Padre Manuel Acosta.

Anotaciones al texto de Jn 10, 1-10

El texto en escena forma parte de la sección de Jn 9, 39 – 10, 21. En esta Jesús interpreta su misión a partir del signo realizado con el ciego de nacimiento (Jn 9, 1-38): “he venido para un juicio, para que todos los que no ven vean; y los que ven se vuelvan ciegos” (9, 39). Dicho signo e interpretación provoca reacciones en los fariseos, a lo que Jesús responde con un largo discurso. Este contiene dos alegorías entrelazadas e interpretadas por Jesús mismo: la de la puerta del redil de las ovejas (Jn 10, 1-10) y la del buen pastor (10, 11-21).

Ambas alegorías tienen un tono didáctico: contrastan al que no entra por la puerta y el que entra por esta, este contraste se corresponde con el del buen pastor y el asalariado. Dicha discordancia deja en evidencia que Jesús es la puerta del redil y el buen Pastor de las ovejas. Los otros, que no entran y que no les interesan las ovejas, son ladrones. Esta oposición, que es pedagógica e iluminadora para los oyentes, provoca reacciones adversas en los fariseos, quienes acusan a Jesús de tener un demonio y estar loco (10, 20-21).

El relato como tal, se divide en tres partes: a) Discurso parabólico (vv. 1-5); b) explicación del narrador (v.6); y, c) relectura de la parábola (vv. 7-10).

a) Discurso parabólico (vv. 1-5). Estos versículos evocan la figura del pastor y su relación con su rebaño. Para establecer la identidad del pastor legítimo, el texto opone para empezar dos imágenes. Una, positiva (vv. 2-4: relación pastor-ovejas), está enmarcada por la otra, negativa (vv. 1.5: utilización de las figuras del ladrón, del bandido y del extraño, que no deben ser alegorizadas). El paralelismo antitético (vv. 1-2) revela lo que distingue al pastor legítimo del ilegítimo. El criterio que se invoca para tal distinción es el acceso por la puerta al redil de las ovejas. Mientras que el pastor ilegítimo no tiene acceso autorizado al redil, sino que se introduce por la fuerza, el pastor legítimo tiene ese derecho, como muestra el hecho de que el portero le abra la puerta (v.3a). Por consiguiente, es aquel a quien se le confían las ovejas.

La legitimidad del pastor se explica en los vv. 3b-5 mediante la evocación de la relación única e íntima que existe entre él y sus ovejas. Ellas son suyas, son el objeto de su elección. La terminología utilizada (la “voz”, el “nombre”, “escuchar”, “marchar delante”, “seguir”) tiene un acusado sentido metafórico. El sentido primero es el trabajo cotidiano del pastor del Próximo Oriente, como segundo el sentido religioso. Al describir el vínculo que existe entre Jesús y su rebaño, el texto sugiere por transposición el que prevalece entre Jesús y sus discípulos.

La disposición cruzada o quiasmo, centrado en la escucha y movimiento, estructura los vv. 3b-4. La intimidad relacional que existe entre el pastor y sus ovejas se concreta primero en el reconocimiento recíproco: el pastor conoce el nombre de cada oveja y las ovejas reconocen la voz del pastor. Esta confianza mutua le permite al pastor conducir a las ovejas fuera del redil, a las ovejas “seguir” al pastor.

El v. 5 retoma los mismos motivos (“seguir” y “reconocer la voz”), pero con una doble modificación. Por una parte, se retoman bajo la forma de una imagen negativa; por otra parte, los verbos están en futuro. Debido a su vínculo indefectible con el pastor, las ovejas se negarán en el futuro a dejarse guiar por un usurpador extraño, y la razón que se alega es que no conocen su voz. El efecto de transparencia para las comunidades joánicas resulta perceptible.

Este discurso parabólico es bastante claro: el papel de cada personaje de la imagen está bien trazado, de modo que la transparencia del sentido primero y segundo se hace sin dificultad. La transparencia puede basarse en dos ámbitos: la referencia a la práctica pastoril en el medio rural comporta una lectura minimalista, mientras que la referencia sesgada a la tradición del Antiguo Testamento activa una lectura más compleja. En todo caso, es importante atender a los elementos que ha seleccionado el narrador entre todos los posibles que le ofrecía la relación de un pastor con su rebaño para construir un discurso parabólico. Se ha concentrado en la venida legítima del pastor junto a sus ovejas, luego en el hecho de que las conduce tras él y les habla. Esta elección sugiere que el narrador quería centrase en el acontecimiento histórico y único de la revelación de Dios en Jesús.

b) La explicación del narrador (v.6). Este versículo añade un comentario para explicar el estatus del discurso que acaba de pronunciar el Jesús joánico. Lo califica de “discurso metafórico/enigmático” (paroinomía). El sentido de este vocablo es controvertido. En la literatura antigua designa o bien un género literario, y en este caso significa “proverbio”, o bien una forma de expresarse metafóricamente, y por tanto se traduce por “discurso metafórico” o “discurso enigmático”. Por otra parte, cuando este término se utiliza para indicar un modo de hablar, no se refiere en primer lugar al aspecto hermenéutico del discurso, sino sugiere que este requiere ser interpretado.

