
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 14, 1. 7-14
El texto está ubicado en la unidad de Lc 14, 1-24. En el contexto de un banquete, en casa de uno de los jefes de los fariseos (v.1), Jesús ofrece una serie de enseñanzas en las que promueve valores alternativos (vv.10-11. 12-14), que el discípulo debe imitar.
Lc 14, 1.7-14, en su género, es una instrucción parenética, que aconseja evitar una actitud (vv. 8-9. 12) y adoptar la actitud de Jesús (vv. 10. 13). El texto critica un ethos, es decir, un hábito normalizado; y, proclama un comportamiento radical: ponerse uno a sí mismo en la extremidad inferior de la escala social y considerar como comensales a los marginados.
Jesús en Lc 14, 1-6, ha realizado el acontecimiento del hidrópico. En cuanto termina el espectáculo del milagro, los invitados corren de inmediato a ocupar los primeros puestos en el banquete. A continuación, Lucas presenta dos breves instrucciones, una dirigido a los invitados (Lc 14, 7-11) y la otra al dueño de la casa (14, 12-14).
Literariamente, el texto (14, 7-14) se divide en dos unidades, vv. 7-11; y, vv. 12-14. Estas son semejantes en su construcción literaria. Tales unidades presentan la enseñanza de Jesús ante el afán de honor y fama disputada en los banquetes, por parte de los invitados y el anfitrión.
| Lc 14, 7-11 | Lc 14, 12-14 |
| a) La búsqueda de los primeros puesto como ocasión del discurso (v.7) | a) Fórmula de introducción al discurso (v.12a) |
| b) Los dos ejemplos (vv.8-10) – ejemplo que no hay que seguir (vv.8-9) – ejemplo que hay que seguir (v.10) | b) Los dos ejemplos (vv.12b-13) – el ejemplo que no hay que seguir (v.12c) – el ejemplo que hay que seguir (v.13). |
| c) La inversión de los valores (v.11) | c) La bienaventuranza final (v.14) |
Ambas construcciones exponen la enseñanza de Jesús. Estas, mediante antítesis, observan la honorabilidad, tal como se entendía en aquella sociedad judío-romana, donde el honor era el valor cultural más importante. En estas sociedades se pugnaba por los primeros puestos en los banquetes, por los más honorables asientos; y, se invitaba a la gente cuya presencia honraba o podía devolver la invitación.
Los vv. 7-11 desarrollan un espectáculo bochornoso, pero comprensible. Hay dos factores que lo explican. El primero es la búsqueda del honor y la fama. Actualmente, cuando se celebra un banquete o una boda, los puestos están asignados de antemano, y lo único que preocupa es ver si te han puesto al lado de alguien que no conoces. En la antigüedad todo era más flexible, y se prestaba a conflictos como el descrito. El segundo factor casi no lo tienen en cuenta los comentaristas: en el tiempo que se escribieron estos textos lucanos (s. I) conseguir uno de los primeros puestos era importante porque se comía mejor.
Las palabras dirigidas a los invitados son desconcertantes en boca de Jesús: aconseja un comportamiento puramente humano, una forma casi hipócrita de tener éxito social cuando te invitan a un banquete. La elección del último puesto, algunos la relacionan con Prov 25, 6, pero es forzar el texto.
La historieta es anticuada y poco digna de Jesús, reflejaba para los lectores lucanos una realidad cotidiana divertida, que los llevaba, casi sin darse cuenta, a la gran enseñanza final: “Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. El uso de la voz pasiva, “será humillado, será enaltecido”, es un modo de evitar a Dios, pero los oyentes sabían muy bien el sentido de la frase: “Al que se enaltece, Dios lo humillará; al que se humille, Dios lo enaltecerá”. Naturalmente, ya no se trata de la actitud que se debe adoptar cuando se es invitado a una boda, sino de la actitud continua en la vida y ante Dios. Más adelante, Lucas propondrá en la parábola del fariseo y del publicano un ejemplo concreto, que termina con la misma enseñanza (18, 10-14)[1].
Los vv. 12-14 están dirigidos al que ha invitado a Jesús. La intervención de Jesús tiene lugar cuando se recuesta junto al que lo ha invitado. Lucas no lo dice, pero ayuda a ambientar la enseñanza de Jesús, tan atrevido como desconcertante. En las sociedades del imperio romano del s. I, “pobres, lisiados, cojos, y ciegos”, al no poder trabajar, formaban parte del estrato más bajo, la clase de los despreciables. Y, desde un punto de vista religioso, estas personas quedaban excluidas en Israel de ciertas funciones cultuales. Tal legislación fue estipulada en Lv 21, 17-20.
Por consiguiente, Jesús se manifiesta en desacuerdo con las normas sociales y religiosas vigentes. Pero hay otro aspecto fundamental en sus palabras: lo importante no es lo que obtenemos en esta vida, sino lo que nos darán en la otra. Lo mismo que dice a propósito de la limosna, la oración y el ayuno en Mt 6, 1-18, cuando contrapone la recompensa efímera que se consigue en la tierra con la perenne que Dios da.
La referencia a la “resurrección de los justos” no significa que solo ellos vayan a resucitar. La expresión solo aparece dos veces, y en ambas ocasiones va acompañada de la resurrección y castigo de los malvados (Hch 24, 15; Jn 5, 29).
En resumen, la crítica de Jesús, a los valores dominantes, así como sus propuestas (vv.10-11. 13-14), tienen un firme fundamento bíblico: el Reino de Dios. A su vez, dibujan el comportamiento de sus discípulos, quienes deben regirse por los valores de los que se humillan y de los últimos. Ello en su contexto era inversión de los valores dominantes (honor y vergüenza) y suponía superar las divisiones sociales que la sociedad imperial había creado. Al comparar, la claridad en las dos construcciones se concluye que así pensaba Jesús. De tal manera que, ningún lector puede decir no entender.
“Cristo sigue proclamando: No seas orgulloso, no seas autovaliente por ti solo. Hazte el humilde. Sé humilde, no te hagas humilde. Ocupa el último lugar… Humildad y pobreza son dos hermanas gemelas”[2].
[1] En el Nuevo Testamento hay textos sobre la humildad. Aquí está un texto paulino que propone como modelo a Jesús: Flp 2, 3-8.
[2] Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 28 de agosto de 1977, tomo I, San Salvador 2005, 290-291.
