Por: Pbro. Manuel Acosta
Jn 14, 1-12
1. Anotaciones al texto
El texto forma parte de la unidad literaria de Jn 13, 31 – 14, 31. Esta contiene tres diálogos de despedida entre Jesús y sus discípulos. En el primer diálogo (13, 31-38), Jesús retoma la afirmación “donde yo voy ustedes no pueden venir” (13, 33; cf. 7, 34; 8, 21); ahora añade como testamento y signo de identidad del grupo de los discípulos, el mandamiento del amor (13, 34). El segundo (14, 1-17); y, el tercero (14, 18-26) avanza en la afirmación anterior, y concluyen con el anuncio de la venida de “otro defensor” (Parákletos) que el Padre enviará a petición de Jesús (vv. 17. 26).
En estos diálogos de despedida, Jesús, por un lado, expresa su última voluntad, y, por otro, evoca al pasado, anima para el presente y advierte para el futuro de los discípulos. Se trata de un simposio de despedida, ambientado en el contexto de una comida (13, 1-29). Este simposio es el resultado de la reflexión de la comunidad joánica con el afán de actualizar, lo dicho por Jesús, a las nuevas situaciones de la comunidad. Los tres diálogos giran en torno a la glorificación de Jesús, que en Juan se revela en su muerte y resurrección. La pregunta central de estos coloquios es ¿cómo ser discípulo de Jesús, cuando él no está en físico?
El texto en estudio (Jn 14, 1-12) está contenido dentro del segundo diálogo. Este se divide en cuatro partes:
1) Jesús llama a la calma y llama a creer en Dios y en él (vv. 1-3). La partida de Jesús sume a los discípulos en la tristeza y el miedo (v.1). La fe de estos se ha tambaleado. Dicha crisis les ha afectado el corazón: su afectividad y voluntad. Los imperativos, “no se turben, ni tengan miedo”, indican que sólo la fe del Padre y la de Jesús, ayudan a salir de dicha crisis en el corazón. Los vv. 2-3 legitiman la llamada a la serenidad y a la fe, develando el camino que Jesús emprenderá y la promesa que está ligada a él. Para ello evoca la trayectoria de Cristo después de la cruz. Y con ello deja claro el camino del discípulo está en la cruz de Jesús. Sólo, a través de esta se llega a la casa del Padre. La cruz no es el final por el que Cristo precede a su discípulo, sino que reviste un sentido positivo y esperanzador.
2) Jesús dice a sus discípulos: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (vv. 4-7). El v. 4 opera de transición y anuncia el tema del camino de Jesús. Este concepto ilumina el itinerario que ha hecho Jesús y el que hará tanto el discípulo como el lector actual del texto: el camino de la cruz de Jesús. La cuestión de Tomás connota la incomprensión del discípulo. Pero, al mismo tiempo, indica que la relación del discípulo con Jesús y de este con su Padre es por medio del camino de la cruz. Este es el Camino de Jesús. Esta es la única verdad. Esta es la única vida. Por tanto, la partida de Jesús no significa el final del camino sino el inicio definitivo del Camino de Jesús que debe hacer todo discípulo.
3) Jesús recrimina a Felipe el poco conocimiento que tiene de él, a pesar de la cantidad de tiempo que ha convivido (vv. 8-11). La petición de Felipe da paso a la segunda profundización. Felipe se equivoca al no ver a Dios en Jesús. La respuesta de Jesús manifiesta la realidad de Dios en su itinerario histórico. Esto lo hace con tres argumentos: la referencia al tiempo que han vivido juntos; Felipe no ha visto al Padre en el humano Jesús; y, el imperativo, “créanme”, que Jesús es el rostro del Padre, por ello se poseen recíprocamente. El punto de convergencia entre Jesús y el Padre sigue siendo la Cruz de Jesús. En conclusión, tales argumentos reflejan no ha lugar la petición de Felipe.
4) Por último, la consecuencia: el que cree en Jesús hará las mismas obras que él. Cuál es la obra principal que Jesús ha hecho, según Juan (v.12). Dicha obra es “amar hasta el extremo” (13, 1). Sólo quien asume el camino de la Cruz de Jesús, hará las mismas obras de él.
2. Sugerencias para la homilía
– “No se turbe su corazón. Creen en Dios: crean también en mí” (v. 1). La despedida de Jesús causa miedo en los discípulos. Jesús les hace descubrir una nueva manera de creer en él; y, les provoca que si creen en Dios que crean también en él. Les da esperanza: “Donde esté yo, estén también ustedes” (v.3). El regreso de Jesús al Padre es el principio del compromiso del discípulo con el mundo. Este creer y estar del discípulo con Jesús, se realiza mediante al camino de la Cruz de Jesús.
– “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va la Padre sino por mí” (v. 6). No hay otro camino para llegar a Dios más que Jesús de Nazaret. Y este camino solo es uno: la Cruz de Jesús. ¿Qué consecuencias eclesiológicas y discipulares tiene esta afirmación?
– Camino, Verdad y Vida constituye el desafío de todos los tiempos. Hay cristianos que viven sin camino, sin horizonte. Su vida cristiana es mediocre y conformista. Viven desanimados y negativos. Se necesita recuperar un cristianismo con coraje, que tenga carácter y valor.
– Hace falta la verdad, pero la de Jesús. Se extraña la ver en la Iglesia, en la política y en la administración pública. Mucho funcionario mentiroso y aprovechado. No podemos dejar normalizar la mentira en todos los ámbitos de la vida humana.
– Por último, hace falta vida digna. No se puede naturalizar, que para que haya paz, se debe normalizar el irrespeto a los derechos humanos. Ser creyente en Jesús es buscar una vida terrenal digna. El Salvador necesita cristianos que caminen con Jesús, que digan la verdad y procuren el fomento de la vida material justa.
