Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones textuales a Mc 1, 12-15

El relato se ubica en el contexto de la presentación de Jesús (Mc 1, 1-13) y el inicio de su misión (Mc 1, 14-20). En este sentido, el texto funciona de bisagra en la narrativa de Marcos, puesto que, por una parte, cierra el introito de la identidad de Jesús y por otra introduce su actividad de Jesús y su proyecto: conversión al reino de Dios.
La perícopa, literariamente, se compone de dos sumarios. Uno sobre la tradición de las tentaciones de Jesús (vv. 12-13) y otro sobre el comienzo de su ministerio en Galilea (vv. 14-15).
El primero, ubicado en el desierto, está precedido por el testimonio del Padre, durante el bautismo, sobre quién es Jesús: “Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me complazco” (Mc 1, 11). La solidez y la verdad de esta identidad de Jesús es comprobada en Mc 1, 12-13. Jesús es empujado (expulsado) por el Espíritu al desierto, durante cuarenta días, siendo tentado por Satanás, en calidad de Hijo, el Amado. Jesús habitará entre su Padre y Satanás, el adversario acusador.
“Y de pronto el Espíritu lo empujó (lo expulsó) al desierto” (v.12). Se trata del Espíritu de su Padre, que él ha experimentado tras su bautismo, que ya no lo dejó estar junto al río jordán, sino que lo “expulsó” (ekballei), como la humanidad de Gn 3, 24, para que habite en el mundo de la prueba permanente. Este mismo Espíritu de Dios “arroja” ahora a Jesús, le expulsa del lugar de una filiación que resolvería todos sus problemas, para llevarle al desierto de la prueba. El desierto es el lugar de la prueba, ya no el paraíso (Gn 2 – 3), lugar donde el ser humano ha de moverse entre las fuerzas primigenias de la realidad. La prueba de Jesús consistirá en hallarse frente a frente con Satán, Tentador hecho persona .
El desierto, en la época de Jesús, era territorio de marginalidad social. En este la vida era bastante escasa y socialmente hablando era refugio de bandidos, asaltantes, ladrones, grupos rebeldes; también era abrigo de leprosos, ciegos, paralíticos, epilépticos, de los sin tierra y sin casa. Este es el lugar que Dios Padre le indica a Jesús para le escuche como su Hijo Amado. Igualmente es en este lugar donde Jesús es tentado, vive entre animales, pero también donde los ángeles le servían. Los animales representan la realidad dura de vivir en el desierto y la afirmación de que “los ángeles le servían” indica la forma con la que la comunidad de Marcos llama a todos aquellos marginados sociales que vivían en este sitio.
Este es el momento liminal de Jesús, en el que debe decidir a quién él servirá. Las tentaciones de Jesús constituyen el escenario bíblico, mediante el cual Jesús define su opción fundamental. Dicha opción está determinada por la experiencia de Dios que él ha tenido. Jesús ha experimentado, en el bautismo, que Dios es su Padre y él es su Hijo, el Amado.
Cuarenta días (tesserâkontas èméras) es el tiempo de su prueba (v.13), reflejo y concreción de los cuarenta años de prueba del antiguo Israel. Probablemente, también, el texto esté pensando en Gn 2, puesto que dicho desierto, no es el paraíso de la humanidad (Adán), sino el lugar en el que Jesús es expulsado para asumir la prueba que implica ser Hijo de lo humano (de Dios).
El segundo sumario, se ubica en Galilea. Este constituye el final de la presentación de Jesús y el inicio de su vida pública. Jesús responde a la violencia de Herodes, proclamando la Buena Nueva (v. 14) y pronunciando su primera frase: “el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Mc 1, 15). Esta frase evoca a Is 52, 7. Esta representa el proyecto y el programa de vida de Jesús. Su proyecto se llama Reino de Dios y su programa se explicita en los imperativos “conviértanse y crean”. Jesús proclama que la promesa de Dios ha comenzado a hacerse realidad y pide a sus oyentes que respondan a este acontecimiento con un cambio radical de vida y una adhesión incondicional a este anuncio.
