Trigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario (Solemnidad de Cristo Rey).

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Jn 18, 33b-37
El relato está ubicado en el contexto de la narración de la pasión según el evangelio de Juan (18, 1 – 21, 25). La escena de Jn 18, 33b-37 se desarrolla durante el juicio contra Jesús ante el procurador romano Pilato. La acción está precedida de una de las acusaciones que los adversarios hacen a Jesús ante el procurador. Estos le culpan de ser un malhechor (v.29). A raíz de esta imputación se desarrolla un primer interrogatorio de Pilato hacia Jesús. El texto tiene tres partes. La primera contiene la acusación dirigida contra Jesús (vv. 33-34). El representante romano pregunta a Jesús: “¿eres tú el rey de los judíos?” (v.33b). La pregunta, en boca de Pilato, es sarcástica y hasta torpe, puesto que no se corresponde con la acusación del v. 29, y también cómo puede hacer esta pregunta el representante del rey de Roma.


La pregunta no está preparada por el contexto, se trata de un elemento arcaico de la tradición de la Pasión (Mc 15, 2), reinterpretada por Juan. Pilato no podía entender este título más que como una amenaza para Roma. Jesús, por tanto, debe ser examinado, para saber si representaba un peligro. Sin embargo, para la comunidad de Juan, la pregunta representaba su confesión de fe. Lo que es acusación para el poder romano es fe para la comunidad del texto: ironía joánica. Jesús responde con otra pregunta (v.34). No contesta lo que Pilato quiere oír, lo hará cuando su Padre se lo indique. Él es quien hace las preguntas, así se pone en evidencia la soberanía de Jesús. Pilato no había retomado la acusación del v.29, sino que introdujo un elemento nuevo: la pretensión real de Jesús. De esta manera el texto demuestra que el procurador es ignorante, puesto que no sabe de lo que va el juicio.
La segunda parte presenta la incompetencia de Pilato y la definición, en negativa, de la realeza de Jesús (vv. 35-36). La pregunta del v.35, que Pilato formula, es a la vez una confesión de incompetencia y de desprecio. El procurador se ve obligado admitir que la acusación no proviene de él, y por tanto descarga toda la responsabilidad del proceso y de la muerte de Jesús en las autoridades judías. Pilato ahora tiene dos características: ignorante e incapaz. La segunda pregunta, “¿qué has hecho?”, por una parte, como proscribe el procedimiento, da a Jesús oportunidad de justificarse, pero, por otra, indica que el único elemento determinante en el proceso es la actuación de Jesús.


Ante el reto de justificarse, Jesús responde con la declaración del v. 36. La respuesta de Jesús tiene tres elementos: tesis (“mi reino no es de este mundo”); prueba en apoyo de la tesis (“si mi reino fuera de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos”); y, repetición de la tesis (“pero mi reino no es de este mundo”). La tesis y su instancia indica, por un lado, la autoridad de Jesús sobre Pilato, dado que el imperio que el procurador representa está bajo la autoridad del reino de la Padre de Jesús, no es absoluto, y por otro, evidencia la libertad de Jesús para entregar su vida. Esta autoridad no es imperial, como piensa Pilato, sino que es la autoridad de la víctima inocente que, con su entrega, descubre la barbarie del verdugo (Pilato). Este acontecer se hará explícito en su manto de sangre, en su corona de espinas, en su título, pero sobre todo en su crucifixión de Jesús. La cruz es el trono del rey, víctima inocente. Por ello “mi reino no es de este mundo”.


Y la tercera parte, presenta la otra pregunta de Pilato y la respuesta de Jesús (v.37). De la respuesta de Jesús, Pilato retiene simplemente que Jesús ha hablado de su realeza. De ahí su nueva pregunta: “¿Luego tú eres rey?” La respuesta de Jesús es positiva y comprende tres elementos: la admisión de su realeza; el sentido de su misión en el mundo; y, define la condición requerida para quienes acogen su misión. Él admite su realeza, la ha descrito en el v. 36, y a continuación, invita a someterse a su realeza, que está al servicio de la verdad. Sólo el que abandona el modo de pensar de Pilato y el de las autoridades judías puede escuchar la voz del rey, el que Pilato rehúsa escuchar. Jesús comprendió que el mundo está gobernado por pilatos, césares y herodianos. A estos, no hay que escuchar, puesto que no están al servicio de la verdad. Quien lee el evangelio de Juan se dará cuenta que Jesús da testimonio de la verdad (5, 33; 8, 40. 45. 46) y que las autoridades judías y algunos del pueblo han rechazado la verdad (8, 44), mientras que los discípulos han recibido la verdad de parte de Jesús (14, 6; 17, 17. 19). En este caso uno de los objetivos de este diálogo es demostrar que Pilato es igual a los judíos que no quisieron “oír” la palabra de Jesús que es la verdad y a su vez dejar constancia que el reino al que pertenece Jesús no es igual al que Pilato representa. Así el texto coloca frente a frente a dos reyes, uno que se construye desde la verdad, la debilidad y la obediencia Dios y el otro que se hace desde la guerra, los asesinatos, prepotencia e ignorancia.


Mons. Romero afirmó que la fiesta de Jesucristo, rey del universo “es una oportunidad de mirar este ambiente del país, entre temores y esperanzas, con optimismo, como quien sabe que su corazón y su fe están clavados en el amor y en el poder de un rey que permanece para siempre”. Al contemplar a Jesús, rey de la verdad, reivindiquemos escuchar sólo a él y asumir las consecuencias que tiene esta escucha hoy, sin ambages.

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