Por Pbro. Víctor Manuel Ruano Socio de Guatemala
La conmemoración del bicentenario de la Independencia de Guatemala, debería ser la ocasión para mostrar a la población las luces y sombras, de este acontecimiento que marcó significativamente la vida de los pueblos originarios y de la sociedad actual.
Esta “conmemoración crítica” es responsabilidad de la academia, de los tanques de pensamiento y de un periodismo investigativo e independiente, para investigar en ese pasado de 200 años según el método científico que permita contextualizar los hechos en el marco de la realidad nacional e internacional de aquel momento; ir a las causas que originaron aquellos movimientos independentistas y libertarios; conocer las motivaciones e intereses de los diversos protagonistas.
También nos ayuda a descubrir las consecuencias que se desataron inmediatamente y las que han llegado hasta nuestros días; detectar las ideologías y corrientes de pensamiento que alimentaban a las élites dominantes y el sentir de los pueblos; conocer los intereses que estaban en juego de las potencias; descubrir los valores y principios que más destacaban; para llegar a descubrir los retos que como sociedad hoy tenemos de cara al presente y el futuro de nuestra nación.
Esta “conmemoración Crítica”, nos lleva a distanciarnos de la llamada “historia oficial”, y descartarla por ser subjetiva, tendenciosas y manipuladora; nos exige, además, descolonizar las mentalidades, esto es liberarlas con la verdad, para descubrir la verdad histórica y analizar otras aristas que ofrezcan una visión más objetiva e imparcial; nos pide también consultar fuentes serías que han aportado para una lectura e interpretación críticas de los hechos.
Los resultados de ese esfuerzo por descubrir la verdad de nuestra historia con sentido crítico no deben quedar encerrados en las bibliotecas o con los estudiosos que las ha desarrollado, sino que se deben encontrar la mediaciones pedagógico-didácticas para trasladar al pueblo, a la base social de las comunidades, la verdad de la independencia
La historia no debe enseñarse solo dentro de la llamada educación formal, la que se imparte en las escuelas, colegios y universidades, sino sobre todo en el amplio espacio de la educación informal, con la adecuada utilización de los medios de comunicación tradicionales y digitales, de modo que la gente no desconozca su pasado reciente y remoto sino que al conocerlo, lo asuman críticamente y genere una actitud de empoderamiento ciudadano, de sentido crítico y de aprendizaje de la historia, para el hoy y aquí, de modo que aprendamos del pasado y nos abramos a las novedades del presente y del futuro.
Algunos al hablar del bicentenario pretenden hacerlo desde una perspectiva de “celebración”, por tanto, de fiesta, de algarabía, de triunfalismo, de victoria. Ese enfoque es el que les interesa a las élites criollas, al gobierno y a España. Esto sería validar la “historia oficial”, vista y desarrollada desde las élites y no desde el pueblo.
