Comentario por el Pbro. Manuel Acosta

Anotaciones textuales a Mc 1, 29-39.

El episodio de hoy tiene tres escenas, todas definidas por los cambios de espacio y de tiempo: al salir de la sinagoga fue a casa de Simón (v.29); al atardecer (v.32); y, de madrugada (v.35).

La primera escena (vv. 29-31), Jesús sale de la sinagoga, ambiente judío, acompañado de Santiago y Juan, entra en la casa de Simón, ambiente doméstico. Una escena envuelta en un ambiente de intimidad familiar. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Le hablaron de ella y Jesús reaccionó con acciones: se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó (êgeiren autên). El resultado es que a ella se le pasó la fiebre y se puso a servirles (dièkonei autois), a Jesús y a sus discípulos.

El verbo servir, en Marcos, describe el actuar propio de los esclavos, pero en el caso de los discípulos de Jesús, hombres y mujeres por igual, constituye la identidad esencial (Mc 9, 35; 10, 43; 15, 41). El modelo de servidor es Jesús, él así enseñó (Mc 10,45). En este caso, la suegra de Pedro personifica la identidad de Jesús. Asimismo, la casa aparece el espacio primero en el que Jesús enseñó a sus discípulos. En esa casa, hay una mujer enferma, relegada a la cama en un sábado, que Jesús levanta, resucita, pero después es ella misma la que toma la iniciativa de la casa(comunidad), donde realiza el auténtico servicio humano.

Es importante recapitular que el final de la fiebre en la mujer está precedido de tres gestos humanos de Jesús: se le acercó, tomándola de la mano y la levantó (v. 31). Todas son acciones directas y en primera persona. Lo que se podría llamar sanación, es el resultado de estos tres gestos. Dicha curación es verificada en el servicio que la mujer opera. Ella asume la iniciativa de Jesús y saca las consecuencias de dichos gestos, practicando el servicio a los suyos. Ella es la primera resucitada y servidora , la primera diaconisa del evangelio.

La segunda es un sumario que sirve de enlace literario y recapitula la misión de Jesús. Este se desarrolla al anochecer y tiene como espacio la puerta de la ciudad (vv.32-34); un espacio público al que tienen acceso los vecinos. Este sumario amplía a toda la ciudad lo que Jesús ha hecho en la sinagoga y en la casa. La actividad pública de Jesús consiste en sanar a los que estaban enfermos y expulsar demonios. Se observa el cambio de vocabulario respecto a lo ocurrido en la sinagoga (Mc 1, 23-26), donde se hablaba de “de un hombre en espíritu impuro”. En la sinagoga el espíritu inmundo habla, aunque después le ordena callarse. Aquí no les permite hablar. Este dato indica, en Marcos, que el mal no tiene la última palabra.

La tercera escena se desarrolla de madrugada (vv. 35-39), en un “lugar solitario”. Los lugares solitarios son en Marcos el espacio ideal para el encuentro de Jesús con su Padre y con sus discípulos (Mc 6, 31-32). En este caso, Jesús sale para orar y encontrarse con su Padre, para huir de la fama: “vámonos a otra parte”; y, para no ceder a la ilusión popular que sus acciones provocaban: “todos te buscan”.

Se percibe que Simón y los que están con él desean “fijar” a Jesús, situándolo al servicio de sus propias ideas o intereses. Pero Jesús busca un principio orientador, poniéndose en contacto con su Padre en oración (kakei prosêukheto), en la línea de Mc 1, 9-11. Simón y sus compañeros no han entendido a Jesús, quieren triunfar con él, convirtiéndolo en un milagrero popular, al servicio de ellos. Pero Jesús, rompe esa pretensión. Él instaura su camino de gratuidad. No busca el honor propio, al servicio de un grupo, no hace en la casa de Simón un santuario de curaciones; un negocio de reino. Simón le quiere establecer junto a su casa. Jesús, en cambio, sale expandiendo su mensaje en las sinagogas de ellos, expulsando demonios (v. 39). Esta apertura de Jesús es signo de su compromiso al servicio de la liberación de los expulsados sociales.

Un detalle textual, es que Jesús está en constante salir: sale de la sinagoga (v. 29), está en la puerta de la ciudad, un lugar de salida (v. 33), salió y se fue a orar (v.35), y, por último, él afirma, que ha salido para predicar (v.38). Jesús entendió que para ser Hijo de Dios hay que salir de esquemas mezquinos. Su vida fue un constante salir. Este verbo define la estructura del texto. Del mismo modo, que define la identidad del discípulo y de la comunidad del evangelio de Marcos.

Mons. Romero dijo: “La religión no consiste en mucho rezar. La religión consiste en esa garantía de tener a Dios cerca de mí porque le hago el bien a mis hermanos. La garantía de mi oración no es el mucho decir palabras, la garantía de mi plegaria está muy fácil de conocer: cómo me porto con el pobre? Porque ahí está Dios” .

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