Anotaciones al texto de Jn 6, 51-58
Comentario elaborado por el Padre Manuel Acosta

El pasaje constituye el quinto diálogo de Jesús con los judíos (Jn 6). Este inicia con la afirmación de Jesús: “yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre” (v.51). Esta afirmación suscita polémica, entre los judíos interlocutores: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” (v.52). Jesús responde en tres tiempos (vv. 53-55). Primero lo hace en forma negativa (v.53) y luego en una reformulación positiva (v. 54), para después indicar la razón que justifica su ofrecimiento (v. 55). En los vv. 56-57, se profundiza la temática de “comer mi carne y beber mi sangre”, colocándola en la perspectiva del envío (“me ha enviado” v. 57). Por último, el v. 58 concluye el diálogo en su conjunto, reafirmando las proposiciones esenciales de su discurso.
El v. 51 por una parte deja claro que el pan que da la vida se convierte en el pan vivo. Este pan es la persona de Jesús. Y, por otra, muestra cómo debe interpretarse esta afirmación. Lo hace identificando el pan que da Jesús con su carne, evocando a su vida de obediencia filial al Padre, a su muerte y a la experiencia de la comunidad. Lo dicho en este versículo se profundiza en los vv. 52-58.
El v. 52 es una murmuración de los judíos a lo dicho en el v.51. La polémica tiene un objeto: los judíos han establecido una relación de equivalencia entre “comer este pan” (v.51b) y el de “comer su carne” (v.51c). Por un lado, la metáfora de “comer su pan” se ha desplazado hasta llamar la atención en su carne, que se da de comer. El pan se ha convertido en carne. Y por otro, la metáfora “comer su carne”, para el lector, tiene el horizonte de la entrega de Jesús al Padre, la que lo lleva a dar su vida. Los judíos entienden esto como canibalismo religioso. La respuesta Jesús la da en los vv. 53-58.
El v.53, su fórmula de revelación enuncia la condición que permite acceder a la “vida”, a la salvación: beber su sangre. Dos verbos que amplían el sentido de la afirmación: comer y beber. Se trata de comer carne del Hijo del hombre y beber su sangre. Carne y sangre representan en el evangelio de Juan la totalidad de la persona de Jesús, por ello, comer su carne y beber su sangre es configurarse con el modelo de ser humano Jesús. No es canibalismo religioso como los judíos lo entendieron.
El v.54 reformula positivamente la advertencia del v.53, que declaraba pan-carne-sangre como mediación absoluta para la salvación. A su vez, amplía el horizonte, puesto que el sacramento (pan), no es una alternativa de fe, sino una de sus expresiones. Solo el creyente discierne, en la carne y la sangre, el acontecimiento de la entrega de Jesús (la cruz) en su dimensión salvadora. Sólo quien se entrega en comida y en bebida puede salvar a los demás.
El v. 55 fundamenta lo que se ha afirmado. Si esto es así, la carne es verdadera comida y su sangre es verdadera bebida. El adjetivo verdadero tiene el sentido de fiabilidad: el alimento procura la vida, y, su aspecto concreto y material es para el creyente la cena pascual. Por tanto, su carne y su sangre son fiables y auténticas. Jesús, para el creyente, es real.
1Los vv. 56-57 cambian argumento. Antes se trataba de comer la carne y beber la sangre. Aquí es la demostración es el verbo “permanecer”. La relación entre el creyente y Jesús debe ser la misma que existe entre Jesús y su Padre. El v. 57 establece una equivalencia entre la relación que une al Padre con Jesús y la que vincula a este último con el discípulo en la óptica del don de la vida. Esta relación pasa necesariamente por la cruz, que en este texto tiene su homónimo: el pan de vida. El v.58 retoma el lenguaje del v.51 para reafirmar que Jesús es pan (se ha abajado-encarnación). Él, a diferencia del maná, da la vida en su plenitud. Contra esta vida, la muerte no prevalece.

En relación con este texto, Mons. Romero afirmó: “encontrarme con Cristo, ¡la vida eterna! Y voy a comulgar y lo voy a adorar y voy a sentir que él está en mí y yo en él. Y voy a sacar fuerza para mi semana y mi vida de familia será más santa, más suave, más dulce, más amorosa porque me alimenta el amor de Jesucristo. Y seré más sacrificado y trabajaré mejor y cumpliré mejor mis deberes”
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“El pan que baja del cielo, la carne en la que Cristo nos da toda su vida divina, su redención, su amor; y que, desde allí, miremos y contemplemos cuánto se puede hacer cuando se pone la fe en el Señor y cuando de veras nosotros queremos ser instrumentos de ese amor del Señor, que se alimentan con la vida eterna de la eucaristía”
