesús.
c) Dos parábolas sapienciales (vv. 28-32), sobre la torre y la guerra. Estas sirven de pausa para reflexionar y desanimar. Lo dicho basta para desanimar a gran parte del gentío. Por si alguno no se ha enterado, Jesús propone dos comparaciones que invitan a no tomar decisiones precipitadas con respecto a su seguimiento, igual a quien decide construir una torre o el rey piensa ir a la guerra. Antes de querer convertirte en discípulo mío, párate a pensarlo. No sea que después fracases y hagas el ridículo. Con estas dos instrucciones sapienciales, el texto reafirma que las cosas no se pueden tomar a la ligera, sino que habrá que repensar y discernir sabiamente.
Tercera condición: renuncia a los bienes (v.33). A la renuncia a los grandes afectos, al arriesgar la fama y la vida, Jesús añade en tercer lugar la renuncia a los bienes materiales. Este dicho no se encuentra en “Q”, es propio de Lucas. Coincide con lo que dice al joven rico, aunque Lucas lo presenta como uno de los principales: “Vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme” (Lc 18, 22-23). En cambio, Pedro, Santiago y Juan, “dejándolo todo, lo siguieron” (Lc 5, 11). También Leví, “dejándolo todo, se levantó y lo siguió” (Lc 5, 28).
Este cierre da una tremenda coherencia en el radicalismo evangélico de Lucas: poder “ser discípulo suyo” (vv. 26. 27. 33) depende, del lado humano, de un odio (renuncia) al honor, fama, al poder, bien sea del dinero, o el del nacimiento, el de la pertenencia religiosa o el de las armas.
Las exigencias anteriores parecen terribles. Sin embargo, al lector del evangelio de Lucas le resultan conocidas. Coinciden con otros casos en los que Jesús habla de las condiciones para seguirlo (Lc 9, 57-62).
Resumiendo, Jesús reanuda el camino a Jerusalén con mucha gente, y por el camino insiste en las exigencias radicales de su seguimiento. La construcción de este texto es muy clara: la frase “no puede ser discípulo mío” constituye la tesis central y subraya el final de cada una de las tres exigencias (vv. 26. 27. 33). Para seguir a Jesús hay que estar dispuesto a renunciar (“odiar”) a los vínculos familiares e, incluso, a buscarse a uno mismo (v. 26); hay que estar dispuesto a cargar con la cruz, es decir, a adoptar el estilo de vida que a él le llevó a su trágico final (v. 27), y hay que renunciar a todos los bienes materiales (v.33). Entre estas tres exigencias se intercalan dos pequeñas parábolas (vv. 28-32) que vienen a decir esto: antes de embarcarte en el seguimiento de Jesús, mira bien lo que haces y calcula tus fuerzas.
El texto presupone un gran realismo y prudencia ante el entusiasmo inicial por el discipulado. Se requiere, como lo ilustran las dos parábolas, el realismo del constructor y la prudencia del rey que enfrenta una guerra. Jesús quiere que evitemos las falsas ilusiones, ya que no basta la buena voluntad para ser su discípulo, y hay que ser sabio para enfrentar los riesgos que la decisión implica. Ser discípulo de Jesús comporta decisiones y riesgos que determinan la vida entera de quien hace la opción.
Mons. Romero dijo: “Jesucristo dice: ponte a meditar tu capacidad de desprendimiento, tu capacidad de cruz. No te estoy ofreciendo yo corona de rosas ni ventajas sociales o políticas. Estoy ofreciendo únicamente la cruz. El que se quiera venir conmigo tiene que estar tan desprendido que el mismo amor a su madre, a su esposa, a sí mismo, no debe ser un obstáculo para seguirme”[1].
[1] Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 4 de septiembre de 1977, San Salvador 2015, 302.
