
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Jn 13, 1-15
El texto se divide en tres partes: introducción (13, 1), gesto de Jesús (13, 2-5) y dos interpretaciones del gesto: el diálogo con Pedro (13, 6-11) y las palabras de Jesús (13, 1215), esta última interpretación llega hasta 13, 20.
La introducción (13, 1) es un resumen de la vida de Jesús y recapitula el tema de “la hora”. Esta es su vida entera, que culmina en el momento de su muerte en la cruz, momento en el que se manifiesta su amor infinito, entregándose a quien lo traiciona, y en el que se descubre la atrocidad del pecado humano. Esta hora, el texto la define como “pasar de este mundo al Padre”, su Padre ha sido su camino y su meta; es la hora en que él da la prueba máxima de su amor: “los amó hasta el extremo”.
El texto señala que el amor de Jesús viene del Padre, por tanto, gratuito y sin límites, este amor se manifiesta escandalosamente en la cruz, y se anuncia en el gesto de Jesús (13, 4-5). El marco de esta hora es la pascua judía. Jesús es el cordero sin defecto que con su sacrificio libera de la esclavitud, perdona a los verdugos y anuncia un mundo de hermanos.
El gesto de Jesús, lavar los pies a sus discípulos (13, 2-5), es un signo que sugiere una realidad más profunda de aquello que aparenta. Es un gesto en el que Jesús desautoriza una sociedad de esclavos y propone, con su amor, un mundo de hermanos que se lavan los pies unos con otros. Este amor fraterno será la herencia que Jesús entrega, en este caso, a su Iglesia, su comunidad. Jesús no está instituyendo el sacerdocio, pero sí el sacerdocio debe fundamentarse y ser signo de este amor. El texto instruye que lo que recibimos es una Herencia, la del Amor Fraterno. Esto es algo Fontal y desde donde se debe entender aquello que la iglesia ha institucionalizado: la eucaristía y el sacerdocio. El v. 4 demuestra el amor de Jesús mediante seis verbos: se levanta de la mesa, se quita el manto, se ciñe la toalla a su cintura, echa agua en un recipiente, les lava los pies a los discípulos y se los seca con la toalla que lleva en su cintura. El lavatorio sucede entre el quitarse el manto (13, 4) y el volver a ponerse los vestidos (13, 12). Estos verbos, el evangelista los ha presentado en el texto de Jn 10, 1-20, el Pastor que se despoja de su propia vida para dársela a sus ovejas, ofrece su vida y la retoma (10, 18).
El despojo del manto y el amarrarse la toalla serán acciones que Jesús desarrolla en su Pasión. Jesús deja de ser comensal principal en el banquete y asume la identidad del servidor de la mesa, la de un esclavo; avisando que su muerte será un gesto de libertad máxima y un acto de servicio para extirpar la violencia de la humanidad
Se puede entender que el lavatorio de los pies sustituye, en Juan, a la narración del banquete de acción de gracias (eucaristía), porque el gesto de Jesús explica el sentido de su vida, muerte y resurrección y porque en el lavatorio de los pies contemplamos un acto de amor de Jesús, que se humilla, revelando así que Dios es humilde y manifiesta su grandeza y su suprema libertad en la debilidad humana de Jesús. La eucaristía, memorial de su amor, sólo se puede vivir desde los gestos que realiza Jesús en el lavatorio de los pies.

La eucaristía no es un poder, ni un privilegio de la iglesia, es el servicio por realizar, que la comunidad asigna al que la preside en el amor. La herencia del Amor Fraterno está antes de la institución de la eucaristía.
Pedro cuestiona acertadamente la acción de Jesús (13, 6-11), puesto que él no es el superior de Jesús, pero el texto deja claro que él no entiende el significado del gesto. No comprende que Dios quiere un mundo de hermanos, sin superiores y sin esclavos. Pedro sigue sin entender la humildad de su Maestro, y aun cuando Jesús le habla que no tendrá parte en su herencia y decide dejarse lavar, entiende mal, porque cree que la herencia de la que se trataba es de privilegio y de poder, no del estilo de vida del discípulo que debe de ser el su Maestro, el mismo descrito en el v.4.
Las palabras de Jesús (13, 12-15) hacen la aplicación del lavatorio a la vida de los discípulos. Estas sugieren el estilo de vida de la comunidad, cómo deben comportarse los unos con los otros, por eso la pregunta: “¿comprenden lo que he hecho con ustedes?” (13, 12). Jesús siendo el Señor y el Maestro (13, 13), se ha hecho el Servidor de todos. La comunidad (la Iglesia) es llamada a actualizar esta práctica, para dar vida y dignidad a los que están humillados en el mundo.
Este estilo de vida estará caracterizado por la fraternidad entre iguales, en una doble dirección, por una parte, estar dispuestos a hacerse siervos de los hermanos y por otra disponerse a acoger con humildad, gratitud, sencillez y alegría los trabajos que otros hacen por la comunidad. El texto subraya que dicho servicio será un “lavarse los pies unos a otros” (13,14); esto consistirá aceptar los límites, los defectos, las ofensas del hermano y al mismo tiempo que se reconocen los propios límites y las ofensas a los hermanos.
