Pbro. Manuel Acosta

Este texto ha sido interpretado de distintas maneras. Esencialmente, son dos los enfoques: Uno, los que entienden que se juzga a todos los seres humanos sobre la base de cómo han tratado a los pobres en general; y, dos, los que interpretan que todas las personas son juzgadas sobre la base de cómo han respondido a los cristianos y a la proclamación de la buena noticia. El primer enfoque es sugerente, el segundo tiene apoyo exegético, y, en el conjunto del evangelio mateano, el texto pide cuentas sobre la práctica de las bienaventuranzas (Mt 5, 1-10). Para este escrito, ambos enfoques, son complementarios.
El relato se divide en cuatro partes: a) vv. 31-33, el Hijo del hombre es presentado como juez y realiza la separación en dos grupos; b) vv. 34-40 presentan por qué unos son bendecidos como justos, en una conversación entre ellos y el hijo del hombre; c) vv. 41-45 describen una conversación similar para explicar la sentencia de los malos; y, v. 46 cierra la escena con los dos grupos dirigidos hacia sus destinos.
El v. 31 describe al Hijo del hombre sentado en su trono de gloria. Tal imagen, en el contexto social del texto, representa al emperador, quien también se sienta para gobernar y dictar sentencia. Por tanto, el Hijo del hombre, Jesús, es el contrapunto del emperador. Él tiene la misión de congregar a todas las naciones ante él (v.32). Dicha misión, sólo la podía hacer el emperador, pero en este caso es Jesús quien la realiza.
El vocablo “naciones”, en el texto, tiene el significado marginal. Se trata de los pobres y demás personajes sociales mencionados en las bienaventuranzas. Mientras tanto, la imagen de separar unos de otros era una costumbre pastoril, que el pastor hacía al final del día con las ovejas y cabras. Estas durante el día pastaban juntos, pero llegada la noche eran separadas, como medida de seguridad, puesto que las cabras podían dañar a las ovejas. Para la comunidad del texto el pastor es Jesús, y las ovejas deberían ser los discípulos. El texto desea estimular a los discípulos a identificarse con estas. Una vez separadas (v.33), las ovejas van la derecha, lugar de honor y bendición (Sal 110, 1), y las cabras a la izquierda, sitio de necedad y desfavorable. La labor de separar es única de Jesús, el Hijo del hombre.
El v. 34 describe al rey, quien antes era el Hijo del hombre, hablando a los de su derecha (ovejas). Estos reciben el favor de “mi Padre” y participan plenamente de su Reino. El discurso los identifica como discípulos cumplidores, y su justificación en el juicio se presenta como la culminación de unas vidas empleadas en la respuesta a la llamada de Jesús. Esta es la importancia de los vocablos venir y heredar el Reino. Los discípulos, los pobres, se convierten en herederos del Reino. En el contexto de Mateo, los herederos del imperio/emperador (reino) eran los ricos.
Los vv. 35-36 razona el versículo anterior. La pregunta implícita es ¿cómo heredar el Reino de “mi Padre”? La respuesta es proveer a las necesidades del hambriento, sediento, migrante, desnudo y privado de libertad. Estos personajes, Mateo los ha denominado, en su obra, bienaventurados, pequeños y hermanos. En el contexto del texto, representaban la cloaca social del imperio. Todas las acciones descritas, hacia ellos, son tradicionales en la piedad del AT. Jesús las ha realizado para manifestar el Reino o la liberadora presencia de su Padre en un mundo de opresión pecaminosa. Tales acciones son las requeridas de los discípulos. Sólo así, viviendo de este modo, se está preparado para ser enjuiciado.
Las acciones eran necesidades frecuentes en las clases populares de las grandes urbes romanas del siglo I. En esta, el sufrimiento de sectores de la población por falta de alimentación, se sumaban condiciones de hacinamiento e insalubridad. Si el suministro de agua a esos sectores populares dejaba que desear, no mucho más satisfactorio era el de evacuación de residuos. De ahí las infecciones epidémicas alimentadas por la orina, excrementos, basuras, cadáveres, podredumbre e insectos. Esta situación era causada por las políticas socio económicas del imperio romano, y legitimada por la religión de la élite judía. En esta situación de miseria, carencias y deudas, los discípulos tenían que emplear sus limitados recursos para ayudar a los pobres a cubrir sus necesidades.
Los vv. 37-39 son las acciones de los justos, los que reciben a Jesús y siguen cumpliendo en su vida la voluntad de su Padre. Tienen hambre y sed de justicia de Dios incluso cuando son perseguidos (5, 6.10). Perseveran en fiel misión (10, 41) y obtienen su recompensa en el juicio (13, 43.49) por haber imitado a Jesús, el justo (27, 19). Al ser juzgados les sorprenderá que Jesús, el Rey, el Hijo del hombre, se identifique con los social y económicamente pobres. Y no recordarán haber hecho jamás por él ninguna de las acciones descritas. El v. 40 presenta la respuesta. En esta, lo central es que el rey, el Hijo del hombre se identifica “con uno de estos hermanos míos más pequeños”. La expresión, en Mateo, refiere a los discípulos por su vulnerabilidad y marginalidad en la que viven (10, 40. 42; 18, 6. 10. 14). Los discípulos han abrazado un estilo de vida que imita y continua la vida de Jesús de servicio entre los pobres, marginados por la élite judeo-romana.
Los vv. 41-45 presentan las palabras del Hijo del hombre, el rey, a los del lado izquierdo. Estos se han apartado del estilo de vida de Jesús y deben ir al fuego eterno. Dicho fuego es para los que no han hecho la voluntad del Padre y se han opuesto a sus planes. Son denominados “ángeles del diablo”, cuyo imperio de oposición a Dios es destruido con el testimonio de Jesús y el de sus discípulos (4, 1-11; 12, 28). El imperativo apártense contrasta con el de vengan y hereden de los justos. La razón de este apartarse es que no han previsto las necesidades materiales a los pobres, no han practicado el estilo de vida que les enseñó Jesús y se reproducen el actuar del poderoso, olvidando a los marginados. Para ellos será sorpresa la afirmación del rey, Hijo del hombre, que él era uno de estos marginados. La pregunta d ellos malos revela incapacidad para reconocerle en estas circunstancias. Ellos no han servido a Jesús en sus hermanos, los pequeños. No han reconocido la autoridad que los pobres tienen en el sistema social vigente. También no han reconocido la autoridad de Jesús en la predicación misionera de los discípulos, los pobres de Jesús.
El v. 46 es la sentencia (Dn 12, 1-3). Esta, al mandar a los malos al castigo eterno y los justos a la vida eterna, describe el final de una era que destruye a los pobres y el nacimiento de otra época, que el texto la denomina vida eterna. Tal vida eterna es, por un lado, ser discípulo de Jesús entre los pobres y por otro es escuchar y poner en práctica el evangelio de las bienaventuranzas.

