Por: Rommel Rodríguez, economista

En este breve texto se abordan aspectos generales en cuanto a que si es posible utilizar el criptoactivo bitcóin como moneda de curso legal; y de manera particular, las posibles implicaciones que su uso podría tener en la economía salvadoreña. Es importante destacar que con la aprobación de esta normativa llamada “Ley Bitcóin”, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en legalizar el uso corriente del criptoactivo para realizar transacciones de compraventa, pagar deudas e impuestos, entre otros.

Las criptomonedas, llamadas también monedas virtuales o criptodivisas, son dinero digital. No hay monedas ni billetes físicos y su existencia es inmaterial en el ecosistema de internet, por lo que la realización de transacciones requiere del uso permanente de internet. De acá se deduce que aquellas zonas que normalicen el uso de bitcóin como moneda de uso corriente y apegado a derecho, para transar, pagar deudas, requieren de una red de internet estable.

Para entender el uso y la aceptación del bitcóin es importante tener presente que quienes lo usan para inversiones o para realizar transacciones es porque lo han decidido libremente. Es decir, han aceptado formar parte de una comunidad que invierte en bitcóin y puede transar en bitcóin. Esto les permite operar transacciones entre partes interesadas –ya que aceptaron libremente el uso de la moneda—sin la necesidad de un representante de “confianza”. Esto se logra gracias a una red de ordenadores que funciona “peer to peer”. Es decir, no existe un tercero involucrado en la operación como sucede en las operaciones de pago tradicionales que se realizan en internet a través del sistema bancario tradicional, en el cual un banco público o privado debita la operación en un lado de las partes involucradas y genera un crédito en la otra parte, quedando registrada en el sistema del banco. Así, a través de bitcóin los pagos son directos con la contraparte sin mediación, por lo que permite que sean un poco más rápidos.

A diferencia del sistema financiero digital tradicional regido por una autoridad estatal que vela por la seguridad y el resguardo de las transacciones, a la vez que estas no estén asociadas a actividades ilícitas; en el sistema descentralizado de bitcóin no existe una autoridad responsable de que las transacciones sean en el marco de la ley. Sin embargo, es importante destacar que hay un registro potente de cada una de ellas gracias a la tecnología de la cadena de bloques. Sucede que, en el sistema financiero tradicional, cuando una persona natural o jurídica es identificada como presunta realizadora de actividades financieras ilícitas, se procede con relativa facilidad al congelamiento de sus cuentas con el apoyo de las autoridades financieras que tienen jurisdicción en el país o región. Para el congelamiento y el estudio de los movimientos de estas cuentas es preciso identificarlas a través de los documentos de identidad que usó la persona natural o jurídica en la creación de su cuenta, la cual tiene un número asociado en el sistema financiero tradicional. En contraposición, para hacer uso de bitcóin, no hace falta más que tener una billetera virtual donde se puede poseer una cuenta con registros falsos como, por ejemplo, el nombre de una mascota o algún otro nombre que sea de interés de usuario, haciendo difícil conocer quién es verdaderamente la persona natural o jurídica que está detrás de esa billetera y responsable de las transacciones, aunque estas sean visibles a toda la comunidad gracias a la cadena de bloques, ya que no es necesario registrarse con documentos de identidad personal.

La teoría económica tradicional enseña que una moneda debe cumplir tres funciones esenciales: debe ser una unidad de cuenta, un medio de pago y también un depósito de valor. La primera de estas funciones se refiere a que los precios de los bienes o servicios que se adquieren sean expresables en moneda de uso corriente para conocer el costo de este, el cual permite tomar decisiones de consumo, inversión y producción para los agentes económicos. En el caso de bitcóin, debido a su fluctuación permanente con respecto a otras divisas, es un poco complicado que cumpla la función de unidad de cuenta, pero tampoco es imposible. Ahora bien, si plantea problemas técnicos de envergadura en la formación del precio en el proceso de productivo, ya que los costos asociados a los insumos pueden variar un momento a otro, lo que puede devenir en dificultades para la venta de una mercancía que ha sido elaborada a través de una totalidad de insumos que fueron costeados en bitcóin. Así, expone al productor y vendedor de ese bien a las fluctuaciones misma que caracterizan la volatilidad de bitcóin.

