Pbro. Jorge Fuentes

31º DOMINDO DEL TIEMPO ORDINARIO
En la primera lectura (Ml 1, 14-2, 2.8-10), el profeta hace una crítica muy dura contra los sacerdotes indignos del pueblo de Israel. La dureza del lenguaje utilizado por Malaquías es semejante a la empleada por Jesús en el texto evangélico de este domingo (Mt 23, 1-12). Los dos textos se dirigen a aquellos cuya misión era guiar al pueblo de Israel y han traicionado esta misión. En el caso del profeta Malaquías, su denuncia se dirige contra los sacerdotes indignos de Israel por haberse apartado del camino del Señor y haber hecho tropezar a muchos en la ley; Jesús, a su vez, critica con dureza a los maestros indignos de su tiempo. Para comprender bien el alcance de las duras palabras que el Señor dirige a los escribas y fariseos es bueno recordar que, en la comunidad judeo-cristiana de Mateo, las autoridades morales judías eran los conocedores de la Ley, es decir, los escribas y fariseos. Ellos enseñan la Torah y explican al pueblo cómo llevarla a la práctica en la vida diaria. Y hay que reconocer que, en este ámbito, su desempeño no merece ninguna crítica de parte del Señor. De hecho, su enseñanza es validada por él. Su crítica se refiere más bien manera a la praxis de estos maestros de la Ley. De ahí su consejo: “Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra”. Jesús denuncia sin ambages el hecho que los escribas y fariseos con su manera de vivir contradicen lo que enseñan, lo cual se convierte en un escándalo para los fieles judíos. La dureza de las palabras de Jesús en este pasaje evangélico quizá sea reflejo de la preocupación de Mateo por evitar que los judíos de su comunidad caigan en la tentación de volver al judaísmo estricto, alejando así de Cristo.
Los reproches que Jesús hace a los escribas y fariseos son principalmente tres:
En primer lugar, les reprocha que ellos dicen, pero no hacen, como si la Ley que proclaman solo valiera para los demás.
También el Señor les critica severamente porque la interpretación de la Ley que ellos hacen, ha convertido la misma Ley en una carga insoportable. Y, puesto que ellos estiman que practicar la Ley es algo que no les concierne, es a los demás a quienes aplastan imponiéndoles cargas pesadas.
Si vivir según la Ley no es lo que les preocupa, cabe preguntarse entonces, ¿cuál es el verdadero motor de su actuar? Si nos fijamos en la crítica de Jesús, podemos deducir que su leivmotif es la imagen que ellos proyectan de sí mismos. Así, no contentos con imponer su poder a los demás por medio de la Ley, buscar reforzar todavía más su poder fabricando un personaje con el fin de convertirlo en el centro de atención de los otros. La cima para ellos consiste en ser llamados “Rabbí”, es decir, maestro de la Ley. Para Jesús, esto es más bien la cima de su hipocresía.
Por la boca de Jesús, el evangelista los desenmascara para recordar a sus destinatarios que en una comunidad cristiana no se puede tolerar este tipo de comportamiento. En este sentido. Mateo recuerda a los miembros de su comunidad que todos los títulos que los escribas y fariseos reivindicaban para sí, en sentido estricto, corresponden solo a Dios. Por lo tanto, aceptar estos títulos o atribuírselos a los demás lleva consigo el riesgo de creerse un señor, un padre o un maestro. Esto comporta también el riesgo de socavar aquello que constituye el cimiento de la comunidad cristiana: la fraternidad y, por lo tanto, el servicio mutuo, bajo la égida del único y verdadero Padre y del único señorío de Cristo.
Hay que reconocer humildemente que este consejo evangélico ha sido escasamente practicado a lo largo de la historia de la Iglesia. Esto, a pesar que los detentores de la autoridad prediquen lo contrario. Basta pensar en algunos títulos, como por ejemplo el de monseñor, de origen claramente mundano y, sin embargo, tan arraigado en el uso eclesiástico. En estos días en que hablamos tanto de los peligros del clericalismo y de la necesidad de asumir un espíritu auténticamente sinodal, que bien nos hace a todos meditar y tratar de llevar a la práctica el mensaje del evangelio de este domingo

