DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

Padre Manuel Acosta

Anotaciones al texto de Jn 20, 19-31

Este texto complementa la secuencia de testimonios de resurrección. Esta tiene el siguiente orden: aparición a María (20, 16) – María anuncia a los discípulos: “he visto al Señor” (20, 18) – aparición a los discípulos (20, 19) – los discípulos anuncian a Tomás: “hemos visto al Señor” (20, 24) – aparición a Tomás quien estaba con los discípulos (20, 26) – confesión de fe de Tomás: “Señor mío, y Dios mío” (20, 28).

El relato tiene tres partes. La primera parte es la aparición de Jesús a sus discípulos (20, 19-23). La situación vital es que los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos (20, 19). Tal indicación tiene dos lecturas. Una, en ausencia de Jesús están llenos de miedo y aislados del mundo y la otra, es que dicha reunión en un solo lugar indica el significado comunitario (eclesial) del texto. El miedo del grupo, en el texto, era la sinagoga farisea judía, de la cual, la comunidad joánica estaba separándose.

La llegada del Resucitado es por su propia iniciativa, aunque las puertas están cerradas. Él se dirigió a los suyos con un saludo de paz y disipó así el miedo que habitaba en el corazón de los discípulos. La paz es él y es el fruto de su cruz y de su resurrección. No se trata de un deseo, sino de un don real. Por paz hay que entender el bien total y material del ser humano. La existencia pospascual del discípulo ya no está bajo el miedo, sino bajo la paz.

El v. 20 describe la identificación del Señor y sus consecuencias. Su identidad: les mostró las manos y el costado. Al presentar los estigmas del suplicio pretende hacerles entender que él, el Resucitado no puede disociarse del Crucificado. La salvación es fruto principalmente de la cruz que se ve realizada en la resurrección. Así el don de la paz está enraizado en el Crucificado-Resucitado. La consecuencia de la paz es la alegría que suscita en los discípulos al identificarle. La existencia pascual del discípulo está caracterizada como una existencia que pasa del miedo y la tristeza a la alegría y a la paz.

Los vv. 21-23 exponen la enseñanza del resucitado. La resurrección es el tiempo nuevo, ello implica una nueva comprensión de la existencia. La repetición del deseo de paz expresa la esencia del nuevo tiempo. Esta paz se concreta en tres aspectos. El primero es el envío (v.21). La comunidad nace alrededor del Crucificado-Resucitado. Este es su certificado de nacimiento y su misión es prestar el mismo servicio que él prestó a la humanidad: lavar los pies y amar hasta el extremo. El segundo es el don del Espíritu (v.22). En Juan, Pascua y Pentecostés son un único acontecimiento. Jesucristo Crucificado-Resucitado inaugura el tiempo del Espíritu. El Espíritu es don pascual sin excepción (reciban). Y dicho don es para que los discípulos cumplan la misma misión de Jesús. Esta misión siempre debe pasar por la cruz.

Por último, el v. 23 concreta el tercer aspecto: los discípulos son investidos con la autoridad de perdonar. Tal autoridad la transmite el Resucitado a la comunidad de creyentes, no es exclusiva (perdonen-retengan). El texto no expone las condiciones concretas de perdonar y retener. En este sentido, deja tal ejercicio al Crucificado-Resucitado. A los discípulos corresponde servir a todos dicho perdón. La comunidad es servidora del perdón de Jesús, obrado en su cruz.

La segunda parte es la aparición de Jesús a Tomás (20, 24-29). La situación de este discípulo es narrada en el v.24: “No estaba con ellos cuando vino Jesús”. Él carecía de una experiencia pascual. Y la fe en el Resucitado es experiencia de Dios que posteriormente es transmitida mediante el testimonio discipular de Jesús. Este no estar le condujo a una duda que puede entenderse en primer lugar como rechazo al anuncio (testimonio) de los discípulos: “Hemos visto al Señor” (v.24). Tomás no se conformó con la mediación, él quería acceso inmediato al Resucitado.

En segundo lugar, también la duda está ligada a la exigencia de una prueba que confirme el testimonio de los discípulos. Él quería ver como los discípulos han visto, más aún, tocar. El modo de la verificación es significativo: quiere ver los estigmas de los clavos y tocar el costado del Crucificado. Ello es signo que está vivo. Por último, la duda se entiende como incredulidad: “no creo” (v.25). Pero dicha frase es búsqueda. Tomás quería acceder.

Los vv. 26-29 describen la aparición de Jesús a Tomás. El Resucitado se presentó anunciando el mismo anhelo de paz. El v. 26 alude a las asambleas celebrativas de la comunidad joánica (“ocho días después”), que facilitaban el encuentro con Jesús vivo. Dicho encuentro es objetivado con la frase “Jesús se presentó en medio” (eis tó mesôn). El texto no dice cómo Jesús se hace presente en medio. Pero, lo que facilita esta presencia es que los discípulos estaban juntos en aquel lugar.

El Resucitado tomó la iniciativa de dialogar con Tomás, tal como lo hizo con los anteriores (v.27). Tal invitación obligó a Tomás a decidir. Jesús no preguntó sobre sus dudas, él sin que se lo dijeran, tomó la palabra a Tomás y con autoridad le pidió que verificara (“trae tú, tu dedo y tu mano”). Dicha invitación es seguida de una exhortación, propia del Jesús joánico: suscitar la fe y le recuerda que hay que pasar de la incredulidad a creer. Las palabras del Resucitado transformaron a Tomás. Por una parte, confrontó su incredulidad; y, por otra, dicha conminación crítica tomasina es lo que permitió al discípulo renacer a la fe. Creer en un don que lo regala solo el Crucificado-Resucitado, no los discípulos.

El v.28 describe el renacimiento a de Tomás a la fe: su confesión. La expresión denota la certeza joánica que Jesús mediante su crucifixión-resurrección volvió al Padre. Tomás ha percibido, por un lado, la verdadera identidad del Resucitado, ya no se puede tocar sino creer; y, por otro, recapituló todas las confesiones. Jesús crucificado por los injustos, pero resucitado por su Padre, es confesado como Señor y como Dios. Juan comparte esta tradición con Flp 2, 9-11. El v.29 es el macarismo que reafirma la fe auténtica de la comunidad. La ausencia del Resucitado se hace presente en el creer de la comunidad: “dichosos”.

La conclusión del evangelio (20, 30-31), similar a la de 21, 24-25, es obra de la comunidad joánica, quien aclara que el evangelio está al servicio del itinerario de fe y se ha escrito para suscitar la fe en aquellos que no han visto a Jesús, como nosotros. Su redacción establece el “paso” de lo visto a lo creído y de lo creído a lo escrito. En este caso es el evangelio que ha llegado hasta nosotros. Este se ha escrito para que cada uno haga, hoy, su itinerario de fe con Jesús Crucificado-Resucitado.

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