En el evangelio de Juan, el vocablo “paroinomía” se usa cuatro veces (10, 6; 16, 25 [2x]. 29), nunca en el sentido de “proverbio”, sino siempre como modo de hablar. En las cuatro ocasiones, se pone en relación con la comprensión o incomprensión de los destinatarios del discurso.

El discurso parabólico de los vv. 1-5 choca con la incomprensión de los fariseos (no entendieron) y sigue siendo para ellos un discurso enigmático, no porque sea oscuro, sino porque no han percibido la identidad verdadera de Jesús. Solo quien ve en el que habla, Jesús, al Enviado del Padre, comprende el sentido verdadero de sus palabras. Este discurso “enigmático” requiere una clarificación, sobre todo a nivel cristológico. Este es precisamente el objeto de la relectura de los siguientes versículos.

c) Relectura de la parábola (vv. 7-10). Estos versículos se centran en la identificación de Jesús con la metáfora de la puerta (dos veces “Yo soy la puerta”, vv. 7.9). La repetición de la fórmula “amén, amén les digo”, en el v. 7, marca una nuevo comienzo: el de la relectura de los vv. 1-5. La declaración “Yo soy la puerta de las ovejas”, en sentido literal, es absurda; Jesús no es una puerta. La tensión que resulta de esta inesperada puesta en relación de una persona (Jesús) y un objeto (la puerta) requiere una interpretación que convierta esta contradicción aparente en una contradicción con sentido. Se opera un deslizamiento de significado: la puerta pasa a representar la apertura, el paso, el acceso. Este enunciado metafórico establece así el papel único y exclusivo del Jesús joánico: él es la única persona por la que es posible tener acceso al pueblo de Dios. Pero a la vez eso significa que la oveja accede al redil por la relación con Jesús; por él una persona se convierte en miembro del pueblo de Dios.

El v. 8 es el comentario polémico, que refuerza esta interpretación. Al que da acceso legítimo se oponen quienes traicionan esta misión. La expresión “todos los que han venido antes de mí”, suponiendo que el “antes de mí” forme parte del texto más antiguo, no designa a las grandes figuras veterotestamentarias, de cuya legitimidad no hay la menor duda, sino a todos los que, antes que Jesús, han pretendido ser portadores de la revelación escatológica. Los predicados “ladrones” y “bandidos” ponen de manifiesto su papel ilegítimo (se atribuyen lo que no les pertenece) y destructivo (agreden a las ovejas). Su acción nefasta no consigue engañar; es desenmascarada por sus propias víctimas, que niegan escucharlos, puesto que lo que constituye su identidad es su relación con Jesús.

El v. 9 comienza con la repetición del enunciado metafórico “Yo soy la puerta” (v.9a), pero para formular su dimensión soteriológica (v. 9b). El comentario que sigue a la declaración juega con un campo semántico ligado a la noción de “puerta” (“entrar”, “salir”, “hallar pasto”), a la vez que introduce un nuevo verbo “salvar”. El Antiguo Testamento conoce bien este lenguaje (Sal 118, 19-20; Sal 23; Ez 34, 14). Dos observaciones. Primero: el que entra por la puerta que es Jesús entabla una relación que le asegura la salvación; segundo: la metáfora “encontrar pasto” designa el don de la vida en plenitud.

El v. 10a vuelve a introducir un contraste polémico al evocar, por oposición a Jesús, el papel nefasto del ladrón, cuya actuación es caracterizada con tres verbos: robar, degollar, dar muerte. Su sucesión describe una progresión que va desde el despojamiento a la muerte pasando por la destrucción. El último verbo, “dar muerte”, es la antítesis de “salvar”; designa a la vez la muerte y la perdición escatológica. En este sentido, el v. 10a radicaliza el comentario del v. 8: los “ladrones” no solo son descalificados, sino que su actuación representa un peligro mortal para el rebaño.

El v.10b concluye abandonando el lenguaje metafórico y reformulando el sentido principal de la misión de Jesús: dar la vida y darla en plenitud. De forma típica joánica, la salvación es presentada como el don presente de la vida en sobreabundancia (Jn 3, 16; 5, 24; 6, 40.51; 11, 25; 20, 31).

Mons. Romero decía: “el que no entra por la puerta, que es Cristo, es un ladrón; y solamente el que entra por Cristo y en su nombre predica y anuncia su palabra, ese es pastor. Este es el criterio: entrar por la puerta de Cristo[1]. Papa Francisco afirmó que: “si te gusta el dinero, no te metas en política, pero tampoco en el Seminario[2]. Entonces si se entra a la Iglesia por otra puerta que no sea la de Jesús, se llega a destruir.


[1] Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 16 de abril de 1978, tomo II, San Salvador 2005, 429.

[2] Cfr. http://es.aleteia.org/2016/11/05/. Consultado el 27 de abril, 3.00 pm.

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