
P. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Mt 18, 21-35
El texto constituye el final del discurso comunitario de Jesús en Mt 18. Este se divide en dos partes: 1) Diálogo Pedro con Jesús: “¿Cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?” (vv. 21-22). La pregunta del v. 21 plantea el tema que desarrollará el texto. Evitar la exclusión de la comunidad o lograr la reconciliación dentro de ella requiere disposición constante al perdón. Ello es la preocupación de la comunidad de Mateo. Pedro es nuevamente el portavoz. “Entonces se acercó Pedro y le dijo: Señor (como se dirigen a Jesús los discípulos), si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete?”. La pregunta no es lo que debe hacer el ofensor. Ya quedó expresado en 18, 15: “escuchar”, que implica reconocimiento del pecado y petición de perdón. La pregunta de Pedro se centra, por el contrario, en cómo debe actuar el ofendido. El generoso ofrecimiento de perdón no niega la gravedad del pecado ni la responsabilidad comunitaria de reprobar, incluso hasta considerar que se ha convertido en una persona ajena al grupo de discípulos, por la que la oración y la misión se hacen necesarias.
¿Por qué siete? Probablemente se alude a un número indeterminado de ofensas, seguidas, generosamente, del correspondiente perdón. También puede haber un eco de Lv 16 (Lev 19 fue evocado por 18, 15), donde se prescribe, siete aspersiones de sangre sobre el propiciatorio (Lv 16, 14. 19). Lo indudable es que le número de veces prescrito por Jesús es ilimitado: “Note digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Es decir, toda la vida. El perdón sin límites constituye una de las características de la comunidad y del discípulo de Jesús. Esta es la manera concreta con la que Jesús puso límite a la violencia.
2) La parábola de un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos (vv. 23-35). Esta segunda parte se subdivide en las siguientes escenas: a) introducción: v. 23 (24); b) 1º escena: el señor y su siervo: vv. (24) 25-27; c) 2º escena: el siervo y su consiervo: 28-30; d) 3º escena: el señor y su siervo: vv. 31-34; y, e) enseñanza final: v. 35.
a) Introducción: v. 23 (24). El v. 23a introduce la parábola. Un caso que, en su conjunto, como sucede en el reinado de Dios. El reinado de Dios es como un rey. En 18, 1 los discípulos preguntaron sobre grandeza en el reinado, solo para ser correspondido que consiste en un modo de vida marginal (“como un niño”). Aquí la conexión con la figura más poderosa y relevante de un rey sugiere que la parábola se va a desarrollar recurriendo al contraste. En el evangelio, la imagen de los reyes es variable.
Los vv. 23b-24 desarrollan que este rey quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a ajustarlas fue llevado ante él uno que le debía diez mil talentos. Queda situada así la acción en el ámbito sociopolítico. Un mundo que los lectores/oyentes de Mateo probable no conocen personalmente, pero del que “han oído”, y cuyas políticas han repercutido en ellos de manera directa. Aquí la atención es dirigida a la esfera de la economía, a la probable recaudación de tasas y tributos que financian el poder del rey. En particular se dirige la atención hacia uno de los servidores reales. El rey sabe que el imperio es propiedad de quien lo gobierna. Ello permite pedir cuentas.
El rey trata de poner en orden sus asuntos económicos, “ajustar cuentas”. Con tal fin, un siervo es llevado a su presencia. Este servidor tiene particulares responsabilidades en la obtención de ingresos, probablemente mediante la exacción tributaria. A diez mil talentos ascendía la suma que Roma, con Pompeyo, obtenía de la recién conquistada Judea hacia el año 60 a. C. Esta suma ascendió considerablemente según el emperador romano de turno. Por eso la figura evoca a la acción de Roma y refleja nociones proverbiales sobre la riqueza de los reyes y las exacciones opresivas. Además, realza la posición del siervo. La responsabilidad que se le ha confiado lo señala como capacitado para actuar desde los más altos niveles de la administración financiera, como un hombre de gran habilidad e influencia política.
b) 1º escena: el señor y su siervo (vv. (24) 25-27). El v. 25 desarrolla que esta vez esa habilidad e influencia le han fallado. Como no podía pagar, su señor ordenó que lo vendieran a él, a su mujer y a sus hijos, y todo cuanto tenía, para satisfacer la deuda. La cólera del rey es evidente. No haber recaudado la cantidad necesaria puede ser interpretado como una deslealtad o un desprecio de la autoridad real. El versículo subraya el poder del rey (sobre el siervo) con el tratamiento de señor (20, 25). Seguidamente se ejercita esa potestad al ser ordenada la venta del funcionario, de su familia y de sus considerables posesiones. Así el rey muestra que tiene poder de vida y muerte, reafirma su autoridad, castiga al incumplidor y hace de ese hombre un ejemplo para otros.
