
Comentario escrito por el padre Jorge Fuentes
La primera lectura de este domingo (Sb 6, 12-16) es un elogio de la sabiduría, de la verdadera sabiduría, es decir, de aquella que procede de Dios y que capacita al hombre para conducirse rectamente en esta vida. El tema de la sabiduría aparece también en el mensaje del evangelio que nos propone la liturgia para este domingo (Mt 25, 1-13). El contexto de este pasaje nos ayuda a comprender mejor la enseñanza que Jesús quiere transmitir por medio de la parábola de las diez vírgenes. Dicho contexto es claramente escatológico. A este propósito, basta recordar que esta parábola aparece justo después del discurso escatológico de Jesús y de la parábola del servidor fiel (Mt 24). Luego, después de nuestra perícopa, encontramos también dos textos que tienen un claro sabor escatológico: la parábola de los talentos y el famoso pasaje del juicio final. En las siguientes líneas vamos a comentar brevemente la parábola de las diez vírgenes.
Ante todo, hay que señalar que la parábola de las diez vírgenes, al igual que la precedente, está centrada en el retraso de la segunda venida del Señor. Como se sabe. este tema provocó una verdadera crisis entre las primeras comunidades cristianas. Un buen ejemplo de ello es precisamente la segunda lectura de este domingo (1 Ts 4, 13-18), en la cual se reflejan claramente las preocupaciones que había en la comunidad de Tesalónica sobre el tema de la segunda venida del Señor y la suerte de sus difuntos. La respuesta de Pablo demuestra que el mismo Apóstol y la mayoría de los cristianos de su tiempo creían que la venida del Señor era algo inminente. De hecho, Pablo creía que él estaría con vida cuando se verificara este acontecimiento. Pero los años pasan y el retraso de la Parusía provoca una crisis muy grave en el seno del cristianismo primitivo. Los autores neotestamentarios intentan responder, cada uno a su manera, a esta crisis. En el caso de Mateo, algunos biblistas (Joachim Jeremías, por ejemplo) piensan que el evangelista habría dado a las parábolas escatológicas de Jesús un sentido parenético o exhortativo. En otras palabras, Mateo pone el acento no tanto en la urgencia escatológica ante la inminencia de la venida del Señor, sino más bien en la vigilancia y en la fidelidad cotidiana. Según algunos expertos, este proceso de transformación parenética del mensaje escatológico de Jesús se vería reflejado en esta parábola de las diez vírgenes. En efecto, el mensaje que Mateo quiere transmitir a sus destinatarios es que, aunque el esposo se retrase (es decir, aunque la Parusía se retrase), ellos deben imitar la vigilancia, la prudencia y la sabiduría de las 5 vírgenes, las cuales, gracias a que tenían aceite de reserva, lograron entrar a la fiesta de bodas. En este sentido, es importante destacar si bien, tanto la parábola del siervo fiel como la de las diez vírgenes están centradas en el tema del retraso del Señor (Mt 24, 48; Mt 25, 5), en esta última el énfasis está puesto no sobre la mala conducta de los servidores (Mt 24, 44), sino en el deber de estar preparado (Mt 24, 44; 25, 10) cuando resuene el grito que anuncia la venida del esposo.
Por otra parte, para descubrir el mensaje del evangelio de este domingo es importante no perderse en los detalles de los que se sirve Jesús para ambientar su enseñanza. Por ejemplo, podría sorprendernos la falta de generosidad de las cinco vírgenes prudentes, pero debemos recordar que esta parábola no trata sobre tema del compartir, sino sobre la vigilancia cristiana. La ambientación de la parábola, que refleja las costumbres típicas de las celebraciones de las bodas judíos en tiempos Jesús, puede parecernos un poco extraña; sin embargo, podemos retener dos elementos principales en relación con la enseñanza principal de la parábola: la espera y la expectación. En cuando el mensaje principal de la parábola, Jesús lo resume con toda claridad al final del evangelio: “Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”. En efecto, el Maestro utiliza esta parábola para recordar la necesidad de estar siempre preparados para recibir al Señor cuando él vuelva, pues no conocemos ni el día ni la hora de su segunda venida. Mateo quiere afirmar de manera inequívocamente que el Señor vendrá al final de los tiempos, tal como lo ha prometido. Pero también recuerda implícitamente y con énfasis parenético que el Señor vendrá al encuentro de cada uno para juzgarnos al final de nuestra vida terrestre. En este sentido, nos advierte que la imprevisión o la inatención, el hecho de retrasar nuestro arrepentimiento y nuestra conversión, puede privarnos de la gloria para siempre. Por el contrario, una vida vivida en la presencia de Dios, sin descuidar los detalles, puede abrirnos las puertas del cielo, tal como lo ejemplifican las vírgenes prudentes en la parábola. Dicho de otra manera, la mejor manera de prepararse tanto para el encuentro con el Señor al final de nuestra vida terrestre o al final de los tiempos es la vigilancia activa y la fidelidad cotidiana.
