Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Mc 12, 38-44
El relato está enmarcado dentro de la controversia de los escribas con Jesús. Esta se desarrolla en el templo (Mc 12, 35-37). El texto contiene dos enseñanzas de Jesús a sus discípulos.
En la primera (vv. 38-40), Jesús hace dos observaciones a los escribas. Una es sobre el afán de honores, que se expresa en el esfuerzo por lograr reconocimiento público. Ellos documentan su dignidad en el uso de telares solemnes: “Pasean con amplios ropajes” (stolais). Los escribas no son nada en sí, no se sienten seguros por dentro y por eso necesitan crear una apariencia. Viven de fachada, enmascarados detrás de telas y adornos que sirven para distinguirse de otros e imponer su dominio.
Exigen “ser saludados en las plazas”. La religión los convierte en funcionarios y así ellos, por oficio, la hacen principio de prestigio público. Quieren ser superiores, y hacerse honrar, sobre las bases de un conocimiento religioso que utilizan para así imponerse a los demás. Evidentemente, no viven para crear comunidad sino al contrario, para elevarse sobre ella.
También, “ocupan los primeros asientos en la sinagoga”. Los escribas, en la sinagoga, imponen su dominio, convirtiendo el lugar en medio para imponerse sobre los demás. Así buscan las primeras cátedras, que son de enseñar, para controlar o dirigir desde allí a los sometidos por su dominio religioso.
Y en los banquetes exigen “los primeros asientos”. Jesús invitaba a comer en grupos, sin acepción de personas, ofreciéndoles los panes y los peces de su grupo. Contrario a esto, los escribas se aprovechan de su religión para comer a costa de otros. No forman comunidad, no crean comunión de bienes, sino que emplean su pretendida superioridad para vivir a costa de los demás, que son sometidos por su conocimiento religioso. El teatro de apariencias: vestidos, saludos, privilegios en sinagogas y mesas, se ha vuelto una amenaza para los pobres. Quien empieza aparentando, como los escribas, acaba destruyendo a los demás poniéndolos a su servicio1.
Y en la segunda observación, Jesús advierte que los signos anteriores desembocan en un mismo final: Los escribas “devoran las casas de las viudas con pretexto de largas oraciones” (v.40). Tanto las viudas como los huérfanos gozaron de protección en el AT (Ex 22, 21; Is 1, 7. 23; 10, 2). La crítica se mantiene en el marco de la concepción judía, puesto que “devorar casas” significa lo mismo que la apropiación indebida de bienes y posesiones. Los escribas son tan corruptos que hacen largas oraciones, para esconder su afán depredador.
Ellos han construido una religión, a su medida, que les sirve para tener oprimidos a los pobres, para manejarlos, exprimirlos con excusas de piedad y servicios religiosos. Por el contrario, las viudas devoradas son signo de Jesús, entregado y condenado también por la
1 Esto es lo que interpretaba Mc 3, 29 como blasfemia contra el Espíritu Santo y como escándalo 9, 42-47 como escándalo contra los pequeños.
1misma religión oficial. A este escándalo, se debe que la sentencia será rigurosa, puesto que la religión no puede estar al servicio de la explotación de la viuda. Jesús advierte que los escribas con esta actitud devoradora pierden el honor del cual hacen alarde.
A continuación, Jesús se sentó frente al arca del tesoro del templo (vv. 41-42), y miró el contraste entre los ricos que echaban mucho y la viuda que echó dos lepta; esta era la moneda de cobre, la más pequeña. La viuda entrega en estas monedas su pobreza. Ella contrasta a los escribas. Y representa los valores que deben caracterizar a los discípulos. El contraste es tan evidente que esta viuda oprimida por la religión del templo es la que entrega a Dios todo lo que tiene, para quedar sin nada.
Los vv. 43-44 son la segunda enseñanza de Jesús a sus discípulos respecto a las ofrendas depositadas en el arca del Tesoro2. Tras haber acentuado el riesgo de un tipo de religión (de un judaísmo/cristianismo de personas aliadas al poder), Jesús vuelve los ojos con sus discípulos a la caja donde depositaban los llegados al Templo sus ofrendas. Antes, él ha realizado un fuerte signo profético en este lugar (Mc 11, 15-19) y ha dicho que sus responsables lo han convertido en cueva de bandidos.
Como una especie de monumento a los valores no oficiales de ese templo, ha transmitido Marcos la escena de la viuda que pone en el gazofilacio, que ella piensa que se emplea para culto de Dios y servicio de otros pobres, todo lo que tiene. En contra del escriba que pervierte la religión para su provecho, esta viuda entiende y cumple el sentido profundo de la piedad bíblica. A juicio de Jesús, la viuda, con su escasa ofrenda, superó a todos los ricos porque éstos daban de la abundancia, a veces mal habida, mientras que aquélla dio desde la carencia. Su entrega es más auténtica. Ella dio todo lo que poseía, cuanto necesitaba para el sustento de la vida, que, en el horizonte del pobre, suele abarcar lo que necesita para el día.
Entre estos dos polos, Jesús advierte a sus discípulos tanto sobre la arrogancia de los escribas y las consecuencias de su religiosidad, como sobre el ejemplo de los ricos que daban mucho y la viuda pobre que dio dos moneditas. ¡Realidad alarmante! En este sentido, el pasaje tiene una polémica abierta con los “escribas de fuera”, representantes de un judaísmo en el que ya no caben los discípulos de Jesús. Estos escribas se configuran sobre el poder y la ambición. Pero también esta discusión es la advertencia a sus discípulos “los escribas de dentro”, los cristianos de la comunidad de Marcos que quieren una fe en Jesús en clave de poder.
Es ilustrativo el contraste. Por una parte, los escribas que buscan sacar ventaja (vv. 38-40) del poder religioso; no dan su vida, sino que viven del aplauso de los otros y devoran la casa de las viudas (v.40); y, por otra el gesto de limosna de la viuda pobre, que aparece como el signo más cercano a la entrega de Jesús. Ella da todo en las dos moneditas y Jesús entrega todo en la cruz. Este es el camino del discípulo.
2 Este era un gazofilacio (gazofilakio), lugar donde recogían todas las limosnas, rentas y riquezas del Templo jerosolimitano.
