
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Mt 3, 13-17
El texto sigue el relato de Mc 1, 9-11, par Lc 3, 21-22[1]; y, puede dividirse en las siguientes partes: 1) presentación de Jesús (v. 13). Él niño, ahora adulto, llegó de Galilea al Jordán, a Juan para ser bautizado. El verbo llegar denota acción voluntaria de Jesús, atendiendo a la voluntad de Dios. La alianza entre Juan y Jesús sugiere que ambos están de acuerdo en la inminencia del juicio, en el carácter pecaminosos del presente y en la necesidad del arrepentimiento para escapar a la ira de Dios.
2) diálogo entre Juan y Jesús (vv. 14-15). El versículo 14 afirma que Juan trataba de impedírselo. Juan reconoce a Jesús como aquel del que ha hablado en 3, 11-12. La predicción de Juan sobre uno “que viene detrás de mí” es correcta, y su predicación fiable. Además, su resistencia a bautizar a Jesús está en consonancia con la humildad que ha manifestado en 3, 11. Actuando coherentemente con sus expresiones, Juan muestra una integridad de palabra y acción que este evangelio valora. Asimismo, al reconocer que necesita el bautismo de Jesús, Juan ejemplifica la respuesta receptiva que pide de sus oyentes en los vv. 11-12. El griego del texto enfatiza los pronombres yo, ti, tú, mí, que marcan el contraste entre las dos figuras.
En el v. 15, Jesús manifiesta su autoridad: “Sea así ahora”. La palabra inicial de Jesús es un imperativo (“sea”) que requiere obediencia inmediata (“ahora”). Y la explicación que ofrece de su bautismo es porque conviene que así cumplamos toda justicia/rectitud. El verbo cumplir no significa simplemente, como algunos han propuesto, hacer la voluntad de Dios. Con este significado, el evangelio emplea más frecuentemente tres verbos: hacer, guardar y observar. El verbo cumplir ya ha aparecido en 1, 22; 2, 15.17.23 para introducir una cita de la Biblia hebrea. Indica que lo que está sucediendo es en ministerio de Jesús (o en las circunstancias que lo acompañan) es conforme a la voluntad de Dios anteriormente declarada en las Escrituras y la lleva a efecto o la realiza. ¿Cuál es la justicia realizada a través del bautismo de Jesús?
El evangelio emplea el vocablo dikaiosynê (justicia/rectitud) siete veces (3, 15; 5, 6.10.20; 6, 133; 21, 32), y se han propuesto cuatro significados: la actitud salvífica de Dios; cumplimiento de los mandatos de Dios por los hombres; ambos elementos están presentes: el don de Dios y la acción humana; y, no hay una continuidad en el uso del término y es preciso determinar el significado caso por caso. ¿Cuál de estas posiciones es la acertada?
En la raíz, dentro de la tradición hebrea, justicia/rectitud no es, como en el pensamiento griego, un ideal por el que puedan ser medidas las acciones, sino la actuación fiel a los vínculos y compromisos. Dios es recto o justo en cuanto que actúa con fidelidad a los compromisos de la alianza para salvar y liberar al pueblo. Así, por ejemplo, salvación/salvador y liberación/rectitud son términos paralelos aplicados a acciones salvíficas de Dios en Sal 51, 14; 65, 15; Is 46, 13; 51, 5-8. Que el pueblo de Dios o los reyes de Israel sean o no rectos o justos depende de que se muestren fieles o no a los imperativos de la alianza. Así, en el Sal 72, el Salmista ruega que el rey obre con “justicia” (vv. 1.2.7), y actúe con fidelidad a la alianza defendiendo al pobre, auxiliando a los necesitados. Las acciones no rectas o injustas son acciones no fieles a las exigencias de la alianza.
La justicia de Dios y la justicia humana no están aisladas ni son independientes entre sí. Dios da justicia o rectitud al rey (Sal 72, 1); las acciones que el rey ha de llevar a cabo se atribuyen una y otra vez a Dios, y el salmo termina reconociendo que Dios es el “único que hace cosas maravillosas” (v. 18).