El v. 14 presenta el contexto social del texto y el lugar: Después que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea. La formulación “fue entregado” (paradídomi) designa, en voz pasiva, la acción de Dios en Jesús. Dios se entrega en su hijo y éste se entrega a la voluntad de su Padre. Este verbo, que aparece por primera vez, será el que interpretará la vida y la muerte de Jesús. Él es entrega a su Padre en sus hermanos. También es de notar que, que detrás de este término, por parte del poder indica violencia. En este caso, la entrega es el encarcelamiento de Juan y en el caso de Jesús será su martirio en la cruz. Lo que para Dios es entrega generosa para el poder es violencia. Dicha violencia es la que Jesús pretende transformar con su entrega.
El relato se desarrolla en Galilea. Este territorio (vv. 14.16) era, en la época de Jesús, marginal y pagano. El primero quiere decir que no eran afines al poder dominante de Jerusalén, pero anuentes a las fiestas judías, y el segundo, visto desde el templo jerosolimitano, indica que practicaban otros cultos que no eran los de la religión judía. Jesús, movido por su Padre (Mc 1, 11), decide comenzar en esta tierra marginal y pagana el anuncio del evangelio de Dios.
La conjugación “proclamando” (kêrissôn) indica que tal acción es un acontecer presente. El evangelio no se empieza haciendo, sino diciendo, en forma de anuncio, por medio de la palabra, sabiendo que la tradición hebrea entiende por palabra un acontecer: obrar. Se puede afirmar que “decir” es el primer modo de hacer. Tal verbo, proclamar, es propio de la tradición profética. Jesús es presentado como profeta marginal, dado que él proclama en Galilea.
L expresión “evangelio de Dios” confirma el contenido del verbo proclamar y de la proclamación (kerigma) de Jesús. Marcos retoma el título de su libro (1,1) y lo personifica en Jesús: él anuncia el evangelio de Dios. El vocablo “evangelio” procede de la tradición de los profetas e indica un acontecer (intervención) de Dios, real, en la historia. En este caso, tal acontecer es Jesús y su proclamación. La expresión, también, en su contexto, entrañaba polémica, puesto que contrastaba el evangelio del emperador, estas eran sus victorias militares, entre otros.
El v. 15: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva”. Esta frase evoca a Is 52, 7 y constituye un programa de vida, explicitado en los imperativos “conviértanse y crean”. La primera frase de Jesús en Marcos proclama que la promesa ha comenzado a hacerse realidad y pide a sus oyentes que respondan a este acontecimiento con un cambio radical de vida y una adhesión incondicional a este anuncio. En su contexto, la frase pedía a sus oyentes que dejaran de seguir al judaísmo radical e intolerante, e igualmente, que dejaran de ser seguidores de la ideología del imperio romano, la misma que había encarcelado a Juan (v. 14).
“El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”. Lo que se ha cumplido es la experiencia genuina de Jesús. El cielo se rasgó y la voz del cielo lo proclamó: “mi Hijo amado” (1,11). Lo que se ha acercado es el Reino de Dios, entendido este en clave de filiación y de fraternidad. El kairós es Jesús con su experiencia fundante y el motor de este acontecer es el reino de Dios.
Marcos no explica en qué consiste la llegada del reinado de Dios, pero deja claro que este se hace presente en la actuación de Jesús. Tampoco describe, con precisión, en qué consiste la conversión y la fe a este acontecimiento. El lector debe seguir a Jesús, y leyendo el texto, para darse cuenta de ello.
Los dos imperativos “conviértanse y crean”. El primero (metanoeîte) se puede traducir de dos formas: nacer de nuevo por la fe en el Dios del Reino (Padre), y déjense transformar por el amor de Dios Padre. La segunda es la que sume el texto. No nos convertimos nosotros para que Dios venga después y nos premie, sino que nos transforma el evangelio de Dios, el Padre, su reino. Dios nos quiere convertir en personas hijas y fraternas. Ello gratuitamente. El segundo imperativo: “crean” (pisteúete), es tener confianza absoluta, aceptar sin tapujos el don de Dios, reconocerse amado por Dios, al estilo de Jesús, quien confió y se dejó amar por su Padre. Este proyecto de vida sigue siendo desconocido.
Cuaresma es el camino de la esclavitud hacia la libertad.

