Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Mt 2, 1-12

El texto presenta, por una parte, la oposición al nacimiento de Jesús por parte de Herodes; y, por otra, la adoración y apertura de los cofres por parte de los magos, quienes eran procedentes de la gentilidad.

El v.1 es la nueva referencia al nacimiento de Jesús, como 1, 25 confirma la eficacia de las palabras de Dios pronunciadas a través del ángel (1, 20-21) y recogidas anteriormente en las Escrituras (1, 22-23). La noticia identifica el lugar y la época del nacimiento. Aconteció en Belén de Judá, un pueblo pequeño, no un centro como Jerusalén. El lugar tiene una historia conectada con la realeza. David fue ungido en Belén (1Sam 16, 1-13). Jesús, hijo de David (1, 1.17. 20-25), nació en tiempos del rey Herodes, representante y vasallo de Roma. No se ofrece información sobre la brutalidad de Herodes sino hasta 2, 13-19.

Acontece algo inusitado: unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén. La idea que se tenía en Jerusalén sobre Oriente era negativa. Los magos no eran reyes ni “hombres sabios”. La narración evangélica los presenta como figuras ambivalentes. Estos eran gentiles. Pero en contraste con otras personas de esa condición (6, 7; 8, 34) reaccionan favorablemente a las acciones de Dios con respecto a Jesús. Son itinerantes en contraste con Jerusalén, la sede del poder. Los magos viajan a Jerusalén, la Sión, la ciudad santa, pero el liderazgo político y religioso pone en tela de juicio estas designaciones.

El v. 2 revela la finalidad de los magos, así como su ingenuidad política y su ignorancia. El conocimiento que tienen del nacimiento de un rey especial proviene de una estrella. Pero no saben quién es el rey ni dónde está. Ellos han percibido algo que estaba a la vista de todos. Asimismo, tienen bastante coherencia para dar noticia de ello, bastante interés para viajar una considerable distancia en busca de la persona especial anunciada por la estrella, bastante perspicacia para entender que la estrella atestigua el nacimiento de un rey y bastante discernimiento para entender que la adoración es la respuesta adecuada. Irónicamente, Dios revela por este medio a los magos algo de verdadera importancia.

Los magos manifiestan lo que los ha impulsado a ponerse en camino: y hemos venido a adorarlo. La adoración expresa adhesión a Dios (Ex 20, 5; Dt 5, 9). Pero el término adoración (proskynesis) es también político y designa postración exigida, sobre todo en Oriente, al saludar a un gobernante (4, 9-10). Los magos no han extendido esa muestra de sumisión al rey Herodes. Han hecho su elección.

El v. 3 presenta la reacción de Herodes, se inquietó, y toda Jerusalén con él. El verbo inquietarse recuerda la reacción del rey Baltasar en Dn 5, 9 frente a la incapacidad de sus consejeros para interpretar “los escrito en la pared”. Herodes tiene una preocupación especial por la firmeza de su trono, a pesar del apoyo romano. Los magos y la estrella son para él motivo de inquietud por cuanto ponen en peligro la estabilidad política atestiguando la existencia de otro rey (27, 11. 25. 29. 37. 42). Al informar a Herodes sobre la estrella y preguntarle por un rey, los magos cometen una ingenuidad política. Pero, además, dada la tradición de problemas de magos con reyes (como la oposición de Balaán al rey Balac, Nm 22-24), su pregunta marca inevitablemente el inicio de un conflicto, puesto que el rey Herodes era conocido también como rey de los judíos.

Herodes es acompañado en la inquietud por toda Jerusalén. Dado el contraste entre la marginal Belén y el centro dominante de Jerusalén, la expresión (toda Jerusalén) no puede interpretarse como que todos los judíos se sentían inquietos a causa de esa amenaza contra la posición de Herodes y rechazaban a Jesús, a diferencia de los gentiles, dispuestos a adorarlo. Más bien la disparidad con en el v.1, existe entre el centro, con su poderosa, pero ahora preocupada élite, y los márgenes, supuestamente carentes de poder e insignificantes. En los planes de Dios, Belén es el lugar de la nueva creación, y Jerusalén el lugar de la inquietud y el temor porque las acciones de Dios amenazan derechos adquiridos e intereses de la minoría en el poder.

El v. 4. Herodes toma la iniciativa. Reunió a todos los jefes de los sacerdotes y a los escribas, es decir, su concejo. Ellos son la élite que forman el sector de las clases gobernantes que, en alianza con Roma, sostienen la estructura social jerárquica. Herodes, además de reunir, designa en Sal 2, 2 la acción de los reyes de la tierra que se reúnen contra “el Señor y su ungido”. Su uso aquí presenta la oposición de la alianza contra Dios y Jesús como la conducta propia, aunque condenada al fracaso, de los ostentadores de poder.

Herodes trata de saber de ese grupo dónde iba nacer el Cristo. La narración identifica al “rey de los judíos” de 2, 2 con el Cristo. Su pregunta no significa que hubiera una idea comúnmente aceptada sobre el lugar donde el Mesías vendría al mundo (1, 1). Más bien tiene la función de dar pie a la subsiguiente explicación del nacimiento de Jesús en Belén, en coherencia con su linaje davídico.

