Segundo Domingo Del Tiempo Ordinario Después de clausurar el ciclo festivo de Navidad los la solemnidad de la Epifanía y de haber celebrado la fiesta del Bautismo del Señor, retomamos este domingo el tiempo ordinario del año litúrgico. En este ciclo B seguiremos la lectura del evangelio de san Marcos, un evangelio breve, sencillo, pero profundo. En este segundo domingo, sin embargo, el texto evangélico está tomado de san Juan.Como observación general, podemos decir que tanto la primera lectura como el santo evangelio de este domingo tienen un marcado acento vocacional. En efecto, la primera lectura (1 S 3, 3-10.19) nos relata la llamada del joven Samuel. En este texto podemos descubrir algunos de los elementos esenciales que aparecen en otros relatos bíblicos vocacionales. En estos relatos se insiste, ante todo, que es siempre Dios el que toma la iniciativa de la llamada. Él elige a quien quiere, sin tener en cuenta ningún mérito previo y más allá de cualquier lógica humana. En algunos relatos se pone de relieve el sentimiento de indignidad que provoca en el ser humano la llamada de Dios y la misión que él le confía. Ante este sentimiento de indignidad, Dios confirma su llamada. La primera lectura de este domingo nos muestra asimismo que Dios puede servirse de mediaciones, de personas o de acontecimientos, que permiten discernir su llamada. En el caso del joven Samuel, Dios se sirve claramente de la mediación del sacerdote Elí. Algunos de estos elementos vocacionales que acabamos de mencionar los encontramos también en la llamada de los primeros discípulos que nos relata el pasaje evangélico de este domingo (Jn 1, 35-42). Pasamos, entonces, a hacer un breve comentario de este bello relato vocacional.Ante todo, es importante destacar el rol mediador de Juan el Bautista en la llamada de los primeros discípulos. Precisamente, los dos discípulos del Bautista se convierten en discípulos de Jesús gracias al testimonio de su maestro, el cual presenta a Jesús como el “Cordero de Dios”. Este título cristológico aparece en dos ocasiones en labios de Juan el Bautista. En Jn 1, 29, en donde se indica que Jesús es el “Cordero de Dios” que quita el pecado del mundo. Y, también en el pasaje que estamos comentado (Jn 1, 36). En ambos casos, este título cristológico evoca, por una parte, al cordero pascual, cuya sangre libró a los israelitas del ángel exterminador (cf. Ex 12, 1ss); y, por otra parte, al cordero que representa al Siervo sufriente de Yahvé en el cuarto cántico del Siervo del Deutero-Isaías (Is 53, 7). Dicho sea de paso, en el libro del Apocalipsis el título “Cordero de Dios” es uno de los títulos cristológicos más importantes que se aplica a Jesús. Basta citar algunos versículos de uno los himnos cristológicos para comprender la centralidad que tiene la figura del Cordero en este último libro del NT: “Digno es el Cordero degollado de recibir poder y riqueza, sabiduría y fuerza, honor, gloria y alabanza” (Ap 5, 13).Volviendo al pasaje evangélico de este domingo, es fácil deducir que cuando el Bautista presenta a Jesús como el “Cordero de Dios”, está indicando a sus discípulos que su misión de Precursor llega a su fin, porque ya ha llegado el Mesías sufriente, anunciado bajo la figura del cordero en el cuarto cántico del Siervo del Segundo Isaías. Es a él entonces a quien los discípulos de Juan deben seguir en adelante. Y así lo comprenden también ellos. Del testimonio del Bautista nace por tanto la vocación de los primeros discípulos. Esta vocación comienza con la experiencia fundante del encuentro con Jesús que cambiará para siempre la vida de estos primeros discípulos. Esta experiencia les marcó tanto que, cuando Juan escribe su evangelio, quizá unos 70 años después, recuerda todavía la hora en que se produjo aquel encuentro: “Eran como las cuatro de la tarde” (Jn 1, 39). Esta experiencia fundante llevó a los discípulos a tomar la decisión de compartir la vida y la misión de Jesús, hasta las últimas consecuencias. No debemos olvidar que a, excepción de Juan, todos los discípulos sufrieron el martirio a causa de Jesús.La llamada de los primeros discípulos, que nos relata el evangelio de este domingo, nos transmite una enseñanza válida para todos nosotros, en cuanto discípulos de Jesús, llamados también a ser sus testigos en el mundo. En este sentido, es importante recordar que como en el caso de los primeros discípulos, nuestra llamada y nuestra misión tiene su origen en un encuentro personal con Jesús. En esta línea, pueden servirnos de conclusión las siguientes afirmaciones del papa Benedicto XVI en su encíclica Deus charitas est, en el numeral 1: “En el origen del hecho de ser cristianos no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da a la vida un nuevo horizonte, el cual ofrece su orientación decisiva”.

Padre Jorge Fuentes

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