Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 3, 15-16. 21-22

El texto tiene dos partes: a) vv. 15-16: la expectación del pueblo ante la predicación de Juan Bautista; y, b) vv. 21-22: la escena de Jesús ya bautizado y su experiencia de hijo amado.
El v. 15 describe la situación del pueblo (v.15), quien estaba interrogado y con esperanzas después de escuchar el mensaje de Juan (3, 7-14). Es la situación de un pueblo que busca una respuesta distinta a las tradicionalistas, no ya más de lo mismo. Juan habla con la verdad y prepara las conciencias.
El v. 16 describe la reacción de Juan ante la situación del pueblo. En esta, él presentó a Jesús como “el más fuerte”, título que en el AT correspondía sólo a YHVH. A su vez, se auto presentó como el que “ni siquiera soy digno de desatarle la correa de sus sandalias”. El Bautista sabe que no puede manipular la realidad pueblo, mucho menos hacerse pasar más importante que Jesús; pero sí abrió caminos de conversión, al mostrarse indigno de Jesús, a los oyentes. Juan es ejemplo de honradez evangélica.
Juan, en su contexto judío del siglo primero, trataba de hacer entender al pueblo judío quién era Jesús. Para ello empleaba la figura del más fuerte y del que bautizará en Espíritu Santo y fuego. El fuego es una imagen que correspondía a los profetas en el AT, quienes comparaban la palabra del Señor con el fuego y el movimiento cristiano la empleará para significar al Espíritu Santo que se posará sobre los Doce. Lucas evidenció así, la conexión existente entre la experiencia de Jesús y el bautismo cristiano en sus orígenes.
La segunda parte presenta la experiencia del bautismo de Jesús con todo el pueblo y la experiencia de su filiación. La finalidad de esta parte era en su origen presentar también la identidad de Jesús en el evangelio: “Tú eres mi hijo, el amado, en ti tengo complacencia” (v.22).
Lucas siguió en este fragmento el relato de Marcos (Mc 1, 9-11), pero modificó algunos puntos sustanciales. Juan ha desaparecido de la escena y no bautiza a Jesús, de forma que Lucas transformó el relato del bautismo del maestro en un relato de vocación real; no le importa el bautismo en sí (lo omite), sino el significado que esta experiencia tenía para Jesús: “mi Hijo”. Y en este significado el de la comunidad.
El v. 21 afirma que Jesús, una vez bautizado, se quedó en oración. Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús en oración en los momentos fundamentales de su vida, para que sirva de ejemplo a sus seguidores. ¿Qué oración habrá hecho? Contextualizando el texto en el judaísmo del siglo primero, es fácil pensar, que oró con el salmo 40 (39), 7: “No has querido ni sacrificio ni oblación, pero me has abierto el oído; no pedías holocaustos ni víctimas, dije entonces: Aquí estoy, a esto he venido”. La carta a los Hebreos pone algunas de estas palabras en boca de Jesús cuando entra al mundo: “No quisiste sacrificios ni ofrendas…aquí estoy, he venido para cumplir, oh Dios, tu voluntad” (Heb 10, 5-8).
1 Cfr. Hch 2, 3-4. Las palabras del salmo encajan bien en el momento del bautismo. El salmista, como quien acude al bautismo de Juan, se siente hundido en la fosa fatal, en la charca fangosa del
pecado; pero advierte cómo el Señor lo levanta y le pone en la boca un canto nuevo, aunque
le resulta imposible contar todas las maravillas que Dios ha hecho por él. ¿Cómo responder
a tanta bondad de Dios? En contra de lo que decían los sacerdotes, y de acuerdo con los
profetas, Dios no quiere sacrificios y ofrendas. “Entonces yo digo: Aquí he venido…he de
cumplir tu voluntad”.
La oración de Jesús se verá interrumpida por tres acontecimientos fundantes: el cielo se
abrió, el Espíritu, el Santo, en figura corporal, bajó y una voz del cielo se dejó escuchar (v.
22). El cielo se abrió. Este acontecimiento indica que la oración (adoración) de Jesús …
