
Pbro. Manuel Acosta
Mt 13, 24-43
1. Anotaciones al texto
El texto continúa desarrollando la naturaleza del Reino de los Cielos. Este relato se divide en las partes siguientes: 1) parábola de la buena semilla con la cizaña (vv. 24-30); 2) parábola de un grano de mostaza (vv. 31-32); 3) parábola de la levadura (v. 33); 4) Jesús habló en parábolas a la gente (vv. 34-35); y, 5) interpretación de la parábola de la buena semilla con la cizaña (vv. 36-43). Toda la unidad literaria está unida, en su conjunto, por la frase “el Reino de los cielos es semejante a …”. Por tanto, este es el tema central del texto.
En la primera parte, lo central es la actitud del amo que frena el celo impetuoso y un tanto fanático de los siervos que quieren arrancar inmediatamente la cizaña. No deben hacerlo, porque hay un momento en el que el trigo y la cizaña no se pueden distinguir con claridad, y menos aún separar. Hay que tener paciencia. La comunidad de Mateo era mixta, de gente muy diversa, no era una secta de puros. Jesús les propuso la tolerancia y la inclusión comunitaria. Y concluyeron que no hay comunidad pura, y que ni nadie puede adelantar en la historia un juicio sobre las personas, que solo a Dios compete.
Asimismo, esta parte da fe de lo que creía la comunidad de Mateo: La siembra tiene que ver con la proclamación del Reino; dicha proclamación coexiste con la existencia del mal; el crecimiento del trigo indica que el Reino es fructífero, proporciona alimento, aunque encuentre oposición; esta oposición pone obstáculos al Reino, pero no lo destruye; y, la cosecha es de Dios, sólo él puede separar el trigo de la cizaña.
La segunda y la tercera parte son dos pequeñas parábolas paralelas. El centro está en el contraste entre unos inicios modestos e insignificantes, que pueden resultar desconcertantes, y un final deslumbrante. En efecto, hay contraste: las cosas serán muy diferentes, el poder de Dios sostiene la esperanza del creyente. Pero también hay continuidad. La levadura inserta en la masa no se ve, desaparece, parece desapercibida, pero está ya actuando en su seno, como la mostaza diminuta enterrada en el seno de la tierra. Jesús invita a interpretar el tiempo presente, a pesar de todos los pesares, a pesar de la oscuridad y el “silencio de Dios”, como un tiempo de gracia, en el que el Reino de los cielos está ya actuando en los acontecimientos, en los corazones humanos, en toda la realidad.
Ambas partes, revelaban a la comunidad de Mateo lo siguiente: a) contraste: lo que estaba sucediendo en el ministerio de Jesús era invisible y mínimo. Dicha invisibilidad era para el imperio romano y para la élite judía; b) continuidad: el ministerio de Jesús era el comienzo y el camino del culmen de los planes de Dios; c) carácter inevitable, certeza: Dios completa su obra; y, d) desarrollo: Dios hace extensible su Reino a los que acogen las palabras de Jesús y aceptan la invitación de vivir una existencia fiel al Reino y contracultural al modelo social dominante.
La cuarta parte es la confirmación, a la luz del Antiguo Testamento, que Jesús tenía como lenguaje predilecto el poético: la parábola. Este lenguaje sencillo es el de Dios. La cita del AT (Sal 78) subraya, por una parte, la naturaleza rebelde del pueblo; y, por otra, anima a las generaciones lectoras a que aprecien las acciones de Dios en la historia y no repitan el error de Israel: ser “una generación obstinada y rebelde”; pero a pesar de esta naturaleza rebelde del pueblo, siempre existe una minoría que, a veces, entiende el accionar de Dios. La comunidad de Mateo creía que Jesús revela los planes de Dios. Algunos entienden, pero el mensaje sigue oculto para muchos. Con todo, no deja de haber salvación para la mayoría.
Y, la última parte es la interpretación, claramente, alegórica de la parábola de la buena semilla y la cizaña. Dicho comentario explica siete aspectos de la parábola: el que siembra la buena semilla, el campo, la buena semilla, la cizaña, el enemigo que la sembró, la cosecha, y, los segadores. Estos siete aspectos revelan la concepción cósmica mateana y su papel en ella. El mal lucha contra Dios, y los respectivos imperios de la tierra y sus adeptos entran en conflicto. El tiempo presente es de adversidad para Jesús y los discípulos; pero el juicio de Dios contempla la derrota del reinado del mal, encarnado en los imperios, y la manifestación del reinado de Dios. Entonces sí, el Hijo del hombre separará el trigo de la cizaña.
La cita del AT también denota que el tema del juicio es muy importante en Mateo, y la pretensión del evangelista es subrayar la responsabilidad de cada uno en el presente. Ya se conoce la preocupación moral de Mateo. Su comunidad se va institucionalizando y tiene el peligro de acomodarse excesivamente, y por eso repite con tanta frecuencia la exhortación a “dar buenos frutos”, “a cumplir la voluntad del Padre”, a que tengan en cuenta que sus obras constituyen el juicio presente y futuro.
2. Sugerencias para la homilía
– “Dejen que la buena semilla y la cizaña crezcan juntas hasta la ciega” (v. 30). La intención de Jesús en sus parábolas no es dar una enseñanza definitiva, sino provocar la reflexión y la toma de postura del oyente frente a su persona y su mensaje.
El Reino de los Cielos está presente en medio de las realidades del mundo. La historia es un campo en el que se mezclan el bien y el mal. Pero nadie tiene derecho a ponerse en el lugar de Dios, ni puede apresurarse a juzgar lo que pertenece al Reino y lo que no, no sea que se cometa un error irreparable confundiendo las “malas hierbas” con el “trigo limpio”, o viceversa. Sólo el tiempo pondrá las cosas en su lugar. Al final, cuando llegue la siega (Jl 4,13; Mt 3,12), cada cual habrá dado su fruto y entonces podrán separarse sin posibilidad de error (Mt 25,31-46).
Quizá podría objetarse que, en este caso, no es necesario esforzarse en buscar el significado de una parábola que el mismo Jesús interpreta en Mt 13,36-43. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. El consenso es que estas explicaciones no fueron pronunciadas originalmente por Jesús. Serían más bien obra de la comunidad de Mateo. Del mismo modo, nosotros podemos leerlas y aplicarlas hoy a la situación de la Iglesia, que no es una agrupación de hombres y mujeres perfectos, sino un campo en el que siguen creciendo juntos el trigo y la cizaña.
– “La mostaza, es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas…” (v. 32). El proyecto de Jesús es de lo pequeño y de aquello que se fermenta en medio de la masa. A la Iglesia le ha afectado el afán de poder fáctico. Hay sectores en la Iglesia que lo añoran, con el fin de imponer la religión y la ética.
El trabajo de la Iglesia es anunciar el evangelio. Esto significa meterse en el pueblo como fermento, no con un afán conquistador, sino con un interés humanizador. Aprendamos a confiar en Jesús, no en nuestras fuerzas. El Reino de Dios, antes que la Iglesia lo anuncie, ya está presente en los gestos humanos de la cultura de los pueblos y en sus anhelos de justicia y fraternidad universal. Mons. Romero decía: “la Iglesia es signo del Espíritu de Dios en medio de los hombres”.