El versículo 26 contempla que aun cabe el recurso a la gracia. Entonces el siervo postrándose (acto político de proskynesis, postración adoración al rey), dijo: “Ten paciencia conmigo, que te pagaré todo”. El siervo se somete a la autoridad del rey con la promesa de cumplir su voluntad.
El v. 27. Satisfecho en su honor, el rey puede ya permitirse una actitud menos rigurosa. A parte de eso, si el funcionario ha fallado en la entrega, probablemente se deba a imposibilidad de recaudar la cantidad estipulada. Y movido a compasión, el señor de aquel siervo lo dejó marchar y le perdonó la deuda. La referencia a la compasión evoca a Jesús (9, 36; 14, 14; 15, 32; 20, 34). Pero en realidad más que un paralelo hay aquí un contraste entre los reyes (2, 2, “los reyes de la tierra” en 17, 25). El público sabe que la misericordia de Jesús se expresa constantemente en acciones que transforman y benefician a personas desesperadas. Pero la “compasión” del rey no es de esa clase. Él ha otorgado el perdón en beneficio propio, no para mejorar la vida del siervo. De hecho, ahora éste se encuentra todavía más endeudado y en situación de ser controlado mejor. Sus valiosas capacidades y su red de relaciones siguen disponibles para hacer la voluntad del rey. Además, éste ha mostrado magnanimidad al menos a algunos de sus súbditos al renunciar al cobro de la cantidad estipulada, lo cual no es óbice para que más adelante pueda resarcirse por otros medios. El rey ha perdonado de manera calculada, pensando en sí mismo: es el acto generoso ocasional (v. 34) de un tirano.
c) 2º escena: el siervo y su consiervo (vv. 28-30). El v. 18 invierte los papeles. Ahora el siervo está en el lugar del rey. “Pero aquel mismo siervo, al salir, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios”. La similitud del lenguaje une estrechamente este episodio con el recién referido. Concierne a aquel mismo siervo inmediatamente después (al salir) de haber obtenido el perdón real. El compañero es uno de sus clientes, un funcionario de inferior posición en la corte. Aunque importante, la cantidad de cien denarios no constituía una deuda excesiva. Los jornaleros reciben en 20, 2 un denario por día de trabajo. Comparada con los diez mil talentos es incluso pequeña. Puede ser saldada.
Pero la parábola se desarrolla en un mundo marcado por la exigencia y la violencia física. “Agarrándolo por el cuello, le dijo: “¡Paga lo que debes!”. ¿Por qué esta demanda inmediata? Perspicazmente, la parábola se sitúa, junto con la desmesurada acción posterior, en la dinámica de intriga política cortesana. Estaríamos ante una operación de reparación de daños: el siervo principal necesita reafirmar su poder después de la vergüenza sufrida ante el rey, en la que ha quedado expuesta su vulnerabilidad. Por lo que respecta al dinero, el siervo rico podría aplazar el pago de la deuda o incluso perdonarla. Pero lo que está en juego no es realmente dinero, sino poder. Como jefe de funcionarios de nivel inferior, reafirma su poder sobre uno exigiéndole el pago de la deuda. Así envía de paso un mensaje a los demás: todavía conserva poder de vida y muerte sobre ellos.
En el v. 29, el funcionario de menor categoría, al igual que su superior ante el rey (18, 26), sabe cómo comportarse en una situación de este tipo. También él, “postrándose (adoración imperial), le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo, que te pagaré todo”. El término compañero, en vez de cliente, así como el empleo de las mismas palabras, subrayan la semejanza de ambos casos.
El v. 30 enfatiza que el perdonado no perdona. “Entonces fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda”. Su acción es despiadada. La súplica del siervo no basta para restablecer su parcela de dominio: atendiéndola, su poder sobre este y otros inferiores quedaría tambaleante. Necesita actuar implacablemente. No perdonar es, por supuesto, incongruente con la “misericordia” obtenida del rey. Pero, en cierto sentido, hay mucha semejanza entre la actitud de uno y la del otro. Ambos recurren a la intimidación. Ambos reafirman su poder sobre un inferior para dominarlo y, de paso, enviar un aviso a terceros (20, 25). Por parte del rey no ha habido un acto de “misericordia”, sino de control. En cuanto al siervo de menor categoría, metido en prisión hasta que satisfaga la deuda, necesita ponerse bajo la protección de otro que pague por él.
d) 3º escena: el señor y su siervo (vv. 31-34). El v. 31: “Al ver sus compañeros lo ocurrido se entristecieron mucho”. La acción del esclavo poderoso los coloca a ellos en una posición muy vulnerable, sujetos a sus afirmaciones de poder. La única salida que les queda es acogerse a la protección de un patrón más poderoso. “Y fueron a contar a su señor lo que había pasado”.
