UNA ILUMINACIÓN BÍBLICA ACERCA DE LA SINODALIDAD

Pbro y Dr Luis Alonso Coto

El término «sínodo» es la transcripción al castellano del griego «synodos», compuesto de la preposición «syn», que indica compañía, y el sustantivo «hodós» (el camino, el sendero). Expresa la idea de caminar juntos por un mismo camino, la acción convergente de varias personas para un mismo fin. Pero es más que caminar juntos, es parte de un proceso hacia una meta. En la versión griega del Antiguo Testamento (LXX) este término aparece una sola vez (Jer 9, 2).

En el Nuevo Testamento no aparece esta palabra, synodos, pero la idea de “caminar juntos con un mismo fin está presente de muchas formas tanto el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Y esto lo observamos, aun cuando no se utilice el término sínodos, pero prácticamente desde las primeras páginas se nos muestra que los seres humanos no recorren pasivamente este itinerario llamado “historia de la salvación”, sino que todos, de una u otra manera, se muestran corresponsables.

 En el Antiguo Testamento

  1. Desde el momento de la creación, Gen 1, 26, el ser humano como imagen y semejanza de Dios es creado para “domine” sobre todas las especies animales. Por su condición de “imagen y semejanza” de Dios es designado para “dominar”. Aparecerán otros textos en los cuales se habla de “dominio” (Gen 1, 28), pero que va acompañado de una “bendición”. Por voluntad divina los seres humanos deberán ejercer su dominio sobre este mundo que acaba de ser creado por Dios. En esto podemos observar lo siguiente: Que el ser humano aparece en el mundo así como es querido en el Plan de Dios: todo ser humano es co-responsable en la tarea de llevar al mundo a la perfección querida por Dios; en otras palabras, está llamado a “colaborar con Dios” custodiando el universo y orientándolo hacia su meta. Esto pertenece a cada uno de los seres humanos.
  2. Esta misma enseñanza la encontramos en el Salmo 8, citamos aquí unos versículos:

«Lo hiciste poco inferior a los dioses,

Lo coronaste de gloria y esplendor,

Le diste el dominio sobre la obra de tus manos;

Todo lo pusiste bajo sus pies…«

En el Salmo los seres humanos siguen siendo los “reyes” de toda la creación, y de ninguna manera aparecen como sometidos a otros seres humanos. En el fondo de todo esto, “Dios creo al ser humano, varón y mujer, a su imagen y semejanza como un ser social llamado a colaborar con Él caminando en el signo de la comunión, custodiando el universo y orientándolo hacia su meta (Gen 1, 26-28)”.[1]

  • En el contexto de la Alianza. Encontramos varios textos que pueden iluminar nuestro propósito (cf. Ex 19, 3-8; Ex 24, 3): El pueblo está decidido a aceptar las normas establecidas por Dios. Los textos enfatizan el hecho que los israelitas intervinieron por unanimidad, a una sola voz, en las decisiones que lo configuraron como Pueblo de Dios. Hay una propuesta de parte de Dios y una aceptación y compromiso asumido por el pueblo. Esto quiere decir que el pueblo no tiene un papel pasivo, sino que actúa como artífice de su propia historia.

En el Nuevo Testamento

  1. Las comunidades paulinas. Pablo sabe que en algunas comunidades hay ciertos problemas en relación a la unidad (cf 1 Cor). Por tal motivo el apóstol responderá a la comunidad prestando especial atención a los carismas que muestran algunos de sus miembros. En su presentación sobre los carismas (derivado del griego járis= gracia). El carisma es entonces el favor, el beneficio, el regalo que se hace a la persona por la que alguien se siente atraído. Ahora cuando se utiliza en la Sagrada Escritura se destaca el aspecto de gratuidad. Dios no otorga un “carisma” como un “premio” merecido por la persona que lo recibe, sino como una capacidad para que lo ejerza al servicio de los demás. De ahí entonces que en la 1a Carta a los Corintios el apóstol dirá que los carismas son dones que el Señor concede a todos los cristianos con el fin de que los ejerzan para el bien de todos los miembros de la comunidad entendido ésta como un “cuerpo”. Y bien, San Pablo recurre a esa figura del “cuerpo” y la utiliza introduciendo una novedad: los participantes de las comunidades cristianas son presentadas como miembros de una persona viviente que es Jesucristo: “Todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo” (1 Cor 10, 17; cf Rom 12,5).

Esto nos lleva a ver que como “cuerpo”, así como sucede en el cuerpo humano, donde cada miembro cumple una función para la vida de todo el cuerpo, y si un miembro deja de funcionar se puede producir la muerte, así también en la Iglesia; Dios ha dado a cada fiel un carisma para que desempeñe una función en beneficio de toda la comunidad como miembro dentro de un cuerpo. Es esto lo que lleva a todos y todas a una verdadera participación de los miembros. En unión con Cristo y en el dinamismo del Espíritu Santo, cada uno y cada una con su propio carisma, de manera responsable, contribuye al crecimiento y a la consolidación de la comunidad como un cuerpo. Y esto se hace en unión con los demás.

  1. A la hora de tomar decisiones importantes para la comunidad. Hay varios textos que pueden iluminar para el tema que tratamos aquí: la sinodalidad. El primero es Hechos de los Apóstoles 7, 1ss. donde aparecen los primeros conflictos en la comunidad entre “helenistas” y “hebreos”. Los primeros que se iban uniendo a las primeras comunidades y con un trasfondo religioso y cultural distinto a los segundos, que eran más tradicionales y guardaban más las costumbres. Se trata de buscar juntos una solución pastoral, especialmente el servicio de la caridad para con los pobres y las viudas, que parece estar siendo descuidados por priorizar otras funciones pastorales.

De ahí surgen ministerios. Está claro que el problema de la falta de atención a cierto sector de las viudas afectó a toda la comunidad, y fue presentado a toda la asamblea cristiana. Esta, junto con los Doce, decidió elegir a un grupo de helenistas para que se ocupara de la tarea específica de atender las mesas de las viudas. Este procedimiento fue seguido por las comunidades nacientes.

  • La asamblea de Jerusalén (Hechos 15, 1ss): Situación de judíos y paganos en las comunidades cristianas. Este fue un momento dramático para las comunidades. Hay una discusión entre los mismos cristianos (Hch 15, 2). Está en juego el futuro de la Iglesia. La cuestión de fondo: ¿Debía el cristianismo naciente continuar de manera rigurosa lo prescrito en el judaísmo, conservando todas las leyes y tradiciones del pueblo de Israel o si estaría abierto a todas las naciones? Se realiza la reunión de los apóstoles y misioneros. Juntos tienen que hacer un discernimiento para llevar adelante la misión encomendada de anunciar el Evangelio, y ahora ante un nuevo desafío pastoral: la incorporación de los gentiles a la vida de la comunidad.

Concluyendo: la sinodalidad tiene su fundamento en la Sagrada Escritura. Dios camina con su Pueblo y el Pueblo camina con su Dios. Dios llama a su Pueblo para que sea corresponsable en anunciar a todos sus proyectos de salvación en Jesucristo.


[1] Comisión Teológica Internacional…, Sinodalidad, n. 12

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