
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Mt 9, 36 – 10, 8.
El texto contiene tres partes: a) transición (9, 36-38); b) llamada y autorización (10, 1-4); y, c) tres aspectos de la misión (10, 5-8).
La primera parte anticipa y sirve transición al discurso de Mt 10. Resalta la necesidad de expandir el ministerio de Jesús con la colaboración de otros. En el v. 36, Jesús tiene sentimientos viscerales de ternura y misericordia (splagxníssomai). La razón de estos sentimientos es la situación vital de la multitud, que estaba lacerada, lastimada y abatida. Los verbos lacerar (eskilménoi)) y abatir (erriménoi) designan, en el contexto de Mateo, la violencia que provocaba tanto el imperio romano a los pueblos conquistados, como la violencia que provocaba la élite de la sinagoga judía a los seguidores de Jesús.
La designación “ovejas sin pastor”. Estas son el pueblo de Dios y los pastores son sus dirigentes, a menudo infieles a Dios. La expresión confirma los sentimientos de Jesús, que contienen, también, la crítica al modelo romano por desamparar al pueblo, asimismo anticipa la responsabilidad con la que debe responder la comunidad de Jesús ante esta realidad.En el v. 37, Jesús se dirige directamente a sus discípulos haciéndoles conciencia de la realidad de las multitudes, quienes están abatidas. Esta realidad está descrita en la expresión “la mies es mucha”. Los vejámenes, las injusticias provocadas que sufre la población que sufre la población son muchos.
También, la expresión anuncia el juicio de Dios sobre esta realidad. Mientras la expresión “obreros pocos”, en su contexto, hace referencia a la comunidad de Mateo, quien se considera minoritaria, marginal y con responsabilidad contracultural. Esta comunidad vivía de modo distinto a la sociedad imperial y en tensión con ella.
En el v. 38, Jesús se dirige a sus discípulos con el imperativo “rueguen”. Él, ante la falta de medios para solventar la realidad de las multitudes, no se desesperó, sino que llamó a rogar al “Señor de la mies”. La comunidad de Mateo se definía como “obrera”, orante, misionera, por encargo del Señor. A continuación, Jesús hará este envío.
La segunda parte presenta a Jesús llamando a los discípulos, a sumarse a su misión liberadora en calidad de pescadores de hombres (cfr. 4, 19). Esta parte confirma la eficacia de la oración. La comunidad minoritaria tiene obreros de todas las procedencias. Esta está constituida bajo el principio de la pluralidad étnica.
Mt 10, 1 plasma la respuesta de Dios a la petición en 9,38, de obreros que lleven a cabo la misión de Jesús. El verbo llamar (proskaléomai), también tiene la connotación de autorizar. Jesús llamó/autorizó a los doce.
La comunidad de Mateo se considera heredera del judaísmo, a ello se debe que son “doce”, tal número hace memoria a las “doce” tribus de Israel[1]. Asimismo, esta comunidad se considera resultado de la acción de Dios en Jesús. Ellos no buscan, sino que son llamados. A estos doce, Jesús les dio autorización sobre los “espíritus impuros, toda enfermedad y dolencia”. Estas expresiones, en su contexto, representaban los principales males que sufría a la población pobre, causados por el imperio romano. Los discípulos deben transformar la mugre y miseria de la multitud en actos liberadores de la acción de Dios.
Los vv. 2-4 presentan la lista de los “doce”. La palabra apóstol, derivada del verbo griego “enviar”, subraya tanto la autoridad (sinónimo de servir) de Jesús, como la asignada a ellos. La lista de nombres obedece al orden que fueron llamados. Dos detalles de la lista: uno la mezcla de nombres hebreos, griegos y romanos, ellos reflejan la comunidad multiétnica de Mateo; y, segundo el anticipo de la pasión (entrega de Jesús), en el nombre de Judas Iscariote. El llamado a los Doce está orientado a que ellos deben compartir con Jesús, el horizonte de la Pasión en la cruz, a causa de esta misma llamada a servir al reino de los cielos.
Por último, la tercera parte presenta tres aspectos de la misión[2]. El v. 5 retoma el concepto llamar/autorizar e inicia los encargos que los doce deben cumplir. El primer encargo es el campo de actuación. Estas son dos prescripciones negativas, no tomen (camino de gentiles), ni entren (en ciudad de samaritanos). La comunidad Mateo vivía el conflicto judeo-gentil y samaritano, que significó cantidad de expresiones despectivas, de un lado y de otro.
¿Por qué de esta exclusión? Jesús y su movimiento son judíos y la misión es intra-judía, es decir, se propusieron reformar al judaísmo de su tiempo. Jesús lo propuso desde la experiencia paternal de Dios; y, los discípulos desde la experiencia con Jesús. Los miembros del judaísmo, del tiempo de Mateo, en especial la élites religiosas son las ovejas perdidas de la casa de Israel (v.6), quienes han asesinado a profetas y maltratado al pueblo. Ellos son los falsos pastores.
Los vv. 7-8 presentan el segundo y tercer encargo. Segundo encargo: los discípulos deben predicar como Jesús, quien anunció con su vida la cercanía del reino de los cielos. Esta cercanía es una amenaza, puesto que criba y transforma el sufrimiento causado por el imperio y sus funcionarios. A ello se debe que la cercanía del reino es curar, resucitar, purificar y expulsar. Labores que se constituyen un consuelo para las multitudes, pero también critican la impavidez del imperio ante la realidad de la gente.
El tercer encargo de la misión. Este es un imperativo: “Den gratis lo que gratis han recibido”. La misión no tiene coste material para los destinatarios, a fin de poder llegar a las multitudes de los pobres. El llamamiento de Jesús y su autorización fueron gratis, la misión debe ser de la misma manera. El llamado y la misión que encarga Jesús es gracia (gratis-don-regalo) de Dios.
[1] Las doce tribus de Israel era una confederación caracterizada por el autogobierno tribal, una estructura igualitaria y resistencia a las ciudades-estados cananeas. La selección de los doce apunta a la formación de una comunidad similar. La caracterización de esta comunidad se encuentra en Mt 5 – 7.
[2] Todos los aspectos de la misión son desarrollados en los vv.5-15.
