Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario

Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Lc 17, 11-19

El texto sirve de obertura de la sección de Lc 17, 11 – 19, 28. En esta la venida del Reino de Dios adquiere una notable importancia. Se insiste en temas claves de la obra lucana: el amor de Dios que busca a los tenidos por pecadores (17, 11-19; 19, 1-10), la oración en la vida del discípulo (18, 1-14), la actitud de humildad y acogida de Dios y su perdón (17, 11-19; 18, 15-17), la responsabilidad en el tiempo que se alarga (19, 11-26). La cuestión del uso de los bienes materiales vuelve a aparecer como un tema que afecta a la comunidad de los discípulos (19, 18-29; 19, 1-10).

El texto se puede dividir en dos partes: 1º) El encuentro de los diez leprosos con Jesús, petición y curación (vv. 11-14); y, 2º) regreso del samaritano a dar gracias, interpelación de Jesús y envío (vv. 15-17).

La primera parte introduce con una descripción de la situación: Jesús va en el camino, hacia Jerusalén, y entre Samaria y Galilea, no en la mitad del campo, como era de esperar (Lv 13, 46), sino “al entrar en un pueblo”, salen a su encuentro diez leprosos. Al menos se mantienen a distancia (vv. 11-12).

De lejos gritan: “Jesús, jefe, ten compasión de nosotros” (v. 13). Ellos piden no que los cure directamente, sino que tenga compasión de ellos. La fama de Jesús ha llegado a todas partes y todos los conocen; estos diez leprosos están convencidos, además, de que puede curarlos. La frase “ten compasión de nosotros” o “ten compasión de mi” es la petición que hacen unos ciegos (Lc 18, 38.39). Todos ellos se encuentran en una situación desesperada, y su grito recuerda al que en los salmos se dirige a Dios cuando el orante se siente desfallecer y afligida en profunda angustia (Sal 6, 3; 9, 14; 25, 16).

¿Cómo reacciona Jesús? Al principio de su actividad en Galilea curó a un leproso, pero Lucas lo cuenta indicando cuatro detalles: extiende la mano y lo toca; responde a su petición con las palabras: “Quiero, queda limpio”; al instante desaparece la lepra: y, le ordena ir al sacerdote y ofrece lo mandado por Moisés (Lc 5, 12-16)

En el texto actual, la respuesta de Jesús (14a) no es de acuerdo con la petición, él no hace nada, se limita a ordenarles que vayan a los sacerdotes, como indicaba el rito de purificación. ¿Quiénes son los sacerdote? ¿Por qué no les dice que ofrezcan lo mandado por Moisés? Estas preguntas no interesan a Lucas. Lo importante es que los leprosos, sin que les desaparezca la lepra de inmediato, obedecen a Jesús y se ponen en camino. Un notable acto de fe en la palabra de Jesús.

Mientras van de camino quedan limpios (v. 14b). El texto sostiene que es en el camino donde se da el encuentro, la petición, la curación y la verificación de lo pedido. La curación de los leprosos evidencia la misericordia de Jesús con los impuros, la fuerza de su palabra y la obediencia del discípulo.

La segunda parte describe el regreso de uno de los leprosos; era un samaritano (vv. 15-16). Este vuelve alabando a Dios, postrándose rostro en tierra, a los pies de Jesús, y daba gracias. Los gestos están en activo. Lo cual indica que el lector debe poner atención.

“Caer rostro en tierra” es una señal de profundo respeto, que acompaña a veces a la oración (Jd 9, 1; Mt 26, 39), pero no se dirige exclusivamente a Dios (Nm 16, 4) o a un ángel (Jos 5, 14), también lo hace Rut ante Booz (Rut 2, 10), David ante Jonatán (1Sam 20, 41), Meribaal ante David (2Sam 9, 6), Abdías ante Elías (1Re 18, 7), Nabucodonosor ante Daniel (Dn 2, 46).

Haber vuelto a Jesús, no a los sacerdotes, en el contexto del texto, indicaba un gesto de aparente desobediencia. Para este samaritano, lo más importante es Jesús, no las leyes que rigen las purificaciones.

Jesús tiene a sus pies a uno que ha venido a darle gracias. No obstante, Jesús no se dirige a él, sino a un auditorio que abarca a todos los presentes, haciendo tres preguntas retóricas (vv. 17-18) que sirven de interpelación y comentario a lo hecho por el samaritano: ¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?

Cabe una objeción: este samaritano dio gloria a Dios en cuanto advirtió que estaba curado, ¿no habrán hecho lo mismo los demás, aunque no volvieron a dar gracias a Jesús? Esta pregunta hace caer en la cuenta de que no se puede dar gloria a Dios sin dar gracias a Jesús.

La escena termina con una palabras que se han escuchado en otros casos: “levántate, vete; tu fe te ha salvado” (v. 19). Todos han sido curados, solo uno se ha salvado. Nueve han mejorado su salud, solo uno ha mejorado en su cuerpo y en su espíritu, ha vuelto a dar gloria a Dios. Los otros nueve probablemente prefirieron la ley de la purificación que volver a Jesús. Sin embargo, Jesús ha mostrado su misericordia sin excepción alguna.

El “verse curado” del samaritano es un despertar a la fe, una apertura a la acción misericordiosa de Dios. Le reconoce a Jesús como su salvador. El samaritano no sólo ha quedado limpio de la lepra, sino que su “fe le ha salvado”: ha entrado en el reino de Dios porque ha comprendido el sentido del signo de Jesús.

Como en Lc 10, 36-57 un samaritano era ejemplo de misericordia, aquí es también un samaritano ejemplo de discipulado, expresado en su obediencia, postración, glorificación y gratitud. Dada la enemistad histórica entre Judea y Samaria, el texto y las palabras de Jesús tienen una dosis de provocación. Para el proyecto de la obra lucana este pasaje es importante porque prepara la acogida del evangelio por parte de los samaritanos en Hch 8, 5-25.

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