Los vv. 32-34 afirman que la noticia enoja al rey, que recuerda al esclavo su propia experiencia. “Entonces su señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Yo te perdoné la deuda cuando me lo suplicaste. ¿No debías haber tenido compasión de tu compañero como lo tuve yo de ti? Y encolerizado, su señor lo entregó a los torturadores hasta que pagase la totalidad de la deuda”. ¿Por qué está el rey tan enojado como para revocar el perdón y mandar que torturen al siervo? ¿Obedece su ira a que después de haber beneficiado al siervo con “pura generosidad”, éste se ha desentendido del deber implícito de mostrarla con otros? ¿Lo irrita que el siervo haya desaprovechado la oportunidad de secundarlo en la ruptura del ciclo de explotación iniciada por él? Probablemente no. Hemos señalado que el aparente acto de misericordia del rey en 18, 27 es más un acto calculado de poder y dominación. La cólera del rey parece hipócrita como la acción del siervo. Éste ha actuado simplemente a la manera habitual del rey cuando se trata exprimir al pueblo mediante tasas y tributos.
La reacción del rey debe entenderse en el contexto del poder imperial. Mostrándose inexorable, el siervo ha puesto en evidencia el comportamiento un tanto “blando” de su señor. Aunque al rey el perdón de las deudas le resulta útil, también puede ser interpretado como debilidad. En cambio, el siervo actúa de manera contundente, sin dejar lugar a dudas. Se muestra así más hábil, más temible que el rey, en el juego imperial de poderes, con lo cual no hace sino socavar la posición de su señor. El esclavo, pues, ha puesto dos veces en ridículo al rey, cuyo honor no puede tolerarlo. Ahora la reacción es clara: el rey revoca el perdón y, optando por el perenne recurso de los tiranos, manda torturar al siervo. Obrando así evita otra situación de este tipo y muestra que no es un rey débil, sino poderoso, y también implacable cuando el caso lo requiere.
e) La enseñanza final (v. 35). Hasta este punto el reino de los cielos no ha sido como el reinado esbozado aquí. El rey no ha representado el reinado de Dios y Dios no apoya un reinado opresor. Pero ahora viene una sorpresa. “Así hará mi Padre celestial con cada uno de ustedes si no perdona de corazón a su hermano”. ¡La acción final del rey representa algo que Dios hará! En concordancia con el contexto cultural sugerido por al parábola, ésta termina mostrando que Dios actuará como un rey tiránico si no se hace su voluntad de que se otorgue perdón. Aunque rechaza los métodos intimidatorios descritos, la parábola se vale de la intimidación para inducir a los lectores/oyentes a cumplir la voluntad de Dios. Quien no la cumple, quien no perdona ni sostiene a la comunidad de discípulos, sabe que puede esperar consecuencias escatológicas de la ira de Dios. Las advertencias al respecto abundan en la primera parte del capítulo 18 (vv. 3. 5. 6-7. 8-9) y también en otras mates de la narración de Mateo (7, 15-27; 13, 29-30. 36-43. 47-50; 24).
La estrategia del evangelio puede ser entendida como un enfoque deontologista que da a conocer la voluntad de Dios y previene a los discípulos de las consecuencias de desobedecer. O puede entenderse como una forma teleológica o consecuencialista de argumentación moral que utiliza escenas escatológicas a fin de persuadir o motivar (¿intimidar?) a los discípulos para que hagan la voluntad de Dios. O puede ser vista como un enfoque perfeccionista que insta a los discípulos a discernir lo que es o no apropiado para el reinado de Dios y llevar una vida coherente con ese discernimiento (7, 13-27).
La presente advertencia es introducida con “mi Padre celestial”. Aunque Padre denota el indiscriminado amor de Dios (5, 45-48), ese amor debe producir un modo de vida, del que los discípulos son considerados responsables. La conexión entre ser perdonado por Dios y perdonar ya quedó establecida en 6, 12. 14-15. La misericordia de Dios es una fuerza transformadora que obliga a llevar una vida en la que el perdón es fundamental. Este último versículo de Mt 18 subraya la importancia de tal conexión. El perdón constituye una práctica normativa dentro de la comunidad de discípulos, y faltar a ella (“si no perdonas a tu hermano”) puede tener graves consecuencias. Sobre el vocablo “corazón” como lo medular de una persona, como el centro de su voluntad, pensamiento, conocimiento, decisión, realización (5, 8; 6, 21). Lo que sucede en el corazón de una persona está indefectiblemente relacionado con su manera de vivir (5, 28; 9, 4; 11, 29; 12, 34; 13, 15.19; 22, 37; 24, 48).
El reinado de Dios se asemeja a cualquier otro en que de la desobediencia a quien lo gobierna deriva responsabilidad y eventualmente castigo. Desentenderse de la enseñanza de Jesús sobre el perdón tiene consecuencias escatológicas.
El versículo final tiene un claro objetivo comunitario: “esto mismo hará con ustedes mi Padre celestial si no perdonan de corazón cada uno a su hermano” (v.35). Jesús pide perdonar siempre (v. 22) precisamente porque Dios es así.
