Décimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 10, 1-12. 17-20

El texto es continuación de Lc 9, 57-62 y se ubica en la sección unitaria que comienza con el envío de los discípulos y termina con la reacción de Jesús cuando regresan (Lc 10, 1-24).

Lc 10, 1-24 es el envío de los otros setenta y dos. Es un consenso que este relato de envío es el más antiguo. Es una narración inspirada en la experiencia itinerante y radical del Jesús real. En el texto, no aparece el término “apóstol” que corresponde al contexto pospascual. Algunos estudiosos consideran los vv. 13-16 y 21-24 aparte, pero considero que lo más oportuno es mantener la unidad literaria del relato misionero. Los vv. 1-12 indican el envío y sus detalles.

El v. 1 presenta el envío de los setenta y dos. El número parece estar en relación con el número de pueblos gentiles, el proyecto importante de la obra lucana. Este representa, en Lucas, a los misioneros de su época, prescindiendo del número exacto. A diferencia de los Doce, centrados en Israel, esta cantidad ostenta la misión de la comunidad lucana entre las naciones romanas. Pero, sobre todo, en la perspectiva de Lucas, la misión no es obra de un pequeño grupo de selectos. Si el mensaje del Evangelio se difundió por el imperio romano fue gracias a gran número de personas anónimas. A estos, Jesús los envía de dos en dos, por una parte, porque el testimonio válido es el dado por dos personas, y por otra, probablemente para que se sirvan de ayuda. Esta práctica en parejas fue la que implementó la misión en los orígenes cristianos: Pedro y Juan (Hch 3, 1; 8, 14), Pablo y Bernabé (Hch 13, 1), entre otros.

El envío es a los pueblos y lugares que él visitará posteriormente. Como Juan Bautista, aunque de manera distinta, le preparan el camino al Señor. El envío es acompañado con un dicho y un imperativo (v.2). El dicho tiene que ver con la urgencia de la misión y para ello hace el contraste entre la mucha cosecha, trabajo, y pocos trabajadores. Lo primero que deben hacer los enviados es implorar (deéthete) al señor de la cosecha que envíe obreros. Esta oración producirá frutos de diversas formas: en la vocación de los Doce, es Jesús quien toma la iniciativa (6, 12-16); en los tres casos precedentes (9, 57-62), el primero y el tercero se puede decir que son movidos por Dios a ofrecerse a Jesús; en el segundo, es el mismo Jesús quien llama. Sea el Padre de forma misteriosa, o Jesús de manera directa, es siempre necesaria la oración que mueva a obedecer al llamamiento. Los enviados son peticionarios y labradores del dueño de la misión (cosecha).


El v. 3 hace la advertencia en la misión. Esta no será una labor fácil ni agradable. Van como corderos en medio de lobos. La metáfora sugiere una misión conflictiva, hasta pagar con la propia vida, como la de Jesús. Las dentelladas de los lobos se advierten pronto en el libro de los Hechos: desde las mortales, que acaban con la vida de Esteban y de Santiago el Mayor, hasta las menos graves, que provocan encarcelamientos, latigazos, expulsión, acusaciones injustas. Los enviados no van con poder (lobos) sino con debilidad y obediencia al dueño de la misión (corderos). Dentro del Evangelio, la actitud que debe observarse en estos momentos se desarrolla en 12, 4-12.


En los vv. 4-12, Jesús da las órdenes para la misión. Estas, en el texto lucano se alargan
hasta los vv. 13-16. Estas, aunque breves, siguen un orden perfecto. A continuación, se
detallan. Los preparativos (v.4). Estos son imperativos prohibitivos que exponen lo que los
enviados no deben llevar. La advertencia del v. 3 empalma directamente con el ejemplo
radical de pobreza. La mejor manera de evitar las dentelladas de los lobos es llevar una
forma de vida pobre y austera. En la talega se guardaba dinero; en la alforja, el alimento; y,
las sandalias parecen comodidad innecesaria, ya que no deben ir a lugares muy lejanos.
En el camino. Una sola norma: “No saluden a nadie por el camino” (v.4). No se trata de
falta de educación sino prisa y sin reconocimientos de honor, no perder el tiempo en saludos y conversaciones inútiles. La misión de los discípulos es urgente; no se puede perder el tiempo charlando a mitad de camino. El envío destaca el desprendimiento total de los enviados

