
Mt 15, 21-28
Pbro. Manuel Acosta
- Anotaciones al texto
Tras la discusión de los fariseos y escribas con Jesús sobre la tradición de “lavarse las manos” (15, 1-9) y “lo puro y lo impuro” (15, 10-20), Jesús se retira a territorio de Tiro y de Sidón. Esto es la costa siro-fenicia, considerada para el judaísmo farisaico territorio de pueblos paganos, es decir, excluido de la salvación de Dios.
Aunque la última palabra del evangelio de Mateo sobre la misión a los gentiles no llega hasta 28, 16-20, esta escena desarrolla el tema planteado a los inicios del capítulo. La escena reconoce la prioridad temporal de Israel en los planes de Dios como pueblo elegido, pero sin que tal reconocimiento implique la idea que los gentiles están excluidos. Jesús, un judío, es el agente de la bendición de Dios a esta mujer siro-fenicia. La escena sitúa a Jesús en un mundo de barreras étnicas, culturales, económicas, políticas y religiosas. El mismo Jesús sufre esos prejuicios; pero con él se inicia el reinado de Dios, que los supera y trae salud para todos (15, 29-39).
El texto contiene la siguiente secuencia: a) Presentación del contexto geográfico y de la mujer (vv. 21-22). El v. 21 es de transición. Jesús se distancia de los fariseos después de condenar su tradición (Mt 15, 1-20). Lo fariseos, en el texto, representan el poder dominante. Jesús se retiró a la región pagana de Tiro y Sidón. La región era gentil proverbialmente mala y condenada.
El v. 22 describe una mujer cananea, salida de aquel territorio campesino, va al encuentro con Jesús. No se sabe el nombre de ella, pero ella lama a Jesús “Señor” e “Hijo de David”, dos títulos: el primero helenista y el segundo judío; a su vez, le expone su situación: “mi hija está malamente endemoniada”. La actitud de la mujer, en su contexto social, era contracultural, dado que, una mujer no podía gritar en público. Asimismo, la frase contiene el estigma con el que los judíos nombraban a los pueblos paganos: “endemoniados”.
b) Primera reacción de Jesús (vv. 23-24). Jesús no respondió instantáneamente. El silencio, en su contexto, indicaba que tanto a un pagano como a una mujer no había que responder ni saludar. La actitud de los discípulos confirma lo anterior, puesto que no piden que le responda, sino que la despida.
El v. 24 explica la razón social y religiosa del por qué Jesús no contesta: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. El vocablo casa de Israel designaba los judíos de Palestina: galileos y jerosolimitanos. Estos son el pueblo de la elección divina.
c) La mujer y Jesús cara a cara (vv. 26-27). El v. 26 describe que Jesús no responde directamente a la mujer, pero afirma: “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”. La mujer parece que sorprendió a Jesús falto de compasión. La expresión de Jesús confirma lo conflictivo que fue tanto en la época de Jesús la relación de los judíos con los pueblos paganos, como la convivencia, en la comunidad de Mateo, de judíos y gentiles.
El v. 27 describe que la mujer no se amilanó. Ella sabe que lo dicho por Jesús y sus discípulos representa el pensamiento dominante: los judíos de Judea son los elegidos por Dios y los pueblos paganos son perros. La mujer trasciende este pensar y recuerda que la comida (la salvación) es tanto para judíos como para paganos. Todos tienen un lugar en la mesa. La inteligente observación de la mujer abrió nuevas posibilidades para su hija.
Y, d) segunda reacción de Jesús y realización de la curación (v. 28). Jesús cambió de parecer ante la inteligencia positiva de la mujer: “grande es tu fe; que te suceda como deseas”. Él respondió positivamente a su reconocimiento de que él podía ayudarla. Jesús ha dado ejemplo que él es hijo de su época, sin embargo, no se aferró a la tradición de los mayores, sino que relativizó lo que la tradición había defendido como religiosamente correcto. Él entendió que Dios quiere ver a judíos y a paganos comiendo, con dignidad, en la misma mesa y de mismo pan. Dios no da migajas.
Resumiendo. La escena del texto presenta la receptividad de los que viven en los márgenes. Habla de una mujer que, como cananea, es marginal con respecto al centro representado en Israel, desde el punto de vista geográfico, y por tanto objetivo misional de Jesús (15, 20), y, como gentil, en el aspecto cultural y religioso.
Ella pertenecía a un pueblo destinado al yugo de la esclavitud (Gn 9, 25), un pueblo desposeído tras la ocupación y apropiación de sus tierras por Israel. Aquella victoria israelita se interpretó como una concesión especial de Dios al pueblo elegido y fue celebrada en las tradiciones de Israel. Pero, esta mujer, aunque sumisa, se opone a la ideología dominante y excluyente. Su petición de inclusión constituye su fe. Jesús calificó esa fe de grande (15, 28), en contraste con la “poca fe” que encuentra en los discípulos (14, 31) y la falta de ella que daban muestra las multitudes y los dirigentes religiosos.
- Sugerencias para la homilía
- “¡Ten piedad de mí, Señor, ¡hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada” (v. 22). Este es el grito actual que debemos escuchar. Los que están endemoniados hoy son los que están embriagados de todo tipo de poder.
- “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (v. 24). Esta frase transmite una verdad actual: creemos que Dios es solo de los que consideramos buenos. Así, pensamos que los derechos humanos solo son de los que probablemente los respetan. Los que han delinquido no tienen derechos.
- “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselos a los perritos” (v. 27). Ridiculizar a lo que consideramos malos, pecadores, es una costumbre religiosa que se debe evitar.
- “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas” (v. 28). Jesús enseñó a ser humilde y se dejó evangelizar por una mujer. Mons. Romero dijo: “la humildad que es la verdad. Porque la soberbia, que es su antagonismo, es la peor locura de un hombre: creerse y llegarse hasta creer dios, insustituible”.
