Décimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

LA FAMILIA DE BETANIA

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 10, 38-42

El relato se divide en tres partes: 1) el recibimiento del invitado Jesús por parte de Marta (v. 38); 2) las disposiciones que adoptan las anfitrionas Marta y María (vv. 39-40a); y, 3) la queja de Marta y la sentencia de Jesús (vv. 40b-42).

Lucas narra de forma resumida, un episodio doméstico, pero de consecuencias imprevisibles. Este es el recibimiento de un huésped, es decir, la inserción de un elemento extraño en un sistema familiar (v. 38). La primera fase está marcada por su carácter puntual del verbo “le dio la bienvenida”, “lo recibió”; seguida de una segunda que refleja las disposiciones tomadas por las dos hermanas ante el huésped. Dichas disposiciones están descritas en los verbos “escuchaba” y “estaba atareada”. Estos indican que ambos comportamientos tuvieron una cierta duración (vv. 39-40a). Pronto la escena rompe su equilibrio. La voz de Marta, no la pluma de Lucas precipita la placidez del relato. El texto llega a su clímax, con la amonestación del Señor a Marta (vv. 40b-42).

De entrada, el texto plantea un problema a quienes afirman que Lucas había leído el evangelio de Juan. ¿Cómo puede haber olvidado que Marta y María vivían en Betania a dos pasos de Jerusalén? (Jn 11, 1). Ahora Lucas las sitúa en una aldea desconocida, más bien cerca de Galilea. Y no invitan a comer a los discípulos, ni a las mujeres que acompañaban a Jesús, ni siquiera a su hermano Lázaro. Cosa lógica, porque todos ellos estorban para la intencionalidad del relato. Lucas va a lo esencial. Por eso, en contra de la orden dada a los setenta y dos, Jesús ni siquiera saluda con la paz.

Lucas entra de inmediato al centro de la acción, contrastando de nuevo, como en el relato del samaritano, dos actitudes: María, “sentada a los pies del Señor” y Marta, “se multiplicaba para dar abasto con el servicio”. No queda claro por qué tanta agitación, pero puede imaginarse. Se comprende su malestar, pero ¿su reacción?

En lugar de pedirle a su hermana que le ayude, se planta ante Jesús y le dirige un “Señor” más irónico que respetuoso. Él tiene la culpa de lo que ocurre y es el que debe poner la solución mandando a María a la cocina. Las palabras de Marta suponen una confianza y una valentía que no se encuentra en ningún otro personaje. En el cuarto evangelio, ante la muerte de su hermano Lázaro, culpa a Jesús: “Si hubieras estado aquí, Señor, no habría muerto mi hermano” (Jn 11, 21). Marta es la versión femenina del Job rebelde.

Jesús, con ironía y cariño, nombrándola dos veces, le responde. No le reprocha que trabaje, sino que ande “inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Más adelante, Jesús aconsejará a los discípulos que no anden inquietos por la comida (12, 22), pero se trata de la inquietud por la falta de alimento; la inquietud de Marta se debe a lo contrario, a la cantidad de cosas que tiene que preparar, y eso hace que esté nerviosa (thorubázo), la única vez que aparece el verbo en el NT. Inquietud y nerviosismo es lo más opuesto a la imagen de María, sentada a los pies del maestro. Por eso, Jesús, en vez de darle una ayuda, le da un consejo.

Por desgracia, el consejo se ha transmitido en tres variantes textuales: a) “solo una cosa es necesaria”, “solo hay que preocuparse de una cosa”. Esa cosa necesaria equivale a “la mejor parte”: escuchar a Jesús; b) “poco es necesario, una sola cosa”. Termina diciendo lo mismo que la anterior; y, c) “poco es necesario”, que ha dado lugar a una interpretación bastante difundida: “un plato basta”. Aparte de su escaso valor textual, elimina la gran enseñanza de Lucas: escuchar a Jesús es lo único realmente necesario.

El pasaje se ha prestado a diversas interpretaciones, tanto individual como eclesial. A nivel individual se ha propuesto: a) recomienda a los cristianos a ser hospitalarios como Marta; esta interpretación ha sido corregida: los dos componentes de la hospitalidad son la acogida y la escucha del huésped; por tanto, no se puede decir que solo Marta es hospitalaria, también María practica esa virtud; b) recomienda que las mujeres reciban la formación de discípulas de Jesús, como María; también este enfoque ha sido mejorado, ya que Marta y María son el referente de un discipulado femenino que surgió en torno al movimiento de Jesús y que suponía una novedad en el contexto social del siglo I; c) es un toque de atención a la tendencia que tenemos a sentirnos protagonistas; incluso en la relación con Dios; atrae más la acción que la oración, hacer y dar, que escuchar y recibir; la breve escena de Marta y María recuerda que a menudo se anda inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y se olvida la importancia primaria del trato con el Señor.

La interpretación eclesial. El pasaje adquiere fácilmente un sentido simbólico, con dos figuras femeninas contrapuestas: una aparentemente pasiva, otra dedicada al servicio. Es normal referir el servicio a la preparación de la comida, y meter a Marta en la cocina. Sin embargo, a nivel eclesial, el servicio, la diakonía, implica otras labores. Poco antes, al mencionar a las mujeres que acompañaban a Jesús y a los Doce, dice que “los servían con sus bienes” (8, 3). Pero el mejor testimonio está en Pablo, que acusan de machista, cuando habla de la diaconisa Febe (Rm 16, 1-2). Ella no se ha dedicado a preparar la comida ni a apoyar económicamente a la comunidad, “ha protegido a muchos”, empezando por Pablo. No se sabe cómo llevó a cabo esa protección, pero su servicio fue de gran importancia.

Según estudiosas del texto, Lucas aborda un problema de su comunidad, aunque con interpretaciones distintas: para unas, pretende enseñar la superioridad del ministerio litúrgico sobre el diaconal; otras ven en la crítica a Marta el deseo de quitar importancia al liderazgo y ministerio de las mujeres y encerrarlas en la cocina o sacristía; otras no lo ven negativo: Lucas apoya el liderazgo de las mujeres e instruye a los lectores del evangelio sobre ciertos aspectos del ministerio.

Marta-María y el samaritano. Este pasaje sigue inmediatamente al relato del samaritano. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y se iluminan mutuamente. El relato del samaritano era una invitación a convertirse en prójimo: “vete y haz tú lo mismo”. Para mantener la acción en favor del prójimo, tanto a nivel personal como eclesial, la mejor preparación es sentarse, como María a escuchar la palabra de Jesús.

El relato hace que la Iglesia vuelva su mirada a los orígenes del Nuevo Testamento, con la debida prudencia y seriedad. Remite estar atentos, desde el Evangelio, al ministerio ejercido por las mujeres con Jesús. Y, evoca simultáneamente a la escucha de la Palabra (v. 39), que en los orígenes correspondía al ministerio de la Palabra; y, al verbo servir (diakonein), que se refiere al ministerio de la mesa, las tareas diaconales que exige el ministerio mismo (v.40).

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