Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Mc 13, 24-32
Mc 13 es la culminación del ministerio de Jesús en Jerusalén (11 – 13). El capítulo es de género apocalíptico. Este género desvela el horizonte esperanzador de los acontecimientos que están sucediendo y llama a los lectores a leer el momento actual, desde la fe de Jesús, y a estar vigilantes en favor de los intereses del reino de Dios.
El capítulo 13 de Marcos puede dividirse en dos partes. La primera parte (13, 11-23) se anuncia a la comunidad perseguida los sufrimientos que le esperan a causa de Jesús y del reino de Dios; y, pone en guardia contra los falsos mesías, aquellos que embaucan y engañan al pueblo. La segunda parte (13, 24-37) es una iluminación de los acontecimientos del presente, denominados escatológicos. Tales acontecimientos son apremiantes, requieren una actitud de vigilancia y de resistencia a cualquier manipulación religiosa e ideológica. Asimismo, estos versículos buscan dar esperanza, evidenciando que el Dios de Jesús está comprometido con la vida humana y su historia.
El texto en estudio se divide en dos partes: Los vv. 24-27 describen los días después de aquella tribulación, lo que sucederá, la llegada del Hijo del Hombre y la reunión de los que vendrán de los cuatro vientos. La escena inicia con una referencia temporal indeterminada para indicar que se trata del tiempo de la intervención de Dios (v.24a). Este tiempo está direccionado a aquella tribulación (thlifis). Tal expresión, en el texto, indica el acontecimiento de la pasión de Jesús (Mc 14 – 16). Marcos hace una presentación reveladora (apocalíptica) de lo que viene a continuación en su escrito: la muerte y resurrección de Jesús (tribulación).
Los vv. 24b-25 presentan la sacudida de los astros y de las fuerzas que están en el cielo. Dicha presentación indicaba para la comunidad de Marcos, por una parte, la caída del sistema de gobierno reinante; y, por otra, la creación de un orden nuevo de salvación centrado en el Hijo de Hombre, y no en este sol, luna y estrellas, que en su momento representaban al imperio romano. Este sistema debe caer para crear el orden del Hijo del Hombre.
En el centro del texto (v.26), el Hijo del hombre viene (¡tiempo presente!) con poder y gloria. Esta corresponde a la descripción de Jesucristo Crucificado-Resucitado que Marcos presentará en los siguientes capítulos. El sol, la luna y las estrellas, metáforas que referían a los imperios de turno, son destronados. Ello es posible, solo, entregándose (fidelidad), al Dios que Resucitó a Jesús, a quien el poder político-religioso había mandado a crucificar.
El anuncio de la llegada del Hijo del Hombre forma uno solo con el del v.27, donde Jesús enviará (âposteléin)) a sus ángeles (los testigos de Jesús) a anunciar que dicha venida no es el final sino el inicio de la salvación (cfr. Mc 13, 33. 37). Esta buena noticia es universal, como indica la metáfora de los cuatro vientos. El texto supone que el anuncio del Crucificado-Resucitado es para todo ser humano que crea que Jesús es el Hijo del Hombre.
1Los vv. 28-32 presentan la parénesis cristiana de la vigilancia. Ello lo hace mediante la parábola de la higuera (vv. 28-29), las palabras de Jesús no pasarán (vv. 30-31) y ni el Hijo conoce la hora (v.32).
La llamada a la vigilancia, el texto lo ilustra con el signo de la higuera. Los discípulos deben aprender de proceso de este árbol para tener actitud en el momento actual. Esta actitud está descrita con tres verbos en imperativo: aprender, ver y conocer. Los verbos indican que el discípulo debe aprender de Jesús, ver lo que está sucediendo y adoptar (conocer) una ética a la luz de Hijo del Hombre (Jesús) ante el momento presente, tal como indican los tiempos verbales.
Los vv. 30-31 exponen que las palabras de Jesús tienen un valor determinante para el momento actual (v.31). Sus palabras nunca pasan, todo lo demás no tienen consistencia. La historia está en manos de Jesús. De esta manera, el texto indica a sus lectores que todo poder que pretenda divinizarse pasará y sus argumentos están enjuiciados con el testimonio de Jesús y sus enviados, los discípulos.
El v. 32 afirma que ni el Hijo conoce la hora. Algunos discípulos se frustraban porque nunca se solucionaba la injusticia, igual que hoy. La forma y el tiempo de intervenir de Dios en la historia solo él lo sabe. Tanto a Jesús como a sus discípulos toca vigilar y fidelidad.
El texto de género apocalíptico puede ser interpretado como destrucción del mundo y advierte que la injusticia abruma, pero pasará. A los discípulos toca anunciar esperanza, resistencia y confianza tanto en las palabras de Jesús, como en la bondad del Padre, quien es el que lleva de una manera inesperada los hilos de nuestra historia.
El cristiano que lea este texto debe quedar claro de tres aspectos: la primera, estar vigilante del momento actual (13, 33. 37), hay cosas que no sabe, como Jesús (13, 30-31), y solo se puede fiar de la palabra de Jesús (v.31); la segunda, Dios está cerca de sus hijos (v.29), resistir; y, la tercera, responsabilidad ética, como la de Jesús, en cada momento histórico.
Mons. Romero decía: “La esperanza cristiana, clave y fuerza de nuestra verdadera liberación. Y es clave y fuerza de nuestra verdadera liberación porque en la esperanza de los cristianos hay tres grandes convicciones: primero, que la meta de nuestra esperanza es el reino de Dios; segundo, que la fuerza de nuestra esperanza es la liberación del Hijo de Dios; y tercero, que a esa meta y a esa fuerza dinámica responde, en el cristiano de convicción, actitudes que lo hacen ser agente valeroso de la liberación de los pueblos”1.
1 Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 18 de noviembre de 1979

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