Pbro. Manuel Acosta
Anotaciones textuales a Mc 9, 2-10

El texto está precedido de tres pasajes importantes: la declaración de fe de Pedro, el anuncio de la pasión junto con la reprensión de Jesús a Pedro y las consecuencias de este anuncio para los discípulos (Mc 8, 27 – 9, 1). El pasaje de la transfiguración de Jesús hay que leerlo en contraste con el anuncio de la pasión y como continuidad de la incomprensión de los discípulos a Jesús, en especial de Pedro. Mientras Jesús les anuncia lo conflictivo del camino de la obediencia al Padre (Mc 9, 31), los discípulos están obsesionados con la comodidad y con el prestigio de ser discípulos de Jesús (Mc 9, 33-37).
El relato posee una inclusión sustentada en los verbos subir y bajar. Jesús se lleva consigo a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto. Ellos suben (v. 2a); y, una vez vivida la experiencia de la transfiguración, ellos bajan del monte (v. 9). En el interior de esta inclusión se desarrollan cuatro actos: a) la transfiguración o metamorfosis de Jesús delante de Pedro, Santiago y Juan (vv. 2b-3); b) conversación entre Elías y Moisés con Jesús (v. 4); c) reacción de Pedro (vv. 5-6); d) la voz que sale de la nube: “Este es mi hijo, escúchenlo” (vv. 7-8); y, e) Jesús y los tres bajaron del monte (9-10)
La escena de la transfiguración (vv. 2-3) sirve de contraste. Jesús ha dicho que las autoridades de Jerusalén le condenarán, lo matarán y Dios lo resucitará (Mc 8, 31). Asimismo, estos versículos exponen el tiempo: “seis días después”; el tiempo que ha pasado desde lo sucedido en Cesarea de Filipo (8, 27-31). Los personajes: Pedro (Roca), Jacob y Juan. Estos eran el grupo íntimo de Jesús, testigos, de manera que deberán actuar como mensajeros de Jesús. Ellos, los tres en la montaña de Jesús, son el símbolo incipiente de la comunidad de Marcos, la de la escucha. El texto dice que el lugar es un monte muy alto. Tomando como referencia a Cesarea de Filipo, este monte debe ser el Hermón, el más alto de esta cordillera.
“Y fue transfigurado ante ellos”. El vocablo clave del relato es metamorfothe (fue transfigurado o metamorfoseado, en pasivo divino). Se trata de un vocablo técnico que evoca, en su contexto, a los cambios de figura que asumen (padecen) los dioses y seres divinos, tomando así formas diversas para presentarse y actuar. La metamorfosis es desde el punto de vista natural el proceso evolutivo que siguen las especies de invertebrados para cambiar en su ser más profundo. Un insecto para llegar a ser adulto debe seguir un proceso de descomposición mediante el cambio de estadios de su existencia. Lo que sucede es que para que haya metamorfosis debe haber muerte del estadio anterior.
La metamorfosis, también, era un rito emperador, sin serlo, se le reconocía, tras el ascenso a su trono, un cambio de figura humana a divina. Dicho cambio de figura era para legitimar su dominio imperial.
Jesús se vale del elemento para dejar claro que, para llegar a la resurrección, necesariamente hay que pasar por la muerte. Jesús subvierte el significado imperial y el mitológico y le concede el sentido pleno, que para cambiar de figura hay que pasar por la obediencia radical a Dios. Los lectores deben comprenderlo.
“Y sus vestidos se volvieron deslumbrantes”. Marcos no dice de la transfiguración del rostro de Jesús, a diferencia de Lc 9, 29, sino de sus vestidos que se vuelven blancos, más cercano al libro del Apocalipsis (3, 18 y 19, 14). Asumiendo la tradición del Antiguo Testamento (Is 6,1), donde se dice que el profeta vio a Dios, pero solo se fija en la gloria de su manto. Al igual que el joven de Mc 16, 5, quien tendrá el vestido blanco.
La conversación entre Elías y Moisés con Jesús (v. 4). Moisés, representante de la Torá, y Elías, de los profetas de Israel. El texto no dice de qué ellos conversaban, pero evidencia que Jesús no es Moisés, ni Elías, sino que es alguien distinto. Es ¡el Hijo de Dios! (v.7), que cumple y culmina la función que Elías y Moisés han realizado, de modo que conversó con ellos.
El texto, en su origen, fue una experiencia de resurrección, puesto que tiene todos los elementos: brilla sobre Jesús la gloria de Dios en la montaña de su pascua, en la que culmina todo el camino de Israel (Tabor). Sin embargo, Marcos sabía que esa transfiguración pascual solo tiene sentido al insertarse en el camino de la entrega de la vida; por ello, ha situado esta escena en el momento clave del evangelio, cuando Jesús ha decidido tomar un camino de entrega a favor de los demás, poniéndose en manos del Dios de la Vida, su Padre.
La reacción de Pedro expresa el idilio ante lo vivido (vv. 5-6). Este es un momento clave del texto y del evangelio. El discípulo de Jesús está en la “montaña de la ambigüedad”. Por un lado, la grandeza de Jesús, la gloria de Dios brilla en él; y, por otro, el riesgo de Pedro (Roca) y de sus hermanos (gloriosos y egoístas), que quieren controlar la gloria de la pascua, sin pasar de verdad por la cruz, y sin abrirse a los sufrientes del mundo. Ellos son capaces de entender la gloria del monte como experiencia pascual, pero de pascua sin muerte, sin compromiso con los sufrientes (Mc 8, 31).
Ellos representan una experiencia inadecuada de la resurrección. El texto dice que ellos no “sabían qué responder”. El verbo “saber” tiene, en este contexto, el significado de no querer entender lo visto en Jesús. Por ello, Pedro propone hacer tres chozas, como aislándose allí para siempre, en las tiendas de la celebración judía. No quieren bajar.
Estas escenas preparan el punto álgido del texto. Este es la presentación de la identidad de Jesús por parte de la voz que sale de la nube, al igual que en el bautismo (Mc 1, 11): “Este es mi hijo, escúchenlo” (vv.7-8). La voz está diciendo a los tres discípulos que deben acoger la palabra de Jesús y escucharlo, pues todavía no lo habían hecho. Ellos eran seguidores del mesianismo glorioso, sin haber recorrido el camino de la obediencia. La voz invitó a retomar el camino de Jesús desde el principio del evangelio. El deseo de gloria es simplemente un sueño: La voz (del Padre) sacudió a los tres, les despertó y les invitó a escuchar a Jesús y seguirlo en el camino concreto de muerte por el Reino.
Los vv. 9-10 son el final del relato. Jesús hizo bajar a sus discípulos del monte del sueño de la gloria y les ordenó callar, como a los demonios; pero ellos no entendieron qué quería decir eso de “resucitar de entre los muertos” (v. 10). Y, en lugar de escuchar a Jesús y transfigurarse, se dedicaron a discutir por el camino. La advertencia está hecha para hoy.