En el caso del texto, se sugiere que justicia es dones de Dios y acciones humanas (significado tres). Dios se muestra muy activo en la escena (3, 16-17), al igual que Juan y Jesús en administrar y recibir el bautismo (conviene que así cumplamos). La orden de Jesús a Juan indica que la acción salvífica de Dios, anteriormente dada a conocer por las Escrituras, es realizada en las acciones de Jesús y Juan. Sobre esta base, Juan consintió en bautizarlo.
3) Epifanía de la filiación de Jesús (vv. 16-17). El v. 16. ¿Cómo realiza el bautismo de Jesús la voluntad salvífica de Dios (cumpliendo toda justicia)? Los vv. 16-17 responden a la pregunta presentando a Jesús como aquel de quien las Escrituras han revelado que es el agente de los planes salvíficos de Dios. La explicación llega después de que Jesús, habiendo sido bautizado, salió del agua. Llega como una epifanía/revelación a Jesús: de repente le fueron abiertos los cielos. La apertura de los cielos para revelar un conocimiento divino era un tema común tanto en la literatura judía (Ez 1, 11) como en la romana.
El empleo de la voz pasiva en “fueron abiertos” indica acción de Dios. La cita casi exacta de Ez 1, 1 en esta frase, junto con el escenario similar – junto a un río – de la visión, vinculan a Jesús y Ezequiel. El vínculo evoca el destierro de 587 a. C., por obra del poder imperial babilónico y la liberación de él llevada a cabo por Dios. Tal liberación recuerda al éxodo, cuando Dios salvó a los israelitas del poder del faraón haciéndolos pasar entre las aguas (Is 43, 14-21).
En Jesús prosigue esos planes de salvación y liberación del poder que oprime. Con el ministerio de Jesús tienen inicio el tiempo y los acontecimientos que conducirán a la salvación del castigo infligido por Roma a Jerusalén y al pueblo. Jesús perdona los pecados (9, 1-8; 26, 28), crea una comunidad alternativa que reconoce el reinado de Dios (4, 17-22) y anticipa su propio regreso para establecer plenamente ese reinado (24, 27-31). El evangelio sustituye una forma de imperio por otra, marcada por la justicia y la misericordia.
La revelación constituye una experiencia visual (y vio) y auditiva (una voz). Jesús vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre él. El Espíritu de Dios, ya activo en la concepción de Jesús (1, 18.20), está ahora vinculado a su ministerio. Recuerda el anuncio de Juan en 3, 11 de uno que bautizaría con el Espíritu. Jesús recibe de este modo el Espíritu, que, como ha Juan, hará llegar a otros. Se integra, pues, a una serie de personajes sobre los que el Espíritu ha descendido: Gedeón (Jue 6, 4), Sansón (Jue 15, 14), Saúl (1Sm 10, 6), el rey davídico (“el retoño de Jesé”, Is 11, 1-6). Es así ungido por Dios para predicar y para liberar a los oprimidos (Is 61, 1; 42, 1). Es el Cristo/Mesías (el “ungido”, 1, 1.16.17.18) a través del cual actúa el Espíritu, como esperaban varias tradiciones.
El Espíritu de Dios refleja Gn 1, 2. El nexo del génesis entre agua y Espíritu (y como una paloma, así Gn 1,2) continua el tema de la nueva creación. La paloma, evocando la suelta de una de esas aves por Noé (Gn 8, 8), refuerza el tema de la “nueva creación/nuevo comienzo”.
La paloma es relacionada con el Espíritu que autoriza a Jesús, el hijo amado de Dios, como su agente. Dios está iniciando todo un mundo nuevo, un modo de vida alternativo, porque las estructuras actuales del imperio de Roma, aliado con la élite social y religiosa de Israel, no corresponden a las intenciones divinas. Dios completará su obra salvífica cuando, en un momento aún futuro, para instaurar plenamente su reinado, se produzca el regreso de Jesús.
