
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 13, 22-30
El texto está ubicado en la sección de Lc 13, 22 – 17, 10. Lucas sigue presentando a Jesús camino a Jerusalén, a la vez que mediante parábolas exclusivamente suyas y el bajo el género del simposio, Jesús aparece, a la vez, como un maestro prestigioso y contracultural.
El texto en estudio es el inicio de la sección y se estructura así: a) Sumario (v.22). Este contextualiza la geografía del camino de Jesús. Él mantiene firme su decisión de encaminarse hacia Jerusalén.
b) La pregunta de un anónimo: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (v. 23). Esta cuestionante tiene como trasfondo a Is 37, 32 y como presupuesto que Jesús es el salvador (Lc 2, 11).
Durante siglos, a los israelitas no les preocupó el tema de la salvación o condena en la otra vida. Después de la muerte, todos, buenos y malos, ricos y pobres, opresores y oprimidos, descendían al mundo subterráneo, el Sheol, donde sobrevivían sin pena ni gloria, como sombras. Quienes se planteaban el problema de la justicia divina, el premio de los buenos y castigo de los malvados, respondían que eso tenía lugar en este mundo. Sin embargo, la experiencia demostraba lo contrario, y así lo denuncia el libro de Job: en este mundo, los ladrones y asesinos suelen vivir felizmente, mientras los pobres mueren en la miseria.
Con el tiempo, para salvar la justicia divina, algunos grupos religiosos, como los fariseos y los esenios, trasladaron el premio y castigo a la otra vida (Dn 12, 2). Entre los judíos que creían en la resurrección cabía otra postura, importante para comprender la pregunta: solo los buenos resucitan para una vida feliz, los malvados no consiguen ese premio, pero tampoco son condenados.
La pregunta absurda. Muchos cristianos actuales habrían formulado la pregunta de manera distinta: ¿serán muchos los que se condenen? Sin embargo, el personaje del que habla Lucas parece formar parte de ese grupo que solo cree en la salvación. Jesús podría haber respondido con otra pregunta: ¿qué entiendes por “pocos”? ¿Cuatro mil? ¿Ciento cuarenta y cuatro mil? La pregunta por pocos o muchos es absurda, aunque hay gente que sigue afirmando con absoluta certeza que se condena la mayoría o que se salvan todos.
c) La respuesta de Jesús: una enseñanza, cómo salvarse (v.24). Jesús no entra en el juego. Ni siquiera responde al que pregunta, sino que aprovecha la ocasión para ofrecer una enseñanza abierta: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán”. La imagen, tal como la presenta Lucas, no resulta feliz. Quienes no pueden entrar por una puerta estrecha son las personas muy gordas, y eso no es lo que está en juego[1].
En cualquier caso, la enseñanza de Jesús resulta vaga: ¿en qué consiste entrar por la puerta estrecha? ¿Quiénes no podrán hacerlo? En otros textos lo deja más claro (Lc 18, 18-23). Son los mandamientos de la segunda tabla del decálogo los que regulan las relaciones con el prójimo. Curiosamente para conseguir la vida eterna no es preciso observar el sábado.
d) El drama del dueño de la casa con los que se han quedado fuera (vv. 25-29), refuerza el dicho anterior de Jesús. La pregunta sobre el número de los que se salvan ha provocado una respuesta sobre cómo salvarse; pero Jesús ha añadido algo más, sobre quiénes se salvarán. El libro de Isaías contiene una promesa hecha por Dios a los israelitas (Is 60, 21).
Jesús dice algo muy distinto. Empalmando con la idea de que “muchos intentarán entrar y no podrán”, ofrece una curiosa escena dialogada. Comienza de forma extraña: “Cuando el amo de la casa se Levante y cierre la puerta”. No se trata de una casa cualquiera, sino de la casa a la que se entra por la puerta estrecha de la salvación. Pronto quedará claro que esa casa es el reino de Dios. En ese contexto, el dueño de la casa con autoridad para cerrar la puerta no puede ser un individuo cualquiera. Ese señor es Jesús, como sugiere claramente lo que sigue. También la expresión “cuando se levante (égerthe)” recuerda un término técnico para hablar de su resurrección (Mc 16, 6; Mt 28, 6-7). Es entonces cuando adquiere pleno poder para cerrar la puerta del reino de Dios.
Los que se presentan y golpean son una multitud: “ábrenos”. La respuesta de Jesús es curiosa: “no sé de dónde vienen”, como si la procedencia fuera lo esencial. Ellos aducen dos motivos para que les abran: lo que han hecho ante él, y lo que él ha hecho por ellos. Pero Jesús repite: “no sé de dónde vienen”. Y no solo se limita a cerrarles la puerta, sino que los aleja de su presencia por malhechores (“obradores de maldad”). Ahora está claro por qué no podrán entrar por la puerta estrecha.
Esa tristeza e irritación estarán provocadas al ver en el reino de Dios a los verdaderos israelitas representados por los tres patriarcas y los profetas (este último, añadido de Lucas a su fuente), mientras ellos son expulsados fuera. En cambio, se sentarán a la mesa personas venidas de los cuatro puntos cardinales. Jesús sugiere que son extranjeros, paganos. A ellos no les dirá: “No sé de dónde vienen”. La conversión de los paganos ya había sido expuesta por Isaías (Is 66, 18-21). Pero Jesús es hiriente y polémico: no se trata de que los paganos se unen a los judíos, sino de que los paganos sustituyen a los judíos en el banquete del reino de Dios.
e) Por último, la sentencia de Jesús (v.30). Moraleja y matización. Esta es una frase breve y enigmática de las que le gustaban a Jesús. Para el Jesús lucano, los últimos son los paganos, los primeros los judíos. El orden se invierte. Pero los primeros, los judíos como totalidad, no quedan fuera del banquete, también son invitados a él. El libros de los Hechos de los Apóstoles presentará a Pablo dirigiéndose en primer lugar a ellos, aunque generalmente sin mucho éxito.
Es difícil que Jesús haya contado esta historia tal como la ha transmitido Lucas, a no ser que quisiera que lo acusaran de blasfemo por presentarse como dueño del reino de Dios con poder de cerrar su puerta. Sin embargo, es muy fácil imaginar en las comunidades lucanas, necesitadas de explicar por qué gran parte del pueblo judío no aceptaba a Jesús como Mesías, mientras muchos paganos lo acogían favorablemente. Él es la puerta estrecha, por la que muchos contemporáneos se niegan a entrar.
[1] Mateo ofrece una versión más completa y clara (Mt 7, 13-14).