La otra condición es que sea un medio de pago generalmente aceptado. En caso de bitcóin, como se ha expresado anteriormente, aún no lo es. Y aunque cada vez se va haciendo en el mundo un uso más generalizado no es tanto como moneda de promoción de librecambio sino más bien como un criptoactivo, es decir, un activo donde la gente invierte sus recursos con un alto nivel de volatilidad. Sin embargo, la característica de medio de pago generalmente aceptado también deviene de la forma jurídica, y en el caso de El Salvador, una normativa estaría promoviendo la obligación de aceptar pagos en bitcóin. En este sentido, esta función se alcanzaría gradualmente si el uso generalizado de la moneda se extiende entre los salvadoreños.

El dinero tiene como función esencial ser depósito de valor. El bitcóin con graves dificultades puede cumplir esta función, en virtud de su inestabilidad en relación con el precio de otras divisas. Así, los agentes económicos que tienen bitcóin estarían expuestos a graves fluctuaciones en su capacidad adquisitiva. En algunos momentos podrían comprar más bienes y servicios y con ese mismo monto de bitcóin horas o días después podrían acceder a menos bienes y servicios. Esta función es determinante en la expresada anteriormente, en el sentido que al no cumplir a cabalidad la función de depósito de valor tampoco puede ser fácilmente aceptada por la mayoría.

Existen una variedad de posibles implicaciones que tiene el uso de bitcóin para la economía salvadoreña, pero en estas últimas líneas abordaremos brevemente las implicaciones para la transparencia y las finanzas públicas.

En el ámbito de la transparencia, el uso de las criptomonedas concede facilidades para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, debido a que permiten con relativa facilidad el anonimato a comparación de los métodos tradicionales de pagos como el efectivo o las transacciones electrónicas. Esto sucede en virtud de que no existe un organismo central de supervisión para monitorear e identificar con certeza los patrones de operaciones sospechosas. Si se permite el acervo de bitcóin en la banca local eso aumenta el nivel de riesgo, y apunta a problemas regulatorios y ventanas de financiamiento para actividades ilícitas, según la calificadora de riesgo internacional Fitch Ratings.

El Tesoro de los Estados Unidos también ha tomado acciones contra personas naturales y jurídicas o gobiernos que promueven el uso explícito de las criptomonedas para compraventa en actividades ilícitas y especialmente relacionadas a la financiación del terrorismo. Por su parte, para el economista Steve Hanke, considera que, si la Ley de Bitcóin se implementa realmente, los bancos, comerciantes y clientes salvadoreños enfrentarán dificultades severas por las regulaciones internacionales establecidas por el Grupo de Acción Financiera (GAFI).

Los elementos citados anteriormente contribuyen al aumento del riesgo fiscal, ya que en una situación en la cual los niveles de endeudamiento público bordean la insostenibilidad fiscal, se introduce un elemento que incrementa la volatilidad de los ingresos y los gastos, lo que dificulta considerablemente realizar proyecciones fiscales medianamente atinadas para reducir el coeficiente deuda a PIB. Por ello, este fue uno los aspectos detonantes de la reciente rebaja de la calificación de la deuda soberana por parte de la calificadora de riesgo Moody´s. En un escenario con serios riesgos de impago de deuda, las inversiones que compran los bonos soberanos de El Salvador desean predictibilidad en su evolución fiscal, pero la misma está sujeta a movimientos bruscos si se usa bitcóin como una moneda para pagar los tributos y torna difícil la programación financiera para la ejecución del presupuesto público.

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