El v. 17 sigue la revelación. “He aquí que una voz procedente de los cielos decía”. Mientras que la voz de Juan es una voz en el desierto (3, 3), ésta es una voz procedente de los cielos, la morada de Dios (5, 34; Is 66, 1). Dios habla directamente. Numerosas tradiciones celebran el poder y la Palabra de Dios en la creación (Gn 1) y en los asuntos humanos (Sal 29; Is 55, 11). La palabra de Dios concierne aquí a la identidad de Jesús. “Este es mi hijo amado, en quien me complazco”. Jesús es identificado como hijo de Dios en 2, 15; pero la repetición del vocablo en discurso directo de Dios subraya su importancia.
¿Qué significa llamar as Jesús mi hijo? Las palabras de Dios parecen reflejar cuatro pasajes bíblicos, relativos a: a) el siervo doliente de Is 42, 1-4, mi hijo/siervo, el amado. Identifica a un hijo o siervo que a veces parece ser Israel (Is 49, 3) y a veces una persona o grupo en misión a Israel (Is 49, 5-6). Esta figura no tiene carácter divino. Es ungida por el Espíritu para que salve a Israel y a los gentiles, no mediante el poder imperial y la fuerza destructiva, sino proclamando la justicia y sufriendo las consecuencias de ello. Este pasaje se aplica a Jesús en Mt 12, 18-21. Jesús es el siervo elegido que libera de poderes opresores e instaura la justicia de Dios para judíos y gentiles.
b) El rey, sal 2, 7, un salmo real: mi hijo; celebra la coronación del rey davídico, cuya tarea como hijo o agente elegido, es representar el justo reinado de Dios sobre la tierra. El Espíritu desciende sobre Jesús, hijo de David (1, 1. 6. 17). La misión de Jesús es salvar del pecado y manifestar la presencia divina (1, 21. 23) es representar el reinado de Dios.
c) El relato del sacrificio de Isaac (Gn 22). Aquí se evoca la promesa de Dios a Abrahán de que por su descendencia serán bendecidas todas las naciones, promesa cuyo cumplimiento habría sido puesto en peligro con la muerte de Isaac. Abrahán confía en Dios, no dudando en llevar a su hijo al sacrificio, y Dios se muestra fiel aportando salvación. Jesús tiene la misión de hacer que todas las naciones sean bendecidas, cometido que implica su propio sacrificio.
d) Por último, Israel (Ex 4, 22-23), “mi hijo”. El texto narra parte de la insistencia de Dios por liberar al hijo de Dios, el pueblo de Israel, de la opresión del faraón. Al pasar entre las aguas, Jesús continúa la obra liberadora de Dios. El siervo y el rey representan a Israel. Jesús bautizado en el río Jordán, representa a Israel y evoca el relato del éxodo. Las referencias a Abrahán y al siervo indican la importancia de Jesús para los judíos y para los gentiles.
Dios se complace. Su revelación de la identidad de Jesús (1, 18-25; 2, 15) no tienen lugar en el centro, en presencia de la élite política, social, económica y religiosa, y con la aprobación o permiso de ella. Dios está activo en las afueras con aquellos que se atreven a contemplar un presente distinto y un modo de vida alternativo y futuro. Mediante el ministerio de Jesús y la narración de él se ofrece la oportunidad de participar en el reinado justo y liberador de Dios en anticipación a su instauración plena.
El bautismo de Jesús por un personaje marginal y en un lugar marginal cumple toda justicia/rectitud revelar que Dios ha elegido a Jesús (mi hijo amado) para que lleve a cabo la misión concerniente a la justicia y el reinado liberadores, la nueva creación de Dios. Las diversas tradiciones escriturísticas explican la tarea de Jesús de salvar de los pecados y manifestar la presencia de Dios (1, 21. 23). Haciéndose bautizar, Jesús acepta esa misión. Quienes lo sigan continuarán su cometido de proclamar y encarnar el reinado de Dios, frente a la inevitable oposición de los que tienen intereses personales en defender el statu quo.
[1] Puede verse también Jn 1, 28-34.