Llegada a una casa (vv.5-7). La orden es saludar: “Paz a esta casa”. Dicha paz, no es una fórmula de saludo, sino del nombre que tiene el reinado de Dios en Lucas (vv.9.11), de algo personal que lleva el enviado en su corazón. Equivalente a la “fuerza” que reside en Jesús y sale de él para curar; la paz de los discípulos es una realidad benéfica que comunica a quien sintoniza con esa paz porque es “hijo de paz”, “gente de paz”; en caso contrario, vuelve con ellos. Siguiendo con las normas, una vez, en la casa, es importante permanecer en ella, comiendo y bebiendo lo que les pongan. Cambiar de casa puede provocar celos y tensiones. Pedir algo especial de comer o de beber sería desprestigiar el mensaje que predican. Pero comer y beber lo necesario es lógico, “porque el obrero merece su sustento”.


Llegada a un pueblo en el que son bien recibidos (vv. 8-9). Se dan tres normas, a propósito de la comida, la actividad y el tema de la predicación. Insiste en que coman lo que les pongan. La actividad consistirá en curar a los enfermos. El tema de predicación se centrará en el reinado de Dios, tanto que “está cerca” como “ha llegado”. Jesús ha inaugurado el reinado de Dios y los enviados lo hacen presente, por tanto “ha llegado a ustedes”. Llegada a un pueblo en el que son rechazados (vv.10-12). La misión sigue siendo decisiva y apremiante. Pero, en este caso, las normas anteriores resultan inútiles. Sin embargo, los enviados deben llevar a cabo una acción simbólica y proclamar un mensaje. La acción simbólica: sacudirse el polvo de los pies; equivale a considerar ese pueblo como tierra pagana. La contraposición de Sodoma con aquella ciudad (10, 12) es la misma de 10, 1316; y, en su contexto representa el antagonismo entre ciudades judías y gentiles. El texto es favorable a estas últimas, ello indica que, en tiempos de la obra lucana, el evangelio estaba teniendo mejor acogida entre los gentiles que entre los judíos jerosolimitanos.

Compárese Lc 10, 4 con 22, 35-36. 2Los vv. 17-20 presentan el regreso de los setenta y dos enviados. El informe que estos dan no responde a las órdenes que Jesús les dio. Le hablan de algo que Jesús no mencionó cuando los envió: el sometimiento de los demonios. Extraño. Una prueba de poder que los asemeja a Jesús, que ya los ha expulsado en diversas ocasiones. Jesús no se sorprende con esta noticia. La imagen recuerda a Is 14, 11-15 y Ap 12, 9. Tampoco los setenta y dos deben extrañarse de su éxito porque les había dado poder de pisotear serpientes y escorpiones y sobre toda la fuerza del enemigo, de modo que nada podrá hacerles daño. De este poder no se ha hablado en el momento del envío. El pasaje más parecido, incluso exagerando, es Mc 16, 17-18. La experiencia en la misión demostrará que muchas veces Satanás, las serpientes y los escorpiones parecerán vencer. A pesar de ello, esperanza y alegría, porque los nombres de los enviados están inscritos en el cielo. La imagen, “Satanás caer del cielo como un rayo”, era conocida. Pero lo importante es lo que significa en cada contexto. Los setenta y dos están alegres porque se les han sometido los demonios; más bien deben alegrarse por la certeza de la recompensa futura. Esta alegría de los enviados dará paso al gozo de Jesús (vv. 21-24).

Mons. Romero, respecto a la identidad de los setenta y dos, dijo: “es más bien un grupo… en el cual yo veo, queridos hermanos, a ustedes los laicos, los bautizados, padres de familia, maestros de escuela, profesionales, estudiantes. Ustedes son los setenta y dos que Cristo escoge y los envía”.
Mons. Romero, respecto al saludo de paz, dijo: “no hay paz… nos preocupa si no quiere seguir los verdaderos caminos para encontrar la paz…prediquen esto que es el resumen de mi redención: paz a esta casa. Y si allí hay gente de buena voluntad, allí se quedará esa paz; pero si hay soberbia, si hay orgullo, si hay rechazo de Dios, esa paz no se quedará allí, se irá con ustedes”.
3 Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 3 de julio de 1977, tomo I, San Salvador 2005, 168. 4 Ibid. 168-169.

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