Pbro. Manuel Acosta
Mc 1, 40-45

El relato de la limpieza del leproso constituye la transición entre las escenas desarrolladas en Cafarnaúm (1, 21-40) y en Galilea. Por un lado, el sumario que introduce el relato (v. 39) y la conclusión (v. 45) presentan a Jesús en camino por “toda Galilea”. Por otro, aunque Jesús encarga al leproso que no diga nada, y que presente una ofrenda en el Templo, según la Ley (v. 44), el leproso no obedeció, sino que comenzó a proclamar por todas partes lo que le había ocurrido. De esta manera, Marcos anticipa las dificultades que Jesús tendrá con las autoridades judías, dada la fama que él gozará entre las gentes.
El texto contiene las siguientes partes: a) el encuentro del leproso con Jesús y su respectiva limpieza (vv. 40-44); y, b) conclusión del encuentro (v. 45). La primera parte describe el acercamiento del leproso a Jesús, quien le pide: “si quieres, puedes limpiarme” (v. 40). Jesús reacciona encolerizado ante esta situación humana y le contesta: “quiero; queda limpio” (v. 41). El gesto y las palabras de Jesús tienen como resultado la limpieza del leproso: “desapareció la lepra y quedó limpio” (v. 42). Jesús despide al leproso con dos mandatos: “no digas nada a nadie; y, muéstrate al sacerdote y da tu ofrenda” (vv. 43-44).
Jesús pasa a predicar el Reino de Dios a los campos donde vagan los impuros, aquellos que no pueden integrarse en la ciudad. En ese campo habita un leproso, que no podía haber llegado a la sinagoga y a la casa de Simón, pero encuentra y se acerca a Jesús en despoblado. El leproso reconoce su enfermedad y pide limpieza. Jesús lo toca y le habla, ofreciéndole pureza y pidiéndole un silencio, que él no cumple.
El v. 40 describe la realidad del leproso, él está arrodillado, y se dirige a Jesús: “si quieres puedes limpiarme”. Tanto el gesto como su petición indican que él está expulsado social y religiosamente. El judaísmo del Levítico (1 – 16) y de la Ley de sacerdotes distinguía lo limpio y lo manchado: dividía, organizaba ritualmente a las personas, expulsando a los sucios y reintegrando a los curados, pero sin que ella tuviera poder para limpiarlos.
La realidad en la que vivía el leproso conmovió (splagnistheis) a Jesús (v.41). El vocablo tiene trasfondo en el AT y expresa la conmoción interior de Dios ante el ser humano (Ex 34, 6). Jesús porta esa misma humanidad de Dios ante el leproso, una compasiónmisericordia que brota de su entraña. El gesto de Jesús con el leproso confirma la actitud de Dios. Jesús, movido por dicha compasión, extendió la mano y lo tocó. Esta mano de Jesús que toca es expresión de la misericordia que trasciende leyes de pureza del judaísmo, es signo de la piedad de Dios, que ama al que la ley expulsa.
La expresión “¡quiero, queda limpio!” ratifica la misericordia anterior y despliega el contacto de la mano. El leproso le ha dicho ¡si quieres! (ean thelês) y Jesús le ha respondido cumpliendo la petición condicionada, de tal manera que su palabra marca la novedad del evangelio: quiero, se puede (thelô kathaisthèti). La voluntad de Dios está expresada en primera persona, “¡quiero”. El contacto físico y la palabra de Jesús llegaron a la raíz de la vida del leproso, que antes se hallaba expulsado de la sociedad. Jesús invierte así el proceso de expulsión de la ley, acogiendo (purificando) al enfermo y oponiéndose a una norma básica del judaísmo.
El texto evidencia que Jesús curó a un leproso (impuro), declarando que era “puro”. De esta forma declaró que todos los leprosos son limpios, superando así todo tipo de tabú y división de purezas e impurezas que expulsaban a las personas de la sociedad. Se está ante un gesto de Jesús que resultaba, tanto entonces como hoy, socialmente inaudito. Este leproso, limpiado por Jesús, desencadenó una visión misericordiosa de la vida humana, en el plano social y religioso, superando la Ley “religiosa” del templo de Jerusalén. Las divisiones de todo tipo se solucionan cuando hay voluntad (“quiero”).
El v. 43 literalmente sostiene que “Jesús irritado (embrimêsamenos) con él (autò) lo expulsó (exbalen autò). La escena empezó diciendo que Jesús enseñaba en la sinagoga “de ellos”, de los judíos observante. Al curar Jesús al leproso está rompiendo con este judaísmo. La irritación de Jesús hay que entenderla en este contexto. Él por una parte ha limpiado al leproso y por otra se irrita y expulsa al leproso, diciéndole que vaya a los sacerdotes. Su irritación y posterior expulsión del leproso indican que Jesús tuvo una relación tensa con la estructura sinagogal y con las personas que miraban dichas estructuras y su funcionamiento como algo natural, querido por Dios.
La conclusión describe las consecuencias de lo obrado por Jesús en el leproso (v. 45). Este no obedeció a Jesús el primer mandato, tampoco se sabe si cumplió el segundo. Divulgó lo ocurrido con él. Esta popularización tiene dos efectos: Jesús no puede presentarse en público y la gente acudía a él de todas partes. El leproso proclamó por todas partes (kêryssein polla), con gran fuerza lo que le hizo Jesús. Él se presenta como germen de un pueblo liberado que superaron la ley sacerdotal, haciéndose proclamadores del evangelio, es decir, de una humanidad donde todos son puros. Entendió que tras el enfado de Jesús se escondía una voluntad más alta de curación, que exigía ruptura del orden establecido, algo que sus discípulos no acabarán de entender, hasta el final del evangelio (Mc 16, 7).
Tres aspectos para detenerse en este texto. El primero es que, en el evangelio de Marcos, este leproso constituye el primer misionero. Uno porque Jesús lo envió, lo despide, (v. 43) y otro porque es el primero que proclamó, por todas partes, lo sucedido con él (v. 45).
El segundo aspecto para tener en cuenta es la secuencia que desarrolla el texto. Esta plantea que el obrar encolerizado de Jesús a favor del leproso, un separado social, convierte a Jesús en clandestino, un nuevo marginado. El leproso, quien antes era marginado, se ha convertido en un reinsertado social y Jesús, quien andaba públicamente, pasó a vivir marginado, dado que ya no puede andar en público. Ello es el precio que Jesús pagó por su acción a favor de un separado social.
Por último, es de observar que tanto Jesús como el leproso realizan acciones reguladas en la Ley de Moisés, así como también desaprobadas por esta. Jesús envía al que había sido leproso para presentarse al sacerdote y a hacer la ofrenda (v.44). Pero también Jesús extiende la mano y toca al impuro (leproso) y este a su vez se acerca a Jesús (v.40), estos gestos eran contrarios a la Ley de Moisés. En ambos se percibe que la Ley y los preceptos religiosos no están por encima del ser humano.
