El impacto mortal del covid-19 y el síndrome del desgaste en la vida sacerdotal

Pbro. Víctor Leiva

Desde el 3 de julio de 2020 cuando nos causó conmoción, tristeza y dolor la muerte del Pbro. Roberto Urrutia, a causa del Covid-19, hemos visto con impotencia y lamentación, que la lista se fue agrandando con otros hermanos fallecidos de Guatemala y El Salvador. Hasta la última muerte, el 11 de octubre 2021, del P. Erick Muñoz, se totalizan un poco más de 16 sacerdotes activos en el ejercicio de su ministerio. A casi ninguno se le pudo dar un sepelio digno de sus trabajos y fatigas; en el peor de los casos, fue chocante ver un video que, en el recinto de un cementerio privado, se trasladaba el ataúd de un sacerdote en un tractor para luego depositar sus restos sin el acompañamiento de ningún representante de su familia sacerdotal o eclesial. Ciertamente las prohibiciones y protocolos extremos legitiman la ausencia de fraternidad y solidaridad con los difuntos, pero pareciera que el dolor ajeno duró poco, se abandonó a las familias dolientes de los sacerdotes, se silenció prontamente el llanto y luto comunitario, o al menos no se visibilizó; no nos hemos interesado en recoger los frutos de muchos años de su entrega y servicio pastoral. “¿A qué compararé la gente de este tiempo? …cantamos canciones tristes, pero ustedes no lloraron.” (Mt. 11, 17.18)

Como revista ARS, sugerimos que los sacerdotes ocupando la sede vacante de los hermanos difuntos, escriban datos biográficos y una crónica pastoral de sus antecesores. Envíenlo al correo cecultura2021@gmail.com o háganlo llegar a las oficinas centrales de COOPESA, en la Flor Blanca, para recopilar sus memorias. La iglesia, la Cooperativa y los sacerdotes estamos en deuda con ellos.

En la convivencia navideña de todos los socios, el lunes 20 de diciembre en el Seminario San José de la Montaña, a las 9:30 am celebraremos una misa en honor a todos los sacerdotes difuntos; nos hará bien cultivar la sensibilidad, el sentir sacerdotal y dialogar juntos para articular iniciativas de solidaridad y atención preventiva de la salud física, mental y espiritual.

Para los que enfermaron de COVID-19 y son supervivientes, conviene que estén atentos a las secuelas latentes o sentidas; hay necesidad que el médico de cabecera o profesional competente, identifique, de manera temprana, el deterioro de órganos vitales que hubiere provocado la terrible infección y prescriba los cuidados y tratamientos regenerativos necesarios. En el plano psicológico también identificar si no se está presentando estrés post traumático, ansiedad u otro estado de ánimo clínicamente relevante.

En general para todos los sacerdotes, jóvenes y adultos, ¿No será que llevamos una vida gravemente desgastada? Demasiado activismo convierte al sacerdote en un funcionario, un cuidador de otros que no cuida de sí mismo, un administrador, un pastoralista, lo mínimo un celebrador de misas; la consecuencia es el cansancio, el agotamiento, el descuido de la salud física, malos hábitos en el comer, en el descanso, el sedentarismo, se agudiza el cuadro clínico con las alteraciones psicológicas mal manejadas por falta de cuido personal y soporte emocional sano junto a otros hermanos sacerdotes, en la familia, en el cultivo personal de las capacidades intelectuales y todo lo que contribuya a la realización personal. El covid-19 nos obliga a entender, prevenir y manejar adecuadamente el ritmo de la vida sacerdotal para evitar el síndrome del desgaste, el agotamiento emocional, la despersonalización, la pérdida del control de los impulsos que nos pueden llevar a tratar mal a nuestros fieles. Pero sobretodo, la epidemia también puede tocar nuestra puerta y si no tenemos las condiciones físicas y psicológicas fuertes, se puede poner en riesgo también la vida. Cuidarla es algo primordial.

Esta crisis debe ser aprovechada como una oportunidad para implementar hábitos más sanos de vida, pero sobretodo, comprometernos y comprometer a nuestras Diócesis, su Obispo y comisiones de pastoral sacerdotal a impulsar un proyecto realista, efectivo y justo para todos los sacerdotes, no basta solo pedir oraciones y novenas de misas para los fallecidos.

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