Un servicio a la educación y a la cultura
Pbro y Dr. Juan Vicente Chopin
Presidente de COOPESA
El propósito de esta nota es presentar la revista oficial de la Sociedad Cooperativa Sacerdotal Ltda. «ARS», que se entiende como una revista digital al servicio de la educación y la cultura, que contribuya a la formación permanente de los Socios de Coopesa; además, como un espacio de difusión de artículos independientes con contenido interdisciplinar (cfr. Misión). Con este espacio lo que se busca es proporcionar herramientas de análisis sobre la realidad socio eclesial, para el análisis crítico y la formación permanente (cfr. Visión). Entre sus valores destacan: el cooperativismo, el respeto a la diversidad de pensamiento, la solidaridad y la fraternidad. Este esfuerzo editorial es coordinado por el Comité de Educación y Cultura en acuerdo con los cuerpos directivos de la Coopesa y en beneficio de los sacerdotes asociados.
La Revista ARS surge en el contexto eclesial de la sinodalidad, que define uno de los componentes esenciales de la Iglesia, en consonancia con la tradición cristiana. La recuperación de una Iglesia sinodal es un deseo expresado por el Papa Francisco, quien proyecta para el año 2022, en el marco de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, tratar dicho tema.
Por una Iglesia sinodal: en comunión, participación y misión
Según el Papa Francisco «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio» y plantea esta tesis, puesto que considera que «debemos proseguir por este camino. El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión»[1]. En la afirmación principal, la sinodalidad no es vista solamente como algo funcional o estructural, sino como algo teológico, inscrito en el plan salvífico de Dios. Dicho plan tiene un despliegue histórico-sacramental en tres perspectivas: comunión, participación y misión.
Continúa diciendo el Papa, que la palabra «sínodo» (de la preposición σύν, y el sustantivo ὁδός, caminar juntos) «es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica»[2]. De hecho, en la praxis eclesial, son muchos los casos en que se han puesto en peligro o se han roto la comunión, la participación y la misión, por falta de una adecuada comprensión de la sinodalidad. En este sentido, la Iglesia sinodal es una «Iglesia de la escucha», pero no como un eufemismo, como quien hace ademán de escuchar, sino una escucha efectiva, no solamente de la jerarquía, sino también y principalmente, escuchar al pueblo fiel.
La primera expresión de la sinodalidad es la comunión. Aunque el término y el concepto de sinodalidad no se encuentren explícitamente en la enseñanza del Concilio Vaticano II, sin embargo, el sentido de «caminar juntos» ha sido bien expresado en el concepto de comunión, que describe la esencia del misterio y de la misión de la Iglesia, configurada a partir del banquete eucarístico.
Este argumento obliga a distinguir los conceptos de sinodalidad y colegialidad: «mientras que el concepto de sinodalidad se refiere a la corresponsabilidad y a la participación de todo el Pueblo de Dios en la vida y la misión de la Iglesia, el concepto de colegialidad precisa el significado teológico y la forma de ejercicio del ministerio de los obispos en el servicio de la Iglesia particular confiada al cuidado pastoral de cada uno, y en la comunión entre las Iglesias particulares en el seno de la única y universal Iglesia de Cristo, mediante la comunión jerárquica del Colegio episcopal con el Obispo de Roma»[3].
En segundo lugar, «una Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable. […] articular la participación de todos, según la vocación de cada uno, con la autoridad conferida por Cristo al Colegio de los Obispos presididos por el Papa. La participación se funda sobre el hecho de que todos los fieles están habilitados y son llamados para que cada uno ponga al servicio de los demás los respectivos dones recibidos del Espíritu Santo»[4].
Finalmente, este impulso de una Iglesia sinodal pone a la misión como uno de sus elementos constitutivos. Para el pontífice, la sinodalidad no se refiere solo al ministerio jerárquico, sino también a lo que la tradición llama el sensus fidei fidelium;es decir, el cometido de la evangelización es tarea de todos los bautizados y no solo de algunos especialistas o de los miembros de la jerarquía. Esto lleva a pensar que esta dimensión es inclusiva de los bautizados que evangelizan en otras expresiones del cristianismo, es decir, hasta el ecumenismo. Así, «la sinodalidad se vive al servicio de la misión»[5].
En conclusión, la propuesta de una Iglesia sinodal nos sitúa en el proceso constante de conversión pastoral y misionera, manteniendo un equilibrio respecto al desafío siempre presente de no clericalizar a los laicos y de no secularizar a los clérigos. En modo específico se trata de no concentrar la responsabilidad de la misión en el ministerio de los Pastores; tener un mayor aprecio de la vida consagrada y de los dones carismáticos; valorar más y mejor el aporte de los fieles laicos, y en particular, de las mujeres. Todo ello, desde una espiritualidad de escucha y diálogo. Así, la Revista ARS se inscribe en este proceso de caminar juntos, con la parresía del Espíritu en el proceso de edificación del Reino de Dios. La sangre de los mártires nos inspira.
[1] Francisco, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015): AAS 107 (2015) 1139.
[2] Ibídem.
[3] Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (2 de marzo de 2018).
[4] Ibídem.
[5] Ibídem.
