Décimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

comentario elaborado por el padre Manuel Acosta

Mc 7, 1-8.14-15.21-23.
El texto está ubicado en la unidad literaria de Mc 6, 33 – 8, 26. Algunos rasgos peculiares de esta unidad son la insistencia en el pan y la comida, la abundancia de curaciones y sobre todo la necesidad de que los discípulos entiendan a Jesús. Igualmente, esta unidad contiene tres secuencias. La primera (6, 34-56) trata sobre el primer relato de la comida abundante (doce canastos); la segunda (7, 1-37) presenta los discípulos comiendo sin lavarse las manos (discusión con los fariseos y enseñanza de Jesús); y, la tercera (8, 1-26) describe el segundo relato de la comida abundante (siete cestos).
La segunda secuencia es la de interés (7, 1-37). Esta comenzó con una comida de los discípulos (7, 1-4), que provocó una discusión (7, 5-13) entre Jesús con los fariseos y escribas venidos de Jerusalén. Esta discusión suscitada por, un detalle secundario, comer sin lavarse las manos, da lugar a una enseñanza de Jesús acerca de lo que contamina al ser humano. Dicha instrucción, dirigida en principio a la gente (7, 14-15) y luego a los discípulos, declara puro a todos los alimentos, estableciendo que lo que contamina al ser humano es lo que le sale de dentro.
El texto en cuestión presenta las siguientes partes: 1) La primera es el planteamiento de la discusión (7,1-5). Estos versículos presentan a los fariseos y escribas escandalizados por el comportamiento de los discípulos, quienes comían sin lavarse las manos. Ellos preguntaron: ¿por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados? La pregunta reprocha a los seguidores de Jesús, quienes comen sin lavarse las manos, desviándose así de las tradiciones de los mayores. Dicho reproche afecta una costumbre levítica y pone en entredicho su piedad y comportamiento religioso.
Las tradiciones de los antepasados eran interpretaciones que los fariseos y escribas del Templo habían hecho a la Ley, en este caso, a las normas de pureza del libro del Levítico. Estas interpretaciones, tenían, para ellos, un valor superior a lo dicho en la Escritura misma, puesto que, según ellos, eran tradición oral heredada por Moisés.
Los vv. 3-4 presentan a los fariseos como muy interesados por las normas de limpieza y separación, en un plano de familia o grupo. Asimismo, estos versículos describen las tradiciones orales sobre la pureza ritual que los fariseos observaban literalmente. Ellos identificaban en el fondo la religión con la comida, es decir, con un tipo de comunidad de mesa en la que se distinguían los alimentos (puros e impuros), y se fijaba la manera en que debían prepararse y consumirse, en un entorno de purificación ritual.
2) La segunda corresponde a la primera parte de la primera respuesta de Jesús a los fariseos y escribas (7,6-8)1. La objeción de Jesús a los fariseos es contundente, quienes han cuestionado el comportamiento de sus discípulos. Dicha respuesta está enfocada en la centralidad de la “Palabra de Dios”, en especial Isaías (Is 29, 13) y Moisés (Ex 20, 12; Dt 5, 16; Ex 21, 17). Jesús siguiendo a Isaías les denomina “hipócritas; y, acudiendo a las tradiciones del Éxodo y Deuteronomio, les dice en qué consiste su hipocresía (vv. 6b-7).
La segunda parte de esta respuesta corresponde a los vv. 9-13. 1El versículo 8 es esencial en esta parte: “dejando el precepto de Dios, se aferran a la tradición de los hombres”. Jesús les hace ver la contraposición en la que han caído. Esta se establece, más bien, entre la palabra de Dios (adoración a Él) y los preceptos de los escribas y fariseos. Ellos son hipócritas porque han colocado la tradición humana, sus interpretaciones, en el lugar que sólo ocupa la palabra de Dios. Han abandonado el mandato de Dios a favor de sus interpretaciones. Ello señala el deterioro ético en el que han incurrido. Entre líneas, Jesús les dice que este descalabro es el principio de su final. Para la comunidad de Marcos esto era una advertencia.
3) La tercera unidad constituye la primera parte de la segunda respuesta de Jesús (7,14-15). El texto abandona la escena de la discusión con los escribas y fariseos. Jesús llama imperativamente a la gente junto a sí y les pide que escuchen y comprendan (v.14). Él no quiere que la gente caiga en el mismo error de los cuestionadores, quienes no quieren escuchar ni comprender. Seguidamente, Jesús presenta un dicho sapiencial (v.15), en el que invita a poner la atención en lo que “sale del hombre” como fuente de contaminación. Según el texto, el corazón de los escribas y fariseos es fuente de maldad. La maldad sale del corazón, no es creada por Dios ni permitida por él.
4) Y la cuarta es la segunda parte de la segunda respuesta de Jesús (7, 21-23). Esta es la explicación de los vv. 15 y 20. Jesús expone una serie de vicios que representan la maldad de la que el ser humano es capaz hacer y, también, capaz de esconder hipócritamente. En el significado del texto estos vicios son los que esconden los fariseos y escribas, quienes los legitimaban con las tradiciones de los mayores. Jesús insiste que lo que hay que eliminar es la maldad que se anida en el corazón humano. Y advierte que dicha maldad es el corazón hipócrita que habla de Dios para esconder su perversidad.


Monseñor Romero advirtió sobre la hipocresía en nuestra iglesia local: “De qué sirve tener iglesias bonitas de las cuales podría decir Cristo… ¡Vuestro culto es vacío! Y así resultan muchos cultos lujosos, de muchas flores, de muchas cosas, invitados y demás. ¿Pero, dónde está la adoración en espíritu y en verdad?”

El evangelio da la clave de interpretación de lo que pasa en país: “del corazón del hombre salen los asesinatos” (v.21). Y Mons. Romero afirmó: “no se pueden hacer cosas inconvenientes para lograr fines buenos…medios que ofenden los sentimientos del pueblo, aunque digan que luchan por el bienestar de ese mismo pueblo… Al Gobierno le toca poner cauces adecuados”.
.

Entradas relacionadas