
San Mateo 18, 21-35
Comentario del Pbro. Juan José Hernández Rogel
El Evangelio de este domingo trata el tema del perdón, lo hace en dos partes: a través de la pregunta de Pedro con la respectiva respuesta de Jesús y con la parábola del siervo despiadado que no supo perdonar. En la primera parte el tema es la cantidad de veces que el discípulo de Jesús debe perdonar y en la segunda parte el tema es la calidad del perdón. Recordemos que estamos en el capítulo conocido como discurso eclesiológico de Jesús, en ese marco eclesial, el mensaje de hoy nos dice que de la capacidad de perdonar que los miembros de la comunidad tienen depende de la propia experiencia del perdón de Dios recibido que los lleva a un agradecimiento profundo. Por la capacidad de perdonar de los discípulos, la comunidad se construye o se destruye. Veamos algunos detalles.
Versículos 21-22
De nuevo es Pedro quien en nombre de la comunidad presenta una pregunta que está en el corazón de todos: “si mi hermano me ofende ¿Cuántas veces lo debo perdonar?” En Lc 17,3ss dice Jesús: “si tu hermano se arrepiente perdónalo, y si siete veces al día peca contra ti y siete veces vuelve y dice, me arrepiento, lo debes perdonar”. La disposición al perdón ya está presente en la pregunta de Pedro. En efecto, en el discurso de la Montaña Jesús le dijo: “si ustedes perdonan a los hombres, también el Padre celestial les perdonará, pero si no perdonan tampoco el Padre les perdonará sus ofensas” (Mt 6,14-15). El principio estaba claro, si no perdonas al prójimo el Padre eterno no te perdonará, ahora la pregunta oportuna es: cuántas veces hay que perdonar al hermano, es decir ¿tiene límite el perdón? Fuentes rabínicas explican que una persona debe pedir perdón sólo tres veces (Joma 86b) pero de norma, quien es perdonado debe perdonar. Jesús no habla de tres, ni de siete veces, sino de setenta veces siete y con esto propone una voluntad de perdonar sin límite. El número setenta veces siete, sugiere la cifra utilizada en el AT por Lamec: “si Caín será vengado siete veces, Lamec será vengado setenta veces” (Gen 4,24). El caso de Caín nos recuerda que el mal en el mundo lleva incluso al asesinato del hermano. El perdón es propuesto como un don tan grande e ilimitado capaz de sanar las relaciones entre hermanos, en efecto, la herida en la humanidad es grave, pero donde abunda el pecado contra el hermano, sobreabunda la gracia del perdón.
Versículos 23-35
Jesús habla en está parábola del Reino de los cielos, lo que sucede al personaje del siervo que no perdona nos hace recordar lo que dijo Jesús: “el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3,3), podríamos decir, el que no nace de lo alto no puede ver el perdón recibido ni el perdón que debe ser ofrecido al prójimo.
En la primera parte de la parábola le presentan al Rey a alguien que está exorbitantemente endeudado. La enorme suma de 10,000 talentos hace pensar que el siervo del Rey era alguien de alto rango. El valor del talento varió en épocas y áreas, siempre fue la unidad monetaria más alta, al tiempo del Señor, en Siria y sus alrededores cada talento valía alrededor de unos 240$, el talento ático llegó a valer unos 1000$. El rey decreta que se debe vender su esposa, sus hijos y sus bienes. Eso indica que se trata de un funcionario pagano, pues el judaísmo no conoce la venta de una mujer. En el libro del Éxodo se prevé la venta de un ladrón incapaz de restitución (Ex 22,2), Amos condena la venta del justo (Am 2,6). En el imperio romano la Lex Poetelia Papiria prohibió la venta y el derecho de dar muerte a los deudores, eso fue en el año 326 a. C. La situación de ese siervo es desesperante, en aquel tiempo como hoy hay gente que gasta lo que no tiene. El siervo en la angustia pide paciencia, que luego le pagará todo. Sucede algo impensable, el Rey movido por compasión le perdonó toda la deuda. El significado de esta primera parte de la parábola nos lleva a considerar en forma alegórica, que el perdón de Dios va más allá. Pues dice el salmo “es muy caro el precio de la vida” (Sal 49,9). El perdón de Dios en Jesús costó mucho más de 10,000 talentos: 1 Pd 1,18-19 “el costo de este rescate no se compró con cosas corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo”; “con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza” (Apoc 5,9). En manera alegórica Mateo habla a los creyentes de lo que han recibido con la muerte de Jesús. ¿Cuántos experimentan la alegría de ese perdón?
La segunda parte de la parábola muestra que el siervo al que se le ha perdonado una exorbitante suma encuentra un compañero que le debe la cantidad módica de 100 denarios. Su compañero se postró y le suplica justo con las mismas palabras que él había utilizado: “ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El hecho de usar las mismas palabras es para recordar la escena precedente, pero este siervo no se conmueve y no perdona, mete al deudor en prisión. Los testigos de esto cuentan todo lo sucedido al Rey. Según un principio rabínico, en lo que respecta al perdón “el hombre debe ser flexible como la caña y no rígido como el Cedro” (Ta´anit, 20a). ¿Por qué no fue capaz de perdonar una deuda insignificante cuando ya había sido perdonado de una deuda grandísima? Aquí la incapacidad de perdonar se presenta como acto completamente absurdo. Efectivamente para muchos el perdón era y es algo absurdo, sin embargo Mateo dice lo contrario, no perdonar es absurdo: “¿No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?” (v 33). Mateo dice a la comunidad que no perdonar es actuar de manera brutal, ciega y carente de amor.
La entrega final a los verdugos le da a esta parábola el tono escatológico. En este momento, Mateo presenta otra perspectiva del perdón de Dios y lo hace cuando la atención se centra en el castigo: “lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (v. 35). No perdonar parece inofensivo pero no lo es. Perdonar, aun las cosas que parecen pequeñas o de poco valor, es algo realmente grande. Sucede que por no perdonar incluso cosas pequeñas se pierden amigos, parientes, la libertad, incluso el cielo. El perdón es la praxis de la comunidad creyente. Se perdona para alcanzar el perdón, se perdona porque el perdón viene de Dios y el perdón de Dios es para todos y por eso se perdona siempre y “con el corazón”. Mateo utiliza 16 veces el término “corazón” pero en este versículo lo combina con una preposición (apo) y esa combinación en Mateo recurre sólo en este versículo. El instrumento del perdón es el corazón, el corazón del creyente es capaz de perdonar, el perdón al igual que la praxis de la solidaridad (Mt 25,31-46) abren las puertas del Reino. Por eso dijo Mateo, “dichosos los puros de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat 5,8)
