Séptimo Domingo del Tiempo de la Pascua La Ascensión del Señor

Pbro. Manuel Acosta


Anotaciones al texto de Lc 24, 46-53
El texto es, por una parte, el final del evangelio de Lucas y de los encuentros de Jesús Resucitado con sus discípulos; y por otra, sirve de obertura del segundo volumen lucano: los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 1-11). Literariamente, en este final se dan dos elementos: 1) la última enseñanza de Jesús a los discípulos (vv. 46-49); y, 2) el relato de la ascensión (vv. 50-53). En el primero Jesús instruye a sus discípulos que su muerte-resurrección debe ser entendida como cumplimiento de las Escrituras (v.48), les comunica el anuncio que en su nombre se debe proclamar: “conversión para el perdón de los pecados” (v.47), indica a sus discípulos su nuevo carnet de identidad: “Testigos” (v.48), y por último, les promete “enviar sobre ustedes la promesa de mi Padre” (v.49), que según Hch 2, 33 se trata del Espíritu Santo. De esta enseñanza, lo novedoso de Lucas es la identidad de “testigos”.

El segundo elemento constituye la conclusión del evangelio. Esta precisa: a) Jesús conduce al grupo de los discípulos (v.50a), b) los bendice (50b), c) se separa de ellos (v, 51), d) los discípulos se postaron ante él y regresaron a Jerusalén (v.52), y, por último, e) ellos estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios (v.53). Los puntos son paralelos. Los literales “a” y “d” señalan un desplazamiento tanto por parte de Jesús como de los discípulos; los literales “b” y “e” indican una bendición, Jesús los bendice y ellos bendicen a Dios; y, por último, el literal “c”, quizá el central, conjuga el desplazamiento y la bendición por parte de ambos. Los vv. 46-49 ofrecen un resumen de lo que está escrito a propósito del Mesías: pasión, resurrección y predicación, en su nombre, de la conversión y el perdón para todos los pueblos. No existen textos de la Biblia hebrea que digan que el Mesías tenía que padecer y resucitar al tercer día, aunque esto podía demostrarlo Lucas con la interpretación especial de algunos de ellos. Lo que representa una novedad absoluta es que, en nombre del Mesías, haya que predicar la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos.

Esto que desconcierta es fundamental para Lucas; le sirve para empalmar la predicación de los apóstoles con la del Juan Bautista, aunque ahora no se limitará a Israel, sino que alcanzará a todos los pueblos. Mientras tanto, la frase “comenzando desde Jerusalén” prepara el desarrollo de los Hechos de los Apóstoles, donde la expansión misionera comienza desde allí. Como dice el salmo: “Desde Sion extenderá el Señor el poder de tu cetro” (Sal 110, 2). Jesús añade: “ustedes son testigos de esto”. ¿A qué se refiere? Los discípulos son ya testigos de la muerte y resurrección. Lo serán, de la difusión del evangelio, como se afirma en Hch 1, 8: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaria y hasta el confín del mundo”.
1Jesús avisa que va a enviarles “la promesa de mi Padre”. Nunca ha hablado antes de esa promesa. ¿En qué consiste? La respuesta se encuentra hasta el libro de los Hechos donde se dice: “serán bautizados con Espíritu Santo dentro de poco” (Hch 1, 4-5), y Jesús, “exaltado a la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado” (Hch 2, 33). El Espíritu Santo es uno de los puntos de contacto entre Lucas y Juan (Jn 14, 16; 15, 26). Esta primera parte finaliza con la orden de permanecer en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de lo alto. Y la cumplen después de la ascensión, volviendo a Jerusalén (24, 52).

Los vv. 50-53 describen la ascensión. Lucas podría acabar su evangelio con la orden de permanecer en Jerusalén. Pero la historia de Jesús, tan importante en su evangelio, no puede terminar así. Tan decisivo le parece este episodio que lo cuenta dos veces, al final del evangelio y al comienzo de los Hechos. Pero tiene especial interés en sus lectores que no interpreten lo que cuenta al pie de la letra. Lo importante es el mensaje: Jesús ha sido glorificado y lo que ello significa para la comunidad de Lucas.
La versión del evangelio es la más sobria. El lugar se indica de forma vaga, “cerca de Betania”. Este lugar no ha desempeñado papel importante en el evangelio de Lucas. El mismo Lucas advirtió que su relato podía mejorarse, y en los Hechos situó la ascensión “en el monte de los Olivos” (Hch 1, 12). Esto tiene sentido, porque desde el monte de los Olivos sube al cielo la gloria de Dios según Ez 11, 23. Lucas, conocedor de la Biblia hebrea, pudo haber relacionado entre la gloria de Dios y Jesús.
Luego describe las acciones de Jesús y las de los apóstoles. Jesús levanta las manos, bendice, se separa y es llevado. No que da claro en qué consiste la separación, si es alejarse unos metros del grupo. Sería una lejanía horizontal antes de la ascensión vertical; en esta segunda, el uso de la voz pasiva (se separó) sugiere que es Dios el autor de la acción, quien lleva a Jesús hacia el cielo. En los Hechos se expresa la misma idea con otro verbo: “fue elevado”.

Los discípulos se postran en adoración, que es lo que Satanás había puesto a Jesús como condición para entregarle todo el poder y la gloria: “Si te postras ante mí…” (Lc 4, 7). Lucas no usa el verbo en ningún otro momento. La comparación con la tentación sugiere la enorme importancia del gesto. Los apóstoles vuelven a Jerusalén con gran alegría. No tienen los sentimientos de tristeza, abandono o soledad. Al contrario, parecen compartir, alegremente, la promesa de Jesús (v.49). La alegría es tema típico de Lucas desde el comienzo del evangelio (1, 14. 47; 2, 10; 10, 17. 21; 15, 7. 10). Es normal que Lucas termine su evangelio con esta nota característica. También vuelve al principio con la mención de Jerusalén y de su templo. Allí comenzó el evangelio, con Zacarías recibiendo una promesa (Lc 1, 13-14), y termina todo con los discípulos bendiciendo a Dios en el templo. Cuando Teófilo (Lc 1, 3) terminó de leer el volumen que Lucas le había dedicado pudo sentirse satisfecho. Había profundizado en las enseñanzas recibidas, conocía mejor a Jesús y la solidez de su doctrina. Sentía el deseo de unirse a los discípulos para alabar a Dios en todo momento. Pero, sobre todo, que Lucas le contase qué ocurrió cuando los apóstoles recibieron el don del Espíritu Santo.

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