“Implicaciones pastorales de la Sinodalidad en las Iglesias particulares”

Pbro.. Lucio Reyes

El camino de la sinodalidad dentro de la Iglesia, implica una nueva forma de ser Iglesia, una reforma de las estructuras eclesiales, un proceso de conversión pastoral; de forma que podamos volver a los orígenes de nuestra fe cristiana, dado que a lo largo de la historia, hemos asumido elementos de modelos imperiales que nos han alejado de lo que Jesucristo quiso y de lo que el Espíritu de Dios quiere para nuestra Iglesia, pueblo de Dios.

La sinodalidad es otra característica fundamental de la fe cristiana, en donde todo el pueblo de Dios camina junto, dialogando, escuchando y discerniendo hacer la voluntad de Dios en cada momento histórico. Ponernos en actitud de sinodalidad significa una apertura y docilidad al Espíritu de Dios, para poder abandonar las estructuras y actitudes que nos alejan del Reino de Dios y que nos vuelve una Iglesia de mera conservación; por lo cual señalaré algunas implicaciones pastorales que exige el modelo de la sinodalidad para la Iglesia de hoy:

En primer lugar, implica superar el peso de una cultura impregnada de clericalismo que nos ha llevado a cometer distintos abusos de poder; este modelo lo hemos aprendido de los diferentes imperios con los cuales hemos estado conviviendo; provocando mucho daño al pueblo de Dios y olvidando e ignorando la llamada a ser servidores como Jesucristo nos enseñó. El clericalismo dentro de la Iglesia ha impedido el diálogo, la escucha, el discernimiento y la toma de decisiones comunitarias, ignorando el “sensus fidei”, imponiéndose la autoridad o el autoritarismo, aun en contra del sentido común.

En este sentido, implica fomentar la cultura de la eclesialidad, sobre todo en las Curias Diocesanas y estructuras parroquiales donde, muchas veces se han convertido en estructuras inoperantes, reactivas y aduladoras del Ordinario del lugar, como lo dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudiun N. 31: “ En su misión de fomentar una comunión dinámica, abierta y misionera, tendrá que alentar y procurar la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho canónico y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos”.

En segundo lugar, otra implicación pastoral que se requiere para entrar en el camino de la sinodalidad es la apertura a las mociones del Espíritu de Dios, que a pesar de nuestras infidelidades, nos va señalando los nuevos caminos  por donde debemos caminar como pueblo de Dios. En este sentido, la apertura al Espíritu de Dios nos garantiza los nuevos caminos para refundar la vida cristiana y eclesial; sabiendo que el espíritu se manifiesta en los pobres y humildes de corazón.

Finalmente, nos dice el Papa Francisco, en el Documento preparatorio de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, número 14, que los pastores, como “auténticos custodios, interpretes y testimonio de la fe de toda la Iglesia” no tienen que tener miedo a la escucha al pueblo de Dios, ya que entre el “sensus fidei” del pueblo de Dios y la función del magisterio de los pastores es donde se realiza el consenso unánime de toda la Iglesia en la misma fe. Esto implica abolir toda práctica donde una pequeña cúpula, muchas veces alejada del Espíritu y contra el Espíritu, tome las decisiones que afectan a toda la comunidad.

Entrar en el camino de sinodalidad implica entonces, volver a priorizar la vida comunitaria dentro de cada parroquia, esto exige apostarle a procesos pastorales que formen y fomenten las “pequeñas comunidades o Comunidades Eclesiales de Base”, ya que en ellas encontraremos la base, la vida y el futuro de nuestra Iglesia; si nos conformamos en ser celebradores de sacramentos y campeones de celebraciones de Eucaristías, sólo tendremos una masa de fieles que van y vienen, pero que no están dispuestos a ser sal, luz y levadura del Reino en la sociedad.

Hacemos un llamado a todos los pastores de buena voluntad y al pueblo de Dios a no tener miedo de abandonar prácticas autoritarias, estructuras que promueven una pastoral de mera conservación y que nos dan una falsa seguridad económica, normas que nos vuelven jueces implacables, costumbres que adormecen y entretienen etc. En esta misma línea, nos dice el Papa en la E.G. n.49 “ prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.

Entradas relacionadas