Tercer Domingo del Tiempo de Cuaresma Jn 2, 13-25

Pbro. Manuel Acosta

El texto está ambientado en Jerusalén en días cercanos a la fiesta de la Pascua (v. 13). Este relato representa el segundo signo de Jesús en el evangelio de Juan . La intención de estos signos es desvelar la identidad de Jesús, despertar y acrecentar la fe de sus lectores-discípulos en él (2, 11. 24). Este relato puede estructurarse así: a) Introducción (v.13); b) Jesús realizó el signo profético e interpretación de la comunidad del texto (vv. 14-17); c) diálogo entre los “judíos” y Jesús (vv. 18-22); y, d) conclusión (vv. 23-25).

La introducción (v.13) establece el marco del relato. La cercanía de la fiesta de la Pascua provocó la subida de Jesús a Jerusalén . Dicho marco es importante desde el punto de vista hermenéutico: al enlazar la actividad de Jesús con la fiesta, el texto aborda, dicho marco, en sentido cristológico. En esta primera Pascua, tanto la fiesta como Jerusalén y el Templo proporcionan la metáfora que permite interpretar la persona de Jesús.

El gesto profético (vv.14-15) se sitúa en el atrio del Templo y bajo los pórticos. Los peregrinos no podían traer animales, debían comprarlos en Jerusalén, tampoco podían pagar con moneda extranjera, debía ser con moneda local. El v. 15 da cuenta de la acción profética: aunque las armas estaban prohibidas en el Templo, Jesús echó del atrio a las ovejas y bueyes, tiró las mesas y ordenó que quitaran las jaulas de los pájaros. A continuación, el texto, explicó el sentido de su acción (v.16). La primera interpretación la proporcionó Marcos (11, 17). La sentencia sinóptica, basándose en Isaías, recordó la función originaria del Templo y denunció su instrumentalización mercantilista.

El Jesús joánico, no argumentó con ayuda de la Escritura, sino que habló en nombre propio. Su advertencia profética está estructurada mediante la oposición entre “casa de mi padre” y “casa de mercado”, y constituye una crítica de la práctica al uso: la adoración del Padre se convertía en un pretexto para hacer negocios lucrativos. Esta declaración es la condena de una perversión religiosa, pero ante todo revela a una persona, el Jesús joánico, que da testimonio del Padre.

El v. 17 confirma esta interpretación. Este papel es atribuido a sus discípulos (vv. 17.22). La fe de los lectores (discípulos) se expresa y se pronuncia de manera retrospectiva acerca de lo que hizo Jesús. Esta memoria (èmnésthesan) se formula con la ayuda del salmo 69, 10, el del justo sufriente, utilizado por la comunidad de Juan para interpretar el destino del Jesús sufriente. La relectura después de la muerte de Jesús de la Escritura proporciona el trasfondo interpretativo que permite leer este gesto profético. Dos elementos de la interpretación a atender. Uno, el signo profético en el Templo revela la identidad de Jesús; más exacto, su celo ilimitado (zêlos) por la casa del Padre (toù oîkou sou). Y otro, este compromiso apasionado por la causa de Dios va a devorarlo (katafágetai), es decir, va a llevarlo a la muerte.
El diálogo (vv. 18-22) se origina en la pregunta de los judíos sobre la legitimidad de la acción de Jesús. El poder establecido, los “judíos”, reclaman un signo (seméion), para ellos un milagro extraordinario, que explique el comportamiento de Jesús (v.18). Tal petición es incredulidad, puesto que Jesús acaba de hacer el signo profético y él, celoso de su Padre, no se plegará a los caprichos de sus oponentes. La respuesta de Jesús es el anuncio de otro signo, sobre la destrucción del Templo y su reconstrucción, atestiguada en la tradición sinóptica (Mc 14, 58; 15, 29).

Jesús empleó esta declaración, pero le hace un doble cambio. Por un lado, se pone en su boca, y ya no en la de los adversarios que han ido a acusarlo (Mc 14, 57-58) o a burlarse de él (Mc 15, 29a). Y por otro, ya no es a Jesús a quien se designa como el destructor del Templo, sino a sus adversarios (destruyan). La llamada a los adversarios a tirar “este Templo” (v.19), en un futuro es una alusión velada a la cruz. La segunda parte de la declaración del v.19, “y en tres días lo levantaré (egerô)”, recurre a un futuro profético, que anuncia la irrupción de la salvación gracias a un gesto de Jesús. La expresión “en tres días” (èn trisìn hemérais) es una señal interpretativa que remite a la glorificación por parte de Dios a Jesús, preparando así la interpretación desarrollada en el v.22 .

El anuncio del signo del Templo provocó malentendido entre sus destinatarios, también los lectores (v.20). Tal incomprensión derivó del hecho que las autoridades templarias no interpretaron lo revelador de esta declaración, puesto que estaban pensando en el templo herodiano, no en Jesús . Ello abrió camino a una precisión y profundización (v.21) por parte de la comunidad joánica, que no está dirigida a los oponentes sino como un comentario explícito. La noción de “templo/santuario” (naòs) es el lugar donde Dios está presente y se deja encontrar. El genitivo “de su cuerpo” (tou sómatos autoû) subvierte el concepto tradicional de Templo: desde este momento Juan ha dejado claro que el lugar donde Dios puede ser encontrado es en el ser humano Jesús (sarx).

La memoria de los discípulos (v.22) profundiza la interpretación. Primero, si el Templo y el cuerpo de Jesús son la misma realidad, entonces la destrucción y la reconstrucción del Templo hay que ponerlas en relación con la muerte y resurrección de Jesús. Segundo, si ello es así, la muerte y la resurrección significan tanto el juicio del mundo como la manifestación de la salvación. Tercero, la actualización (memoria) de la muerte y resurrección de Jesús es el horizonte interpretativo de los creyentes. Cuarto, la interpretación de la sentencia sobre la base de la Escritura, indica que la labor de Jesús y sus seguidores es encarnar la Palabra de Dios. Y, por último, creer es actualizar la vida, muerte y resurrección de Jesús

La conclusión (vv. 23-25) representa un sumario de lo sucedido en el Templo y es obertura del encuentro con Nicodemo (Jn 3). Esta contrasta el conocimiento que los seres humanos tienen de Jesús con el que Jesús tienen de ellos. El Jesús joánico goza de un conocimiento exacto del ser humano, que desentraña el misterio de su interior, ¿pretensión divina? El texto presenta el punto de partida de la secuencia siguiente: en Jerusalén, para la fiesta de Pascua, muchos (polloí) peregrinos creyeron en Jesús. Su fe se basó en los milagros que han visto; es decir, lo que había suscitado su fe no es la revelación de Jesús. De ello se encargará el dialogo de Jesús con Nicodemo.

Entradas relacionadas