Octavo Domingo del Tiempo Ordonario : final del Discurso de la Llanura (Lc 6, 39-45)

El texto constituye la última parte del discurso de Jesús en la llanura. El discurso cambia de tema. Deja de referirse a los enemigos para centrarse en la conducta con los otros miembros de la comunidad.

Lucas recoge una serie de imágenes que las tituló parábola (v.39a). La mayor parte de este material es conocido por Mateo (Mt 7, 1-5). Exceptuando Mt 15,14 (los ciegos); Mt 10, 24-25 (el discípulo y su maestro); y, Mt 12, 33-35 (el árbol, el ser humano, cf. Mt 7, 15-20).

El relato está dirigido a sus discípulos. Este contiene: a) una introducción (v.39a); b) dos sentencias: sobre los ciegos en forma de una doble pregunta, y, sobre el discípulo y el maestro (vv. 39b-40); c) una sentencia desarrollada sobre la paja y la viga (vv.41-42); y, d) la metáfora de los frutos del árbol (vv. 43-45).

En la introducción Lucas evidencia su predilección por el género parabólico. Ello no indica que todo el texto pertenezca a este género, sino que reúne bajo este género otros géneros, como la sentencia y lo sapiencial.

Las sentencias sobre los ciegos y el discípulo con su maestro pretenden que el lector y auditor elabore su propia respuesta. Estas tienen una finalidad retórica, puesto que buscan construir la personalidad del discípulo. La sentencia sobre la paja y la viga, al igual que las anteriores, pretende salvaguardar la fraternidad en el grupo.

Los hermanos no pueden ver los defectos de su otro hermano sin ahondar en los propios. Ello ayuda a conservar lo fraternal del grupo. Por último, la metáfora, de carácter sapiencial, establece un parallelismus membrorum antitético entre los frutos del árbol y los frutos del corazón humano. El árbol y el ser humano se conocen por sus frutos.

Los discípulos de Jesús no deben ser guías ciegos, ni maestro uno de otro, sino que están llamados a ser hermanos, todos caminando detrás de Jesús. Cada uno debe revisarse antes de fijarse en el hermano, ello permitirá dejar la hipocresía. Asimismo, el discípulo de Jesús debe cultivar el corazón honrado, así como el árbol bueno da frutos buenos. El corazón honrado y bondadoso debe cuidarse en la vida.

En resumen, la enseñanza sapiencial del texto se puede abreviar en estos aspectos. Si te consideras con buena vista para juzgar y condenar a los demás, te equivocas. Estás ciego. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caen en el hoyo.

Si te consideras muy listo y bien preparado para juzgar y condenar a los demás, te equivocas. No eres un maestro, sino un alumno principiante. A lo más que puedes aspirar, después de esforzarte, es a ser como el maestro, cuyo modelo es Jesús.

Si te consideras digno de juzgar y condenar a los demás, te equivocas y eres un hipócrita. Tus fallos son mucho mayores. La basura que tiene tu ojo es mucho más grande que la que tiene tu hermano. La hipocresía es detestable en la vida del discípulo.
Si piensas que cuando juzgas y criticas a los demás o levantas calumnias, lo único que haces es disfrutar o hacerles daño, te equivocas. Te haces daño a ti mismo, porque las palabras que salen de tu boca dejan al descubierto la maldad de tu corazón.

En esta última comparación del árbol bueno y el malo, cada uno con sus frutos, la clave está en las palabras finales: “La boca habla de lo que hay en el corazón del ser humano”. Del hombre bueno nunca saldrán críticas, juicios malévolos ni murmuraciones; solo saldrá perdón y generosidad. En cambio, quien critica, juzga, murmura, revela que tiene el corazón podrido.

El corazón es invisible a los ojos, así como lo es también la raíz y la savia en los árboles. Sin embargo, lo que define el comportamiento humano y al árbol es lo que está en el interior de ambos, y esto se conoce en los frutos. El discípulo está llamado a cultivar el corazón bondadoso, a poner bondad ante toda situación humana, por más cruel e inmoral que parezca. Aquella misma bondad de Dios que hace llover sobre malos y buenos.

Sólo la práctica del amor fraterno puede salvar la humanidad. Con estos pensamientos, preparémonos a vivir la cuaresma que se avecina.

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