Domingo de Ascensión del Señor Anotaciones al texto de Mc 16, 15-20

Pbro. Manuel Acosta

Este texto constituye el apéndice canónico del evangelio de Marcos (Mc 16, 9-20). Este es un desafío comunitario al conjunto del libro. En la historia de la formación del evangelio de Marcos, este texto es la primera respuesta que dio la comunidad al acontecimiento de la muerte y la resurrección de Jesús, mucho tiempo después de haberse escrito el evangelio.

Dicha respuesta es la actualización del mandato misionero de Jesús, “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación” (v. 15). Los primero que la comunidad decide hacer es anunciar (keryssein) el Evangelio. Este anuncio es sin límites y debe estar en todos los ambientes humanos. Dicho anuncio requiere creer que el único evangelio es Jesucristo crucificado y resucitado (v.16). Y requiere la disposición del ser humano a la salvación. El verbo creer (pisteuein) significa seguir a Jesús, llevando su cruz. Y el vocablo bautizar (baptyzein) es el rito mediante el cual el discípulo asumía ser seguidor de Jesús. La comunidad del texto está segura de que su misión es anunciar a Jesús y seguirle.

Los vv. 17-18 enumeran los signos que acompañarán a quienes crean. La mención de los signos sirve de contraste a la incredulidad de los que habían visto a Jesús resucitado (v.14). El texto finaliza estableciendo la íntima relación entre la comunidad del texto que sale a predicar por todas partes y Jesús que colabora con ellos confirmando la Palabra con los signos que la acompañan (v.20). La Iglesia es misión y esta es el anuncio de Jesucristo crucificado-resucitado. Actualizar la misión es la preocupación del texto

Esta íntima relación entre la comunidad y Jesús es el indicio de que se trata del final literario del evangelio. Dicho final constituye el inicio del tiempo del discipulado en la Iglesia que cuenta con la presencia acompañante del Señor Resucitado. Es de notar que el texto llama discípulos, no apóstoles, a los acompañantes de Jesús a la mesa. A ellos, Jesús entrega el mandato de ir y proclamar la Buena nueva. La Iglesia toda y en todos sus miembros es congénitamente discipular. Lo apostólico es responde a otras preocupaciones.

El texto sostiene que Jesús fue tomado y llevado al cielo. La conjugación verbal es pasiva, con lo cual el evangelio aclara que Jesús no es llevado, sino que el Padre es quien lo exalta, es decir, Él es quien lo glorifica. Marcos quiere dejar intacta la fe original de la comunidad de que Jesús es glorificado-exaltado por el Padre. Esto contrasta con aquella catequesis de que la ascensión de Jesús es activa y que la asunción de María es pasiva. En este caso, ambas son pasivas porque tanto una como otra son acciones del Padre que glorifica-exalta a sus hijos e hijas.

Los signos que acompañarán a los que crean remiten a otros textos (Hch 2, 11; 28, 3-6). Estas señales son “en mi nombre” (v. 17). Es decir, realizadas por Jesús, a quien los discípulos deben creer e invocar. Otro aspecto es que estas señales no preceden a la fe ni son expresión de un pleno poder conferido sólo a los discípulos, como se dijo en Mc 6, 7-13, sino que constituyen la señal del señorío de Jesús en toda la creación y presentan de manera elocuente la actuación de Jesucristo exaltado.

  • Mons. Romero dijo: “Nuestro ambiente está muy tenso… casi, diríamos, que la Patria se ha convertido en un campo de guerra. Hay muchos hogares de luto. Muchos sin duda tendrán la esperanza cristiana y orarán con serenidad, pero hay otros que anidan sentimientos de venganzas, de rencores, de violencia… Hay mucho odio, hay mucho miedo, hay tensión y alarma… En una palabra, nos toca vivir esta celebración de la Ascensión del Señor cuando todo aquí abajo en la tierra nos invita a no evadir -el cristiano no huye- sino a encarnarse más en la historia, pero con una perspectiva de cielo. El cristiano juzga la historia con criterios de eternidad”.

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