Pbro. Manuel Acosta

Jesus-enseña-Templo-Mormon - Jesucristo

Anotaciones al texto de Lc 21, 25-28.34-36
El texto se ubica en el contexto de las enseñanzas de Jesús en el templo (Lc 21). Algunas de estas instrucciones son fruto de la observación que algunos de la comunidad lucana hicieron sobre la belleza del templo (21, 5); otras eran las palabras desconcertantes de Jesús sobre este, como, por ejemplo, que “no quedará piedra sobre piedra” (21, 6); y, por último, estas enseñanzas son el resultado de la pregunta que sus seguidores hacen sobre cuándo será y cuál será la señal (21, 6-7), refiriéndose a la destrucción del templo.
Para profundizar dichos aspectos, Lucas puso en boca de Jesús un discurso de género apocalíptico (21, 8-37), en el que no responde al cuándo y a cuál será la señal de lo planteado en los vv. 6-7, sino que amonesta a sus seguidores que no se dejen engañar (21, 8), que contemplen la venida del Hijo del hombre con poder y gloria (21, 27), que levanten la cabeza (21, 28), que no se les embote el corazón (21, 34), y que estén en vela orando en todo tiempo (21, 36). Igualmente les advierte que se preparen para la persecución (21, 12), puesto que todos les odiarán por causa de su nombre (21, 17). Sin embargo, no presentar defensa ante dicho odio y persecución (21, 14), porque Él les dará sabiduría y elocuencia a la que nadie podrá resistir (21, 15).
El texto tiene dos partes. La primera (21, 25-28) expone las señales1. Estos signos suceden en el sol, luna, estrellas, la tierra y el mar; y, causarán angustia, terror y abatimiento en los habitantes del mundo. Los profetas emplearon estas señales para interpretar la realidad del pueblo en tiempos de la monarquía y del destierro (Is 13, 10; Ez 32, 7-8; Jl 3, 3-4). La comunidad lucana que siguió esta tradición releyó la realidad el pueblo.
Dicha comunidad experimentó la aflicción en tiempos del imperio romano. El texto, valiéndose de las tradiciones de Dn 7, 13-14, interpretó, esperanzadamente, que tal angustia tendrá su final con la llegada del Hijo del hombre. Evento que ya había sucedido en la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Esta llegada es visible (“entonces verán”, v. 27). Actualizar el misterio pascual es una de las finalidades de los oyentes del texto.
Esta parte de carácter descriptivo concluye con un doble imperativo en segunda persona del plural: “cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su liberación” (v.28). Esta liberación será obrada por el Hijo del hombre, quien dará la sabiduría y elocuencia a sus seguidores, para resistir a los poderes reales que causan angustia en la tierra (21, 15).
El texto no dice quién era el que obraba el terror. Los lectores originales del texto sabían que era el imperio romano. Este utilizaba el poder para amedrentar a sus habitantes. Mientras tanto, la comunidad lucana, buscaba resistencia y ánimo en la figura débil del Hijo del hombre, quien empleó su poder y gloria para acompañar a los atribulados. De este modo, el texto buscaba consolar y fomentar la esperanza, sin evadir los momentos difíciles que atravesaba la comunidad.
1 Cfr. Las señales en el cielo se planteó en Lc 21, 11. 1La segunda parte (21, 34-36), alternando el indicativo y el imperativo, presenta a la comunidad advertencias y recomendaciones éticas para estar vela. Lucas indica qué puede impedir una actitud vigilante: el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida. Esta última, parece, en el ambiente de la comunidad lucana, el menos grave. Sin embargo, es el que hay que combatir, ya que en la parábola de la semilla y el sembrador Jesús advirtió que estas preocupaciones pueden ahogar la Palabra de Dios e impedir que madure (Lc 8, 14).
En cuanto a los imperativos, dos verbos de carácter ético dominan su construcción: “tengan cuidado” (v.34), y, “estén en vela” (v.36). Estos imperativos tienen que ver con actitudes permanentes que deben adoptar los seguidores de Jesús. Los verbos no solo indican una actitud digna de Dios, sino que moldean el comportamiento de la comunidad ante cualquier poder humano, como el imperio romano, que busque suplantar a Dios. La actitud cristiana es “mantenerse en pie”, “orando en todo tiempo”, como lo enseñó el Hijo del hombre (v.36).
El texto invita a leer los acontecimientos actuales, desde la mirada del Hijo del hombre, con actitud responsable. “Cuando vean estas cosas, incorpórense y levanten la cabeza” (v.28). Es decir, no agachen la cabeza

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