
Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones al texto de Lc 18, 1-8
El texto es una de las dos parábolas de amplio acervo lucano contenidas en Lc 18, 1-14. La primera (18, 1-8) es la del juez y la viuda; y la segunda (18, 9-14) la del fariseo y el publicano. Ambas son diferentes, pero están unidas por una enseñanza sobre la oración (vv. 1. 10). Dicha instrucción emana de dos preocupaciones de la comunidad lucana: una sobre cómo es orar siempre sin desfallecer (v. 1) y otra que algunos, de ellos, se tenían como justos y despreciaban a los demás (v.9). Cada una de las parábolas va seguida de una reflexión de Jesús (vv. 6-8. 14).
Lc 18, 1-8 se puede dividir en tres secciones: 1º) situación de la comunidad (v. 1). Hay una crisis, puesto que les “propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”.
Ello debido a que la mayoría de los destinatarios, de estos textos, eran procedentes de naciones que no estaban acostumbradas a orar a Dios. Igual que muchos cristianos de hoy. Lucas se esforzó por inculcarles la importancia de la oración. Tal como lo hizo en los relatos de la infancia (1 – 2) y en la enseñanza de la oración al Padre (11, 1-13). Con este motivo contó la historieta del amigo insoportable que pide tres panes en mitad de la noche y termina consiguiéndolos para que no moleste más. El comienzo de la actual parábola parece inculcar la misma idea de orar siempre sin desfallecer. Sin embargo, el final depara una gran sorpresa.
2º) La parábola (vv.2-5). Esta inicia con la típica indefinición de “una ciudad”, “un juez”, “una viuda”. Del juez se dan datos importantes: para él no cuentan Dios ni los hombres. Es el malvado que describen algunos salmos. De la mujer basta decir que era viuda, una de las personas débiles de la sociedad, junto con huérfanos e inmigrantes. A ella le debe el juez especial respeto y atención, porque la ley manda (Ex 22, 21; Dt 27, 19).
La parábola no dice quién era su adversario ni cuál el conflicto. Pero lo importante para la parábola no es el detalle concreto sino la injusticia. Es una de las cosas que diferencia a esta parábola de la del amigo inoportuno (11, 5-8), que solo pretende resolver un pequeño problema con tres panes. La viuda coincide con el amigo en la constancia e inoportunidad: no se limitó a presentar su reivindicación una vez, lo hizo “por algún tiempo”.
El protagonismo pasa de repente al juez. Con un cinismo absoluto reconoce que Dios y los hombres le traen sin cuidado, y que la administración de la justicia le interesa poco; pero atenderá a la vida para no crearse problemas. Aquí termina la historieta.
3º) Explicación y aplicación de la parábola (vv. 6-8). En el v. 6 toma la palabra el Señor para extraer su enseñanza. Como en otras parábolas, se basará en la conducta de uno de los protagonistas de la historia. ¿En quién se fijará Jesús? Ya que pretende inculcar la necesidad de orar sin desfallecer, lo lógico es que elija a la viuda. Sin embargo, hace que el oyente-lector se fije en el juez, para comparar su conducta con la de Dios. La idea básica es la misma de Lc 11, 13. Si el juez es alguien que no le importa ni Dios ni los hombres, termina haciendo justicia a la viuda, “¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él, día y noche?; ¿o les dará largas? Les digo que les hará justicia sin tardar”.
La traducción litúrgica formula dos preguntas, pero el texto original griego ofrece una sola, y parece plantear una alternativa sobre la conducta de Dios: ¿hará justicia a sus elegidos o les dará largas? La respuesta no admite dudas: les hará justicia sin tardar.
El acento se ha desplazado de la oración a la justicia, una especie de parábola subversiva de una comunidad angustiada que pide ininterrumpidamente a Dios (día y noche) que la salva. No se trata de pedir cualquier cosa, aunque sea buena, ni de alabar o agradecer. Es la oración que se realiza en medio de una crisis muy grave.
En este contexto se comprende que la comunidad grite a Dios día y noche, y que la parábola prometa que les hará justicia frente a las injusticias de sus detractores. La situación recuerda a la experiencia de Egipto (Ex 7, 4; 12, 12; Nm 33, 4).
Como en otras ocasiones, Lucas plantea un tema con el que el lector puede sentirse en desacuerdo: Jesús oró sin desfallecer, hasta derramar su sangre, y lo mataron. ¿En qué consiste hacer justicia? Lucas ofrece una solución en el libro de los Hechos: la comunidad perseguida no pide que le hagan justicia, sino que le den la fuerza para seguir proclamando el Evangelio. Y eso lo consiguen por acción del Espíritu Santo.
Lucas termina con una frase desconcertante: “Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. Parece fuera de lugar, pero relaciona la parábola con la enseñanza anterior a los discípulos sobre la venida del Hijo del hombre (17, 22-37). En su oración, no deben perder de vista que la meta de la historia es la aniquilación de toda injusticia. Esa no era entonces la actitud habitual de los cristianos, ni tampoco ahora. Lo habitual es vivir el presente, sin pensar en el futuro. Eso es lo que quiere evitar el evangelio cuando termina desafiando: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará la fe en la tierra?”. Que la fe no se limite a cinco minutos o a un comentario, sino que impulse a clamar a Dios día y noche.
Monseñor Romero dijo: “Y esta es la figura que yo quisiera que grabáramos…necesitamos mantener continuamente los brazos en alto, en oración… con un sentido de plegaria, oren y estemos en oración. No hay cosa más bella que una Iglesia en oración”[1].
[1] Cfr. Óscar A. Romero. Homilías, 16 de octubre de 1977, tomo I, San Salvador 2005, 398.