El v. 5 presenta la respuesta de los dirigentes religiosos a la pregunta de Herodes: en Belén de Judea. Desde la perspectiva jerosolimitana, todo lo que no sea Jerusalén y sus gentes es marginal. La referencia a la pequeña población de Belén como lugar de nacimiento de Jesús indica que la acción de Dios se produce en una localidad supuestamente insignificante entre personas marginales. La información de los dirigentes religiosos no procede de la estrella, sino de la Escrituras (Miq 5, 2; 2Sm 5, 2). El término profeta tiene la misma función de dar a entender que la voluntad de Dios previamente revelada se realiza en Jesús. La ironía es que, mientras que el público de Mateo va a estar de acuerdo con que se lean de este modo las Escrituras, no ocurre lo mismo con los dirigentes religiosos.

El v. 6 es cita de Miq 5, 2, aunque no coincide, exactamente, ni con el texto de los LXX ni con la versión hebrea (TM). El versículo en Miqueas anuncia un tiempo posterior al destierro en que los gentiles irán a Jerusalén a adorar al Dios de Israel, por cuyos senderos caminarán todos los pueblos, judíos y gentiles (Miq 4, 1-4). La palabra de Miqueas, proclamada siglos antes, se emplea para interpretar el acontecimiento de la venida al mundo de Jesús. Los magos gentiles tienen el propósito de adorar, y un rey de la estirpe de David ha nacido en Belén. Dios mantiene su promesa, y la nueva creación está en marcha. El versículo subraya, una vez más, la importancia que en los planes divinos tiene lo aparentemente insignificante, y la resistencia de Dios al poder dominante. En el versículo se aclara que el príncipe, el soberano, el que pastoreará y gobernará a su pueblo es Jesús, el rey nacido en Belén, no así Herodes.

El v. 7 narra que Herodes llamó en secreto a los magos. Los dirigentes religiosos, tras citar las Escrituras, ¡desaparecen de repente! En contraste con los magos, gentiles y marginales, esos dirigentes encuadrados en la élite saben dónde ha de nacer el Cristo. Los dirigentes, al citar las Escritures, no relacionan el texto con el acontecimiento Jesús, ni hacen nada con su conocimiento. La narración sigue con la acción de Herodes. Lo que acaba de saber lo lleva actuar: llamó en secreto, con engaño. Los magos son tratados no como huéspedes valiosos, sino como sirvientes, puesto que Herodes va a darles órdenes. Él trata de averiguar el momento exacto de la aparición de la estrella. Extraña indagación que se aclarará en 2, 16.

El v. 8. Herodes envió a los magos: vayan y busquen, al encontrarlo, avísenme que yo iré también a adorarlo. La sinceridad de Herodes es dudosa. Él lo llama niño, no rey. Sin embargo, la designación de Jesús como niño, débil y vulnerable frente al poder de Herodes, evoca esas experiencias de marginalidad. El mundo del imperio y del poder político y religioso es un mundo que encierra peligros. Pero el contexto muestra que es entre los marginales donde se encuentra el poder, la protección y la presencia de Dios.

Los vv. 9-10 describe que los magos se pusieron en camino hasta que la estrella se posó en lugar donde estaba el niño. La estrella que había anunciado el nacimiento de alguien importante, ahora los lleva hasta el niño, cuyo lugar de nacimiento han revelado las Escrituras. La guía de Dios les garantiza poder adorar aun entre las maquinaciones de Herodes. La reacción de los magos, descrita en la frase se alegraron con un gozo sobremanera grande, es típica de las experiencias de quienes reconocen la presencia, guía o protección de Dios. Los magos muestran rasgos deseables del discípulo de Jesús.

El v. 11. Al entrar en la casa vieron al niño con María, su madre. ¿José no es mencionado! El lugar del nacimiento de Jesús es una casa. La frase recuerda LXX Ex 4, 19, en que Moisés va a Egipto con su mujer e hijos. Ecos de la historia de Moisés se perciben en la escena. Los magos se postraron, lo adoraron, abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Esta acción recuerda previsiones sobre gentiles que viajan a Jerusalén para adorar al rey como representante de la justicia de Dios (Sal 72, 10-11). La llegada de los gentiles (naciones y reyes) forma parte de una visión de la restauración en la tierra de la paz con la justicia de Dios que es reconocida por los gentiles, incluso por los que antes “te humillaban y despreciaban” (Is 60, 14). En esa peregrinación los reyes gentiles traerán dones: “oro” (Sal 71, 10.15), “las riquezas del mar” (Is 6, 5), “oro e incienso” (Is 60, 6), “rebaños” (Is 60, 7), “plata y oro” (Is 60, 9), “tesoros” (Is 60, 11). Las lecturas a este versículos son muchas. Lo más importante es ver en los magos a las gentes que sin saber mucho de las Escrituras, se dejan guiar por Dios, y lo adoran en Espíritu. Asimismo, ellos no son ricos, sino que abren sus cofres y dan al niño todo lo que tienen.

Y, el v. 12 retrotrae los vv. 8-9a y a las maquinaciones de Herodes. Sus intentos de echar a perder los planes de Dios son frustrados mediante un sueño (la actividad de Dios en 1, 20-21). Los magos no regresan por el camino indicado por Herodes. Ellos ya habían caminado, guiados por una estrella, hasta ver, adorar, abrir sus cofres y ofrecer al que es ahora el camino: el niño Jesús